De nervios y sorpresas

9 marzo, 2011

Pues al final me voy a creer eso que dice la gente de que se te cierra el estómago cuando te pones tensa. La verdad es que solo me había ocurrido una vez en mi vida, justo antes de recibir las notas de la Selectividad. Recuerdo que fui a comer al lado de mi colegio con mis padres, me pedí algo de verdura (siempre a dieta, qué triste) y me dejé todo el plato. No podía comer nada.

A día de hoy esos nervios que te dejan sin comer solo los tengo en ocasiones contadas, básicamente cuando la gente, con ánimo de ¿compartir algo de mi vida? me recuerda cosas como que ya no me queda nada, que seguro que me quedan pocas cosas (sí, cabrones, me quedan aun cosas por organizar… argg!) y demás.

Y este fin de semana ÉL y yo hemos recibido un regalo de boda muy especial. En principio era una despedida, pero al final ha ido tomando forma en un fin de semana con amigos en Tierra Indómita, un parque natural donde hemos hecho Paintball, Karts, Canoa y tiro al arco, además de comer y beber como animales, reírnos como hienas y conocer a gente estupenda.

Tanto M (quien organizó el fin de semana) como yo estamos de acuerdo en que, una de las cosas que han hecho más especial este fin de semana, ha sido el trato excepcional que hemos recibido. Nos han hecho sentir como en casa, facilitándonos todo lo que pedíamos, desde hielo por la noche para poder tomar unas copas hasta buscarme desesperadamente un foulard que perdí -y que no encontré, a saber lo que haría con él.

Todos, desde el primero al último, fueron encantadores con nosotros. Y por eso, así, sin ningún tipo de vergüenza, voy a hacer una publicidad descarada. Primero, porque Ana y su pareja (cuyo nombre no recuerdo porque soy un desastre, eso lo sabe M) son encantadores, y os facilitarán cualquier cosa que necesitéis. Segundo, por Susana Girón, que no solo nos llevó a hacer un poquito de canoa y a enseñarnos a tirar flechas, sino que nos regaló un libro de fotografía precioso que voy a guardar para siempre, además de seguirle la pista, puesto que es una fotógrafa de documental que ha vivido cosas muy interesantes y que no tuvo ningún reparo en contárnoslas mientras nuestros chicos se disputaban a lo Guillermo Tell quién pagaba la próxima cena*.

Total, que nos lo hemos pasado estupendamente. Hemos descargado tensiones, nos hemos reído un montón y nos lo hemos pasado genial en Tierra Indómita. Para cualquiera que esté en las inmediaciones de Sevilla, que no lo dude. Se lo pasará estupendamente.

*Ganó ÉL al tiro al arco, así que M y N nos deben una cena donde ellos elijan, que no somos malos y no escogeremos Can Roca :p

De problemas y sotanas

17 febrero, 2011

Se me tendría que caer la cara de vergüenza por el tiempo que llevo sin poner ni un post, pero cuando os empiece a explicar no me entenderéis, pero sí que me compadeceréis. Al menos un poquito.

Como ya sabéis, o quizá no, me caso el 16 de Abril. Eso significa que faltan dos meses para la boda. Durante todo este tiempo que ha pasado me he dedicado a mirar el vestido, acabar de cerrar los menús, elegir el coche que me va a llevar hasta la Mezquita y, sobretodo, a pelearme con la iglesia.

El que, en su día, el cura me hubiera dado fecha para un día que no me podía casar, ya era una señal de todo lo que me iba a pasar después. Y yo, ilusa de mí, pensando que todo iba a salir a la primera. ¡JA!

Empecemos desde el principio. Para casarte por la iglesia, necesitas tu partida de bautismo y el libro de familia. A finales de Octubre, fui rauda y veloz a la parroquia de donde me bautizaron a buscar mi partida de bautismo. No la tenían. Parecía que me habían bautizado en una iglesia que antes formaba parte de otra parroquia, así que pregunté en esa parroquia anterior, y tampoco. Y en la iglesia donde me bautizaron no tenían constancia. Preguntas como “¿Cómo se llamaba el cura que te bautizó?” eran las únicas que podían dar alguna respuesta de por qué mi partida de bautismo había desaparecido.

Después de un mes de dar vueltas y preguntar en otras iglesias, me remitieron al Arzobispado de Barcelona, donde quizá podían tener mi partida de bautismo en el archivo. Después de tres llamadas durante dos o tres semanas, me comunican que no, que no figuro… que parece que en la iglesia no figuraba como que estuviera bautizada. Ya me pongo nerviosa, pensando que me tendría que bautizar otra vez (¡!) cuando me dicen que yendo al arzobispado de Barcelona con alguien que haya estado en mi bautizo se puede solucionar, haciendo una declaración jurada que me procuraría un papel para que en la parroquia en la cual ahora pertenece la iglesia donde me bautizaron me inscribieran en sus tomos como bautizada.

Mi padre se ofrece a ser mi “declarante jurado” y consigo el papel. El siguiente paso es ir a la parroquia de mi iglesia. Cuando llegó ahí, la señora que está ahí para ayudar al rector y atender a la gente, me dice que no, que ellos no me lo pueden hacer porque cuando me bautizaron la iglesia donde lo hicieron no era de su parroquia.

Ahí ya me cabreo, y se nota que me cambia la voz y la cara cuando les digo que si en el arzobispado han enviado una carta directamente a su rector, entendía que lo que dijera el arzobispado iba por encima de lo que ella pensara. Al contestarle así, se levantó y me dijo que iba a hablarlo con el rector. Al cabo de un rato volvió diciéndome: “No te lo tendríamos que hacer, pero como la carta va dirigida a nuestro rector te lo haremos”. Pues claro que lo tenéis que hacer, coño. Total, un par de días más y tenía por fin en mi mano el papelucho.

Una vez hecho esto, me dirijo de nuevo con todos los papeles listos a mi parroquia: los míos tal cual y los de ÉL legalizados, puesto que, como el expediente se hace en BCN, necesitan asegurarse que los papeles de él son legales. Cuando llego, le explico al cura que necesito que me haga ya el expediente porque lo tengo que llevar a legalizar y de ahí, llevarlo a Córdoba. En ese momento, me dice que es demasiado pronto para hacer el expediente y me dice, en contra de lo que me había dicho hacia dos meses (la primera vez que fui para saber qué era lo que necesitaba), que yo también tengo que legalizar mi partida de bautismo. Le intento explicar que no es necesario, puesto que el expediente me lo hace él, pero no me escucha y me echa diciéndome eso, que lo vaya a legalizar que sino no me lo hace. ¿Eso qué significa? Eso significa volver a perder una mañana porque me tengo que ir otra vez a Barcelona a hacer una cosa que realmente no es necesaria que haga, solo porque al señor le ha apetecido que lo haga así.

Como ya os podéis imaginar, aquí ya estaba cabreadísima. ¿Cómo podía ser que me estuvieran poniendo pegas para todo? Desde que había empezado a buscar mi partida de bautismo hasta ese momento habían pasado ya dos meses, y no hay que olvidar que todos los papeles se tienen que ir a Córdoba al menos un mes y medio antes de la boda, esto es, de aquí a dos semanas como máximo. Y cada vez que me movía para solucionar algo me mandaban a dar mil vueltas a todos lados. Así que sí, estaba cabreada por perder más horas de trabajo, porque no me facilitaban nada y sobretodo porque, lo primero que había oído de boca de todas las personas que, hasta la fecha, podían ayudarme a solucionar este tema, había sido “No”.

Pero me relajé, dejé pasar unos días (inevitablemente, porque era fin de semana) y volví a la carga. Me fui a perder el tiempo al arzobispado y me legalizaron mi partida. Fui con mis padres a  mi parroquia para que, si yo no podía, que ellos metieran presión por mí… pero esta vez no hizo falta. Me rellenaron los papeles, es decir, el expediente, con una facilidad pasmosa… Básicamente porque no estaba el cura que no me escuchaba y no quería trabajar, sino otro. Pero fue tan fácil, tan a la primera, que no me lo podía creer.

El siguiente paso ha sido ir a hablar con Manel, el Rector de Maria Magdalena de Viladecans, un hombre magnifico, periodista además de cura, que ha tenido una vida interesantísima y lo único que ha hecho ha sido facilitarme las cosas (aquí podéis ver su blog),  donde hemos hecho el curso pre-matrimonial y ha sido muy interesante. Pero él vio que el expediente que me habían preparado en mi parroquia estaba incompleto.  Claro, así de fácil, así tan a la primera… que si el del curso pre-matrimonial no se hubiera dado cuenta, hubiera llevado estos papeles a legalizar y me hubiera tenido que dar media vuelta por incompletos. vaya, hubiera sido otro viaje más en balde.

El lunes me acerqué por fin a que me rellenaran bien el expediente, y hoy tengo que ir de nuevo al arzobispado, pero esta vez al de Sant Feliu de Llobregat, para que me legalicen todo el expediente y pueda llevarlo a Córdoba para poder casarme. Como veis, empecé los trámites el 29 de Octubre, y estamos a 17 de Febrero. He necesitado dos meses y medio para hacer algo que mi suegra hizo en Córdoba en una semana.

Si os digo la verdad, ahora, en el arzobispado, no las tengo todas conmigo. Pero bueno, voy a ir con muchas ganas de que no me pongan ninguna pega, a ver si se contagian de mis ganas de que todo salga bien y no me pongan ninguna pega.

Que alguien ponga una velita por mí…

 

Actualización: Pues ya está. No sé quién ha puesto velas (y pulpo) pero todo ha ido bien a la primera. ya tengo mis papeles y ahora solo falta dárselos al cura de Córdoba. No sabéis qué alivio, después de tanto tiempo… Ains!

La primera sugerencia de posts me vino vía Twitter por DjNibe en la que me pedía consejos para todos los amantes a las cervezas y las tapas, así que me he puesto manos a la obra para solucionar este pequeño inconveniente de tener cerca siempre un bar donde hagan unas bravas estupendas… mmmmm!

No creáis, el inestetismo de la barriga es algo muy recurrente, ya que todos en mayor o menor grado siempre nos vamos a ver un poco de barriga (sobretodo cuando miramos desde arriba), por lo que nunca está de más algún que otro consejo para disimularla.

Concepto básico: no focalizar la atención

Este consejo va a servir tanto para para este inestetismo en cuestión como para todos los demás. Llevar cosas que llamen la atención en algún lugar siempre hará que todas las personas con las que nos crucemos lo vean también. Como ejemplo práctico para este caso, pongamos  que llevamos una camiseta totalmente lisa excepto por un estampado de colorines y con formas redondas justo sobre la barriga; esto es lo mismo que llevar unas flechas de neón sobre la barriga que le diga a la gente: “mira, mira hacia aquí…” Naturalmente, si no tenemos barriga no la verán, pero si la tenemos sí.

Una vez visto el concepto clave, vamos a hacer un pequeño resumen de los pasos que conviene seguir a la hora de vestirse/comprar ropa con este inestetismo determinado.

Paso 1. No llamar la atención sobre lo que no queremos enseñar

Procuremos siempre llevar prendas que no tengan estampados sobre la barriga o la zona a esconder, porque esto lo que hace siempre es focalizar la atención de los demás justo en esos estampados y, por lo tanto, en esas zonas.

Paso 2. Buscar las formas y líneas que nos favorecen

¿Os acordáis de eso de que las líneas marineras verticales adelgazan? Es cierto. Si nos ponemos una prenda superior que tenga líneas verticales, indirectamente les estamos diciendo a los ojos que nos observan (también los nuestros): “ey, mira qué tronco más largo y estirado!” Quizá no es cierto que lo sea, pero es la sensación que da. Por eso debemos huir de líneas como topos, redondas, etc, si queremos disimular esa tripa.

Cuando hablo de líneas verticales son tanto los estampados de líneas como por ejemplo una hilera de botones, un collar largo y fino, etc, es decir, como truco rápido, cualquier cosa de la propia prenda o incluso complemento que nos haga mirar de arriba a abajo o de abajo a arriba, pero nunca en redondas y para los lados.

También, y aunque pueda parecer algo no relacionado, debemos huir de las bolsas/bolsos que son bandolera. ¿por qué? si os fijáis, una bandolera es una línea que cruza desde el hombro hasta la cadera, justo sobre la barriga y, encima, marcándonos y haciendo que se nos pegue la ropa. Así que esto a evitar, mejor una bolsa de mano o una mochila incluso.

Bonus: romper la línea visual

Es muy importante, sobretodo cuando hay una barriga de grandes dimensiones, romper la línea visual. ¿qué quiere decir? Para que me entendáis, lo más fácil es un ejemplo práctico, que os animo a hacer en casa para que lo veáis vosotros mismos: poneos delante de un espejo y coged un buen cojín o almohada para haceros una estupenda barriga. Una vez hecho, coged una camiseta que os vaya larga y unos pantalones (o falda) con cinturón. Primero, poneos el pantalón justo por abajo, por donde acabaría la barriga, al más puro estilo barriga cervecera. Se vería enoooorme, verdad? Después, intentad subiros el pantalón lo más arriba que podáis, al más puro estilo cachuli y veréis que la barriga, en parte, se queda por debajo del pantalón, dando una sensación más bien extraña y enorme. Después, poneos el pantalón justo en medio del cojín, por donde estaría la mitad de la tripa. Lo que hemos hecho ha sido romper la línea visual de la barriga, por lo que, aunque seguimos teniendo la misma tripa, parece que sea menos.

Este truco sirve para todo: barriga, cartuchera, etc., así que quedaos con ello 😉

Paso 3. Elegir prendas y tejidos con el volumen y peso justo

Fijaos en esta foto de aquí abajo

Como podéis apreciar, la falda de este vestido es de tul. No hace falta que os diga, ya que se ve a simple vista, que esta tela tiene y aporta a la figura una cantidad de volumen increíble. El tul es uno de los máximos exponentes de estas telas voluminosas, pero no es la única. Hay gran cantidad de telas que por no pesar demasiado más que caer parece que floten alrededor de nuestra figura: esto lo único que hace es aportar volumen a la zona sobre la que está aplicada la tela. No es lo mismo, por ejemplo, ponerse una camisa de algodón que ponerse una camisa hilo fino, ya que el algodón por lo general caerá recto mientras que el hilo se hincha, se arruga… crea volumen

Paso 4. El Color y estampados

Este es el paso más sencillo de todos y el más intuitivo. Cuanto más oscuro, más estira y adelgaza, cuanto más claro y sobretodo más vivo, más volumen.

Con los estampados pasa exactamente lo mismo. Un estampado de lunares muy pequeñitos apenas aportará volumen, mientras que un estampado con lunares enormes seguro que te hace parecer más grande. Además, también se tiene que combinar el color. No es lo mismo un estampado de leopardo en tonos anaranjados que en tonos grises y negros.

Estos son los cuatro pasos más imprescindibles para elegir una prenda que nos caiga bien. Para hacer un shopping completo habría que entrar en la fisonomía de cada persona, pero bueno, para eso me tendréis que contratar! jeje

Espero que os hayan servido los consejos, y si tenéis alguna duda por favor preguntad!

Que me pongo si…

11 noviembre, 2010

Desde hace ya un par (¿o tres?) de meses soy Personal Shopper. Si bien es cierto que no lo hice para sacar ningún rédito económico, sí que me ha servido para sentirme más segura a la hora de vestirme a mí y a los que me rodean, que de vez en cuando me piden un consejillo.

Así, pensando ahora mismo en eso (este fin de semana le voy a hacer el shopping de invierno a mi chico, que para algo tiene enchufe), he considerado que quizá sería útil que vaya poniendo pequeños consejos o tips para aquellas personas que crean que vistiendo de una manera u otra podrían sacarse más partido.

Inestetismos, esa fea palabra que dice algo mucho más feo.

La primera vez que alguien me dijo que estaba plagada de inestetismos, no le crucé la cara porque no sabía exactamente lo que era. Ahora que lo sé me arrepiento de no haberlo hecho, porque un inestetismo es un “desajuste” proporcional en nuestra fisonomía: es decir, que proporcionalmente hay algo que no está bien. Poniéndome a mí como ejemplo, mi gran inestetismo es que no solo soy bajita, sino que encima tengo las piernas un poco más cortas de lo que sería lo ideal. También tengo el pecho grande, y la espalda bastante ancha. Otro ejemplo de inestetismos son unos brazos o cuellos cortos, unas caderas pronunciadas o caderas inexistentes… Cualquier cosa puede ser un inestetismo, pero eso no significa que necesariamente sea algo feo o algo que queramos ocultar. Como ejemplo claro, pongamos a Pamela Anderson: tiene el pecho enorme y, por lo tanto, no es proporcional a su cuerpo y es un inestetismo. Aun así, ¿ella lo querría corregir? Para nada, no solo no se tapa sino que lo potencia. ¿Veis lo que quiero decir?

Así que nada, he pensado en hacer una serie de “Qué me pongo”:  “Qué me pongo si… tengo las piernas cortas”, “Qué me pongo si… tengo dos tetas como dos carretas” y este tipo de cosas, que a mí me viene bien para resfrescarlo y a quien le pueda interesar, para aplicarlo en su vestuario.

Si alguien tiene alguna sugerencia sobre algún inestetismo que creáis que podáis tener y queréis disimular o sacarle provecho (¿tienes el cuello largo? ¿Un buen escote? ¡Benditos inestetismos!) no dudéis en decírmelo para empezar esta serie.

 

La gente dice…

10 noviembre, 2010

La gente dice...

La gente dice...

Ayer me reí mucho viendo un capítulo de Modern Family, cuando Cameron (marido de Mitchell y padre de Lily) se excusó para hacer algo en que “la gente decía” que lo hacía bien. Naturalmente, cuando Mitchell le preguntó qué gente era, Cam solo pudo decir: “Pues gente que tú no conoces”.

Y es que “la gente” es un ente extraño en el cual nos apoyamos cuando necesitamos darle mayor veracidad a nuestras palabras. Tiene tanta credibilidad como el gran axioma “todo el mundo sabe”. Y lo más fuerte de todo es que es verdad: utilizamos esa expresión cuando algo es vox populi, aunque no sea más que un rumor… Y para muestra un botón, si yo digo que “todo el mundo sabe lo que hace la Esteban para tener esa nariz” estoy convencida de que todos vamos a pensar en lo mismo. Claro que esto ya es otro tema. O dos.

Pero volviendo al tema del principio, es muy fácil apoyarnos en lo que “la gente dice” para hacer cualquier cosa, pero ya no porque nosotros seamos unos listos, sino porque nadie suele preguntarse quién es la gente que lo dice. Y así nos va. Ya me imagino en Salem, Massachusetts, a esa arpía celosa porque a la vecina de al lado le quedan los pasteles de manzana mejor que a ella, diciéndole por lo bajini a todo aquel que quisiera oírlo: “Porque la gente dice que MeryAnn baila desnuda bajo la luz de la luna, y todo el mundo sabe que eso solo lo hacen las brujas”. Y al día siguiente medio pueblo a la puerta de MeryAnn porque todo el mundo sabe que es una bruja, y que a las brujas hay que colgarlas. Y eso solo por ser buena cocinera.

En fin, lo que la gente dice es un arma de doble filo, así que habrá que enterarse bien de lo que todo el mundo sabe.

Como muchos sabéis (y si no lo sabéis, pues ahora lo haréis) me gusta mucho estar al día de noticias de diferente índole, desde cosas que entiendo hasta las que estoy tratando de entender, y siempre echo un ojo a los comentarios de los usuarios de a pie que, como todo hijo de vecino, tienen una opinión y le apetece darla a conocer.

Ya sea en periódicos que permiten comentarios como agregadores de noticias, es interesante ver qué es lo que comenta la gente porque es una buena manera de tomarle (de manera aficionada, con más impresión que criterio) el pulso a la sociedad. Naturalmente todo dependerá del color del periódico o portal al que entremos, pero te puedes hacer una ligera idea de lo que ronda por las cabezas de los grupos de derecha, izquierda, de arriba o de abajo.

Y como pasa en todos los grupos de diferentes colores e ideologías, hay de todo, desde las personas que realmente buscan dar su opinión y dialogar hasta aquellas que simplemente quieren sentar cátedra y que los demás les aplaudan, pasando por los que se limitan a insultar y punto. Por lo general, estos últimos (los llamados trolls) se identificaban rápido y estaban muy definidos dentro de su papel. Era el punto discordante dentro de la buena (o mala) comunicación dentro de una discusión.

Pero últimamente parece que nos estamos pasando un poco al lado oscuro. Los usuarios normales (ya sean los usuarios conciliadores como los usuarios de la verdad absoluta) siempre hemos intentado discutir con nuestro contertulio de manera educada, aunque quizá puede llegar un momento en que hablar contra una pared nos acabe sacando de nuestras casillas (porque si ya es difícil convencer a cualquier hijo de vecino, cómo vamos a conseguir convencer a alguien por Internet!). A veces, de tan educados que queríamos ser, hemos llegado a pecar por demasiado políticamente correctos, llegando a ser incluso ridículos por intentar no ofender a nadie. No es que me gustara… pero me gusta más que lo de ahora.

Ahora lo políticamente correcto no está de moda. Y lo entiendo. Como decía antes, es básicamente ridículo ir de puntillas para no ofender a nadie, cuando muchas veces la ofensa está solo en la mente del ofendido. Pero cada vez se valora y se jalea más a las personas que son agresivas en sus argumentos (y no por ello más ciertos) y que han pasado del policorreccionismo a ser auténticos maleducados. Que sí, que es muy divertido ver por la tele a un médico brillante y súper inteligente, que da lecciones siendo un borde. ¿Os imagináis realmente que todo el mundo fuera así, a lo House? ¿El panadero, la abogada o el mecánico? Pues pensaríamos que son capullos y/o gilipollas (dependiendo del ánimo con el que nos hubiéramos levantado ese día) e intentaríamos no relacionarnos más con ellos.

Entonces, ¿qué pasa que cuando vemos esos comportamientos a través de la pantalla los aplaudimos? Parece que en vez de valorar a quien intenta discutir o exponer una idea educadamente, sin perder el respeto a los demás se está perdiendo a favor de rendir pleitesía a aquel que llama tanto sibilina como abiertamente al otro gilipollas. Y si nos comportamos así y recibimos un aplauso, ¿estamos seguros de que queremos que nos aplaudan por ese comportamiento? ¿por qué? ¿Acaso nos hace sentir más listos el que alguien nos premie el comportarse sin ningún tipo de educación?

No es raro ver, en el día a día, a gente que se siente mejor intentando quedar por encima de los demás, no por méritos propios, sino usando la dialéctica (y lo que no es la dialéctica) para hundir al otro. Cuando alguien sobresale porque ha ido poniendo zancadillas y el dedo en el ojo a los demás, para mí no se lo merece. Y me alucina que haya quien aprecie ese tipo de comportamientos y, lo que es peor, quiera hacerlos suyos.

Espero que volvamos a los tiempos en que se ganaba una discusión educadamente y con buenos argumentos en vez de ver quién tiene el pito (o los ovarios, poned aquí el símbolo “de poder” de vuestra elección) más grande.

 

Llamadme ilusa

29 septiembre, 2010

Siempre he pensado que tenemos la suerte de vivir en un país donde cada uno podemos hacer más o menos lo que queramos sin temor a represalias de ningún lado. Llegada cierta edad cada uno es libre de hacer lo que le da la gana mientras no se interponga en la libertad de otras personas.

Ante el tema de la huelga, sabemos que hay muchos empleados que no la han querido secundar porque temen represalias por parte de sus jefes. No es de extrañar que haya mucha gente que no quiera “enemistarse” con la cúpula empresarial porque saber que tiene un contrato de mierda y a la mínima lo pueden echar a la calle.

En mi empresa, todos los que no tenían nada que ver personalmente con los jefes han hecho huelga. Aunque hay que ser sinceros y nos han hecho una putada (el último trimestre necesitamos todos y cada uno de los días laborables que hay y los que no hay porque tenemos mucho curro), naturalmente todos han ejercido su derecho a huelga: los que están fijos, los que a partir de este mes van a estar fijos y los que están temporales. Naturalmente no va a haber ninguna represalia porque antes que empresarios son trabajadores, y saben lo que significa hacer huelga.

Pero no solo los empleados temen a sus jefes, sino también a sus compañeros, a los que están en la misma situación que ellos, pero que han decidido que su derecho a huelga significa también tener derecho a obligar a los demás a hacerla. ya ha venido ahora un transportista “de incógnito” que dice que da miedo, que se ha encontrado hasta a piquetes “informativos”  tirando tornillos para pinchar ruedas de coche. ¿Es que no ven que así no están jodiendo ni al estado ni a los sindicatos, sino al trabajador que está en la misma o peor situación que ellos mismos?

Si digo la verdad, me emociona saber que en este país se puede ejercer un derecho básico como es el derecho a huelga y que se siga. Pero me entristece y me cabrea a partes iguales saber que hay quien aprovecha las huelgas y los piquetes para imponer sus criterios a los demás y, de paso, satisfacer sus ansias destructoras rompiendo moviliario urbano y, en definitiva, jodiendo al prójimo.

Llamadme ilusa, pero tenía la esperanza de que todo el mundo pudiera elegir libremente si quería o no hacer huelga. Es triste pero al final siempre hay represalias por todos lados.