La novia y su admirable uso del Paint

Y todos tenían razón. Pasó todo demasiado rápido. Tanto, tanto, que al día siguiente, después de apenas tres horas de sueño, me senté en la cama y me deprimí al darme cuenta de que todo el «trabajo» del último año se había consumado ya, y aunque lo había disfrutado todo lo posible, sería algo que no se volvería a repetir.

Debo decir que sí, que me enteré de todo, y perfectamente. Al menos, de todo lo que me incumbía a mí. Más adelante me han ido contando cosas que, naturalmente, yo no viví en primera persona, y todavía me queda mucho por saber.

Todo salió bien, aunque algunas cosas casi por pura suerte. Pero bueno, empecemos con la cronología, que así es más rápido.

09.00 Abro los ojos. ¿Es que ni el día de mi boda puedo dejar de ser tempranera? Tengo unas bolsas en los ojos que ni el Carrefour, pero los nervios no me dejan dormir. Me pongo a leer.

11.00 Bajo a desayunar. Dicen que el día de la boda no comes mucho, pues yo me pongo hasta las trancas en el desayuno buffet del Hotel, el NH Amistad de Córdoba.

11.30 – 13.30 Deambulo por el hotel, sola porque ÉL ya se ha ido hace rato (sí, dormimos juntos esa noche porque él en su casa no iba a poder dormir estando su sobrino mediano), sin saber muy bien qué hacer. Baño de burbujas, coca-cola en el patio… Y llegan los peluqueros!

14.20 Alfonso, mi maquillador, me amenaza de muerte: si sigo tocándome la cara, me tira por la ventana

16.20 Llaman de recepción, ha llegado el del vídeo y yo en ropa interior. Mi madre acabándose de maquillar.

16.40 ¿Dónde coño están las malditas medias?

16.50 Las medias están en su sitio. Llega el fotógrafo

17.10 Llegan mis hermanos, cuñadas y sobrinos. Más vídeos, más fotos, a las 17.55 tenemos que salir, la boda es a las 18.00

17.45 Mi sobrino mayor (5 años) avisa: se acaba de tragar una moneda. Mi hermano y mi cuñada se lo llevan corriendo al hospital porque creen que se ha tragado una moneda de euro. Respiro hondo.

17.50 mi madre me llama histérica: No encuentra las arras, que estaban encima de la mesa. Respiro hondo. ¿tenemos 13 monedas? ¿Sí? Pues ya serán antiguas cuando se casen mis nietos.

18.05 aproximadamente

Estoy sudando, estamos a más de 30ºC en Córdoba, el coche que me ha venido a buscar es muy bonito, pero mi sobrefalda es tan grande que casi no quepo. Mi padre y mi madre van conmigo en el coche.  Llegamos a la mezquita, llena de turistas. Solo hago que oir «guapa» y «viva la novia», cosa que me empieza a poner nerviosa. Mi padre, que me conoce, me da un Kleenex, que no soltaré en toda la ceremonia, por si acaso.

Cuando entro en la mezquita y me dirijo al sagrario, donde me espera ÉL, viene corriendo mi ahijado con los anillos para andar delante de mí. Tenerlo ahí delante nos hace a mi padre y a mí estar más tranquilos, porque vamos hablando con el niño y sobre la cantidad de turistas que nos están haciendo fotos, llamándonos guapos y sonriéndonos. Cuando por fin entro en el sagrario lo único que veo son caras vueltas hacia mí, todo el mundo de pie… Y hasta que no llego al altar no reparo en la presencia de ÉL… Al hacerlo me emociono que no veas… Y empieza la ceremonia.

El resto ya os podéis imaginar. Hablando con mucha gente, intentando comer, intentando beber… tener que desabrocharme el vestido 3 veces porque sino no me cabía ni un canapé. Después abrir el vals (bailando muy mal por mi parte, por cierto),y mi padre sin aparecer, hasta que suena un pasodoble (la única concesión a la gente más mayor) y por fin puedo bailarlo con él.

Cuando acaba, suena «Don’t Stop me now», canción elegida por mí, como símbolo de que, a partir de ese momento, voy a empezar a pasármelo realmente bien…

Y el resto ya es historia. Y fiesta, mucha fiesta.

Pd. mi sobrino sí, se tragó una moneda… pero en medio de la ceremonia me pareció oir su vocecilla y al girarme ahí lo vi, correteando por el pasillo del sagrario… la moneda llegó sin problemas al estómago, y hay una radiografía que lo demuestra. Eso sí, después de una semana no la ha sacado. Qué de historias te dan los niños.

De siete días

8 abril, 2011

Y la gente me pregunta si tengo ganas de que llegue el día. Sí,  tengo ganas de ver cómo los esfuerzos económicos (ouch!) dan frutos, de ponerme mi increíble y bonito vestido de Jordi Dalmau que me queda tan bien y, en definitiva, de celebrar que quiero pasar toda mi vida con ÉL con toda la gente que quiero y que se supone me quiere, también.

Por otro lado, tantos esfuerzos económicos, tantas pruebas de vestido, tantas idas y venidas para que al final todo pase tan rápido y que sean ciertas esas palabras que, no sé si para animarme o hundirme, me dicen todas las mujeres casadas: «Pero tú tranquila nena, ¡que no te vas a enterar de nada!»

Pero, ¡yo sí que me quiero enterar! Bueno, enterarme de todo no. Por ejemplo, ese paseíllo que llena mis pesadillas que van desde la entrada de la mezquita hasta ponerme al lado de ÉL, con todas las miradas clavadas en mí, expectantes, algunas llorosas, otras criticonas… Sí, definitivamente de eso prefiero no enterarme, porque yo no nací para ser el centro de atención. Es más, si no llevara unos tacones de vértigo (que ahora he caído que, con los tacones, posiblemente supere a mi padre en altura) me tomaría un chupito entonador, pero temo acabar haciendo la entrada coja, de rodillas o directamente a cuatro patas.

El siguiente mal trago está cuando entremos al restaurante y esas cosas. Eso todavía lo tenemos que hablar, porque me parece muy hortera que esté todo el mundo sentado y que te vean llegar a ti, pasando por entre una ristra de camareros a ambos lados para que quede más… Bueno, no sé cómo queda, solo sé que queda hortera. Porque, quiero decir, si fuera una boda temática y los camareros fueran de Jedi con sables láser, pues bueno. Te ríes. Pero de otra manera lo encuentro hortera y viejuno.

Off-topic: No sé yo si es buena idea seguir escribiendo aquí, porque me doy cuenta de las cosas que me quedan por hablar/hacer…

Después está el momento de entregar el ramo o novios o lo que sea. De verdad que cuando la novia es graciosa, extrovertida, «echá p’alante» queda mono… Yo no cumplo ninguna de esas tres condiciones. ¿Contrato una doble?

En fin, si bien es cierto que estas cosas me cortan pero algunas de ellas sí que las tendré que hacer y, por lo tanto, intentar no enterarme de que las hago, hay muchas otras que quiero vivir y que no quiero olvidar mientras viva. La cara de mi abuela, que lleva toda la vida temiendo (y diciéndome que) no llegar a «eventos importantes» míos, por ser su única nieta, pero la más pequeña. Contar la cantidad de kleenex que tendrán que sacar mis amigas de toda la vida, porque estoy segura de que, les guste o no mi vestido, se pondrán a llorar como quinceañeras delante de Justin Bieber. O mejor, mi padre que es un «macho man» y que piensa que eso de emocionarse no es de hombres, pero que tendrá un nudo en la garganta y por una vez ¡se quedará callado!

Aunque de lo que más ganas tengo es de llegar a la Mezquita y ver la cara que pone él al verme. Anda que, como no le guste mi vestido… xD

Y ahora, después de este repaso de las cosas que voy a hacer y vivir… voy a respirar un rato dentro de una bolsa de papel.

De básculas malditas

17 marzo, 2011

Mira que normalmente ya estoy medio idiota con el tema del peso y la ropa todo el año, y ahora me encuentro con que me caso, y como me caso quiero adelgazar, porque parece que viene dentro del pack de boda: alianzas, vestido y cinco kilos menos.

No es la primera ni será la última dieta que hago. Cuando tenía 16 años empezaba a estar preocupada por la imagen, así que recuerdo que yo, que no era muy lista por aquella época, le dije a  mi padre: «Me apuesto lo que quieras a que, si te acompaño a tu dietista, me va a decir que necesito régimen». Mi padre, que sí que es listo, se apostó a que no salía de discotecas (de tarde, por supuesto) en un mes si la doctora me decía que estaba bien.

Adivinad quién estuvo un mes sin salir los viernes.

Pero yo seguía pesada con el tema, en parte porque la doctora me dijo que no me hacía falta una dieta, pero que tenía una circulación de señora de cuarenta. Ahora que voy para los 30, puedo decir que mi celulitis no ha seguido una progresión geométrica, gracias a Dios la genética lo que sea, por lo que no tengo circulación de mujer de 60. Pero de 42 o 43 sí.

Después de aquello, he hecho unas cuantas dietas más. Algunas «impuestas», con el resultado de que en los momentos que estaba «controlada» como mucho comía una hoja de lechuga, pero después me sentaba delante del cajón de las chucherías y me metía entre pecho y espalda lo que un colegio entero a las cinco de la tarde. Y lo que disfrutaba… pero no, no es sano. Lo bueno de las dietas que estás segura de querer seguir es que te lo tomas con más calma, eres tú misma más consciente de lo bueno que es no pasarse y, sobretodo, te dan ganas de darte un abrazo y mil palmaditas en la espalda cuando ves que la báscula te dice que los esfuerzos han servido para algo.

Eso sí, hay que tener cuidado. Las dietas, si pueden ser controladas por un especialista, mejor. Con análisis de sangre si es posible, porque así ves si hay algún alimento del que has de comer más para no quedarte cojo de algo. Y todo este tipo de cosas que aconsejan hasta en la Super Pop, pero que todos nos creemos tan guays que pensamos: «Bah, pa qué ir al médico, si yo controlo». Y claro, luego están las listas que se caen redondas al suelo porque solo han comido una fruta en toda la mañana.

Pero bien, en mi caso actual, puedo decir que estoy contenta. Naturalmente ahora me comería un buen risotto, unas patatas fritas y un pastel de chocolate, pero no lo hago -todavía- porque el esfuerzo actual me está valiendo la pena.

Eso sí, ya tengo una lista de todo lo que voy a comer cuando esto acabe… muahahaha

De nervios y sorpresas

9 marzo, 2011

Pues al final me voy a creer eso que dice la gente de que se te cierra el estómago cuando te pones tensa. La verdad es que solo me había ocurrido una vez en mi vida, justo antes de recibir las notas de la Selectividad. Recuerdo que fui a comer al lado de mi colegio con mis padres, me pedí algo de verdura (siempre a dieta, qué triste) y me dejé todo el plato. No podía comer nada.

A día de hoy esos nervios que te dejan sin comer solo los tengo en ocasiones contadas, básicamente cuando la gente, con ánimo de ¿compartir algo de mi vida? me recuerda cosas como que ya no me queda nada, que seguro que me quedan pocas cosas (sí, cabrones, me quedan aun cosas por organizar… argg!) y demás.

Y este fin de semana ÉL y yo hemos recibido un regalo de boda muy especial. En principio era una despedida, pero al final ha ido tomando forma en un fin de semana con amigos en Tierra Indómita, un parque natural donde hemos hecho Paintball, Karts, Canoa y tiro al arco, además de comer y beber como animales, reírnos como hienas y conocer a gente estupenda.

Tanto M (quien organizó el fin de semana) como yo estamos de acuerdo en que, una de las cosas que han hecho más especial este fin de semana, ha sido el trato excepcional que hemos recibido. Nos han hecho sentir como en casa, facilitándonos todo lo que pedíamos, desde hielo por la noche para poder tomar unas copas hasta buscarme desesperadamente un foulard que perdí -y que no encontré, a saber lo que haría con él.

Todos, desde el primero al último, fueron encantadores con nosotros. Y por eso, así, sin ningún tipo de vergüenza, voy a hacer una publicidad descarada. Primero, porque Ana y su pareja (cuyo nombre no recuerdo porque soy un desastre, eso lo sabe M) son encantadores, y os facilitarán cualquier cosa que necesitéis. Segundo, por Susana Girón, que no solo nos llevó a hacer un poquito de canoa y a enseñarnos a tirar flechas, sino que nos regaló un libro de fotografía precioso que voy a guardar para siempre, además de seguirle la pista, puesto que es una fotógrafa de documental que ha vivido cosas muy interesantes y que no tuvo ningún reparo en contárnoslas mientras nuestros chicos se disputaban a lo Guillermo Tell quién pagaba la próxima cena*.

Total, que nos lo hemos pasado estupendamente. Hemos descargado tensiones, nos hemos reído un montón y nos lo hemos pasado genial en Tierra Indómita. Para cualquiera que esté en las inmediaciones de Sevilla, que no lo dude. Se lo pasará estupendamente.

*Ganó ÉL al tiro al arco, así que M y N nos deben una cena donde ellos elijan, que no somos malos y no escogeremos Can Roca :p