De básculas malditas

17 marzo, 2011

Mira que normalmente ya estoy medio idiota con el tema del peso y la ropa todo el año, y ahora me encuentro con que me caso, y como me caso quiero adelgazar, porque parece que viene dentro del pack de boda: alianzas, vestido y cinco kilos menos.

No es la primera ni será la última dieta que hago. Cuando tenía 16 años empezaba a estar preocupada por la imagen, así que recuerdo que yo, que no era muy lista por aquella época, le dije a  mi padre: “Me apuesto lo que quieras a que, si te acompaño a tu dietista, me va a decir que necesito régimen”. Mi padre, que sí que es listo, se apostó a que no salía de discotecas (de tarde, por supuesto) en un mes si la doctora me decía que estaba bien.

Adivinad quién estuvo un mes sin salir los viernes.

Pero yo seguía pesada con el tema, en parte porque la doctora me dijo que no me hacía falta una dieta, pero que tenía una circulación de señora de cuarenta. Ahora que voy para los 30, puedo decir que mi celulitis no ha seguido una progresión geométrica, gracias a Dios la genética lo que sea, por lo que no tengo circulación de mujer de 60. Pero de 42 o 43 sí.

Después de aquello, he hecho unas cuantas dietas más. Algunas “impuestas”, con el resultado de que en los momentos que estaba “controlada” como mucho comía una hoja de lechuga, pero después me sentaba delante del cajón de las chucherías y me metía entre pecho y espalda lo que un colegio entero a las cinco de la tarde. Y lo que disfrutaba… pero no, no es sano. Lo bueno de las dietas que estás segura de querer seguir es que te lo tomas con más calma, eres tú misma más consciente de lo bueno que es no pasarse y, sobretodo, te dan ganas de darte un abrazo y mil palmaditas en la espalda cuando ves que la báscula te dice que los esfuerzos han servido para algo.

Eso sí, hay que tener cuidado. Las dietas, si pueden ser controladas por un especialista, mejor. Con análisis de sangre si es posible, porque así ves si hay algún alimento del que has de comer más para no quedarte cojo de algo. Y todo este tipo de cosas que aconsejan hasta en la Super Pop, pero que todos nos creemos tan guays que pensamos: “Bah, pa qué ir al médico, si yo controlo”. Y claro, luego están las listas que se caen redondas al suelo porque solo han comido una fruta en toda la mañana.

Pero bien, en mi caso actual, puedo decir que estoy contenta. Naturalmente ahora me comería un buen risotto, unas patatas fritas y un pastel de chocolate, pero no lo hago -todavía- porque el esfuerzo actual me está valiendo la pena.

Eso sí, ya tengo una lista de todo lo que voy a comer cuando esto acabe… muahahaha