Cada uno tiene mil maneras de hacer las maletas. Yo considero que se hacen bien si al principio del viaje has podido cerrar la maleta y si al final del viaje no te has tenido que comprar nada que no sea por puro capricho.

Partiendo de esta base, hay que pensar que cada viaje es un mundo, así que, según el destino, el estilo de la ropa puede ser muy diferente. Pero bien, si alguien necesita algún ejemplo en concreto para algún tipo de viaje, que me pregunte, sin problemas.

En esta guía no esperéis encontrar los consejos válidos y certeros, aunque típicos,  que siempre da Captain Obvious ( “no te lleves todo tu armario que no va a hacer falta” y “no te vas a cambiar de zapatos cada dos horas, así que no es necesario que te los lleves todos”), sino cosas más prácticas. Más concreto. Con números. Y fórmulas matemáticas.

Bueno, eso último es una exageración.

Empecemos

Calcular la ropa

Hay diferentes maneras de calcular la ropa que nos vamos a llevar, sobretodo dependerá de lo calurosos/frioleros que seamos. Pero es sencillo. Y como me gustan las tablas, he hecho una 😀

Hay un asterisco en vestidos porque es necesario pensar una cosa. Si llevamos vestidos matamos dos pájaros de un tiro. Eso sí, si no llevamos solo vestidos, eso afectará a las camisetas, pero no a los pantalones.

Por otro lado, tened en cuenta que, lo que hay en la tabla es el planteamiento inicial. Que veis que seguís estas instrucciones y os sobra sitio en la maleta? pues aprovechad para poner una prenda más de las cosas que es más probable que sudéis o manchéis, preferentemente partes de arriba.

Siguiendo la tabla, un ejemplo práctico: Viaje de fin de semana (viernes sábado domingo) a Barcelona en Octubre:

– 1 pantalones y/o faldas

– 2 camisetas

– 1 jerseis finos

Y diréis: “pero cómo? Si son tres días, debería de llevar más ropa!” Y sí, pero la ropa del viernes ya la lleváis puesta. Lo pantalones y el jersey fino del viernes lo podéis repetir el domingo. Que no os gusta repetir? bueno, pues poned otro jersey. Desde luego, sitio en un trolley tenéis.

A la hora de meter las cosas en la maleta:

– Poned la ropa y la ropa interior en un lado de la maleta y los accesorios, bolsos, zapatos y neceser en la otra.

– Si os lleváis un bolso que ocupa sitio por ser rígido meted dentro la ropa interior. Dentro de zapatos o zapatillas se pueden meter los calcetines.

– El pijama. Acordaos de meter el pijama.

Y lo más importante de todo:

– Fuerza de voluntad para no meter todos los “esto por si…”. Porque claro, metemos “esto por si llueve”, “esto por si me da por hacer submarinismo” y “esto por si explota un volcán.

– Toda, y cuando digo toda es toda, toda la ropa debe combinar sí o sí entre sí.

Y ya está. Lo demás es práctica. Espero que os sirva. Y sino, siempre nos queda el consuelo de que podemos comprar una maleta más grande.

 

Este mismo post estará publicado desde el 29 de Febrero de 2012 en mi otro blog. Pasaos por ahí si lo necesitáis 😉

Sueños

11 mayo, 2011

Y pensar que en esta época Tom Cruise era un sex-simbol...

Y pensar que en esta época Tom Cruise era un sex-simbol...

Toda mi vida he tenido una relación amor-odio con mis sueños. Y no me refiero a los sueños de “mamá, quiero ser artista” sino a los que tienes encima de un colchón y debajo de una manta.

Suelo recordar casi todos mis sueños. Cuando era pequeña tenía un sueño semanal, porque coincidía con una serie que daban por televisión en La 2 (en esa época en la que solo había s 2 o 3 canales) sobre vampiros. De la serie solo recuerdo que me gustaba mucho y que era en blanco y negro. Y mis sueños también eran en blanco y negro: estaban ahí todo el casting de la serie y además yo, que era la vampira benjamina que se quería congratular con el patriarca vampiro, que en la serie era estupendo y maravilloso y en mis sueños un hijo de la gran puta que no me aceptaba como vampira y siempre me acababa mordiendo… pero para matarme, claro.

Siempre tenían la misma estructura, como en una serie de televisión: se planteaba al inicio del sueño un problema o una temática, ese problema o temática se desarrollaba y al final, invariablemente, acababa el sueño con el viejo chupándome la sangre. Lo curioso es que, aunque era un sueño, yo ya sabía que al final me iban a matar, así que sueño tras sueño me esforzaba por ganarme al viejo chupasangre, pero no había manera.

Hasta que llegó el último capítulo de la serie. Lo recuero perfectamente, como si lo hubiera soñado esta misma noche. El sueño empezaba en el salón de la familia vampírica, todos con festivos sombreritos de papel y demás parafernalia, porque era mi cumpleaños. Alrededor de la mesa llena de fantas y triangulitos de bimbo con nocilla, estaba toda la familia vampírica feliz y contenta porque al cumplir años me iba a convertir en miembro de pleno derecho de la familia, me saldrían los colmillos y demás. Asustaba, porque ya sabía lo que iba a venir, soplé las velas y cerré los ojos, esperando a que mi eterno enemigo se abalanzara sobre mí, tal como hizo. Pero esta vez, me dio un abrazo y me dijo un: bienvenida.

Y así son mis sueños, y este es el primero (o, mejor dicho, la primera serie de sueños) que recuerdo. Tengo muchos más, y @AnaGazza insiste en que los escriba, así que al final me ha convencido y lo voy a hacer. Espero que no acabéis pensando que estoy como una cabra.

La novia y su admirable uso del Paint

Y todos tenían razón. Pasó todo demasiado rápido. Tanto, tanto, que al día siguiente, después de apenas tres horas de sueño, me senté en la cama y me deprimí al darme cuenta de que todo el “trabajo” del último año se había consumado ya, y aunque lo había disfrutado todo lo posible, sería algo que no se volvería a repetir.

Debo decir que sí, que me enteré de todo, y perfectamente. Al menos, de todo lo que me incumbía a mí. Más adelante me han ido contando cosas que, naturalmente, yo no viví en primera persona, y todavía me queda mucho por saber.

Todo salió bien, aunque algunas cosas casi por pura suerte. Pero bueno, empecemos con la cronología, que así es más rápido.

09.00 Abro los ojos. ¿Es que ni el día de mi boda puedo dejar de ser tempranera? Tengo unas bolsas en los ojos que ni el Carrefour, pero los nervios no me dejan dormir. Me pongo a leer.

11.00 Bajo a desayunar. Dicen que el día de la boda no comes mucho, pues yo me pongo hasta las trancas en el desayuno buffet del Hotel, el NH Amistad de Córdoba.

11.30 – 13.30 Deambulo por el hotel, sola porque ÉL ya se ha ido hace rato (sí, dormimos juntos esa noche porque él en su casa no iba a poder dormir estando su sobrino mediano), sin saber muy bien qué hacer. Baño de burbujas, coca-cola en el patio… Y llegan los peluqueros!

14.20 Alfonso, mi maquillador, me amenaza de muerte: si sigo tocándome la cara, me tira por la ventana

16.20 Llaman de recepción, ha llegado el del vídeo y yo en ropa interior. Mi madre acabándose de maquillar.

16.40 ¿Dónde coño están las malditas medias?

16.50 Las medias están en su sitio. Llega el fotógrafo

17.10 Llegan mis hermanos, cuñadas y sobrinos. Más vídeos, más fotos, a las 17.55 tenemos que salir, la boda es a las 18.00

17.45 Mi sobrino mayor (5 años) avisa: se acaba de tragar una moneda. Mi hermano y mi cuñada se lo llevan corriendo al hospital porque creen que se ha tragado una moneda de euro. Respiro hondo.

17.50 mi madre me llama histérica: No encuentra las arras, que estaban encima de la mesa. Respiro hondo. ¿tenemos 13 monedas? ¿Sí? Pues ya serán antiguas cuando se casen mis nietos.

18.05 aproximadamente

Estoy sudando, estamos a más de 30ºC en Córdoba, el coche que me ha venido a buscar es muy bonito, pero mi sobrefalda es tan grande que casi no quepo. Mi padre y mi madre van conmigo en el coche.  Llegamos a la mezquita, llena de turistas. Solo hago que oir “guapa” y “viva la novia”, cosa que me empieza a poner nerviosa. Mi padre, que me conoce, me da un Kleenex, que no soltaré en toda la ceremonia, por si acaso.

Cuando entro en la mezquita y me dirijo al sagrario, donde me espera ÉL, viene corriendo mi ahijado con los anillos para andar delante de mí. Tenerlo ahí delante nos hace a mi padre y a mí estar más tranquilos, porque vamos hablando con el niño y sobre la cantidad de turistas que nos están haciendo fotos, llamándonos guapos y sonriéndonos. Cuando por fin entro en el sagrario lo único que veo son caras vueltas hacia mí, todo el mundo de pie… Y hasta que no llego al altar no reparo en la presencia de ÉL… Al hacerlo me emociono que no veas… Y empieza la ceremonia.

El resto ya os podéis imaginar. Hablando con mucha gente, intentando comer, intentando beber… tener que desabrocharme el vestido 3 veces porque sino no me cabía ni un canapé. Después abrir el vals (bailando muy mal por mi parte, por cierto),y mi padre sin aparecer, hasta que suena un pasodoble (la única concesión a la gente más mayor) y por fin puedo bailarlo con él.

Cuando acaba, suena “Don’t Stop me now”, canción elegida por mí, como símbolo de que, a partir de ese momento, voy a empezar a pasármelo realmente bien…

Y el resto ya es historia. Y fiesta, mucha fiesta.

Pd. mi sobrino sí, se tragó una moneda… pero en medio de la ceremonia me pareció oir su vocecilla y al girarme ahí lo vi, correteando por el pasillo del sagrario… la moneda llegó sin problemas al estómago, y hay una radiografía que lo demuestra. Eso sí, después de una semana no la ha sacado. Qué de historias te dan los niños.

De siete días

8 abril, 2011

Y la gente me pregunta si tengo ganas de que llegue el día. Sí,  tengo ganas de ver cómo los esfuerzos económicos (ouch!) dan frutos, de ponerme mi increíble y bonito vestido de Jordi Dalmau que me queda tan bien y, en definitiva, de celebrar que quiero pasar toda mi vida con ÉL con toda la gente que quiero y que se supone me quiere, también.

Por otro lado, tantos esfuerzos económicos, tantas pruebas de vestido, tantas idas y venidas para que al final todo pase tan rápido y que sean ciertas esas palabras que, no sé si para animarme o hundirme, me dicen todas las mujeres casadas: “Pero tú tranquila nena, ¡que no te vas a enterar de nada!”

Pero, ¡yo sí que me quiero enterar! Bueno, enterarme de todo no. Por ejemplo, ese paseíllo que llena mis pesadillas que van desde la entrada de la mezquita hasta ponerme al lado de ÉL, con todas las miradas clavadas en mí, expectantes, algunas llorosas, otras criticonas… Sí, definitivamente de eso prefiero no enterarme, porque yo no nací para ser el centro de atención. Es más, si no llevara unos tacones de vértigo (que ahora he caído que, con los tacones, posiblemente supere a mi padre en altura) me tomaría un chupito entonador, pero temo acabar haciendo la entrada coja, de rodillas o directamente a cuatro patas.

El siguiente mal trago está cuando entremos al restaurante y esas cosas. Eso todavía lo tenemos que hablar, porque me parece muy hortera que esté todo el mundo sentado y que te vean llegar a ti, pasando por entre una ristra de camareros a ambos lados para que quede más… Bueno, no sé cómo queda, solo sé que queda hortera. Porque, quiero decir, si fuera una boda temática y los camareros fueran de Jedi con sables láser, pues bueno. Te ríes. Pero de otra manera lo encuentro hortera y viejuno.

Off-topic: No sé yo si es buena idea seguir escribiendo aquí, porque me doy cuenta de las cosas que me quedan por hablar/hacer…

Después está el momento de entregar el ramo o novios o lo que sea. De verdad que cuando la novia es graciosa, extrovertida, “echá p’alante” queda mono… Yo no cumplo ninguna de esas tres condiciones. ¿Contrato una doble?

En fin, si bien es cierto que estas cosas me cortan pero algunas de ellas sí que las tendré que hacer y, por lo tanto, intentar no enterarme de que las hago, hay muchas otras que quiero vivir y que no quiero olvidar mientras viva. La cara de mi abuela, que lleva toda la vida temiendo (y diciéndome que) no llegar a “eventos importantes” míos, por ser su única nieta, pero la más pequeña. Contar la cantidad de kleenex que tendrán que sacar mis amigas de toda la vida, porque estoy segura de que, les guste o no mi vestido, se pondrán a llorar como quinceañeras delante de Justin Bieber. O mejor, mi padre que es un “macho man” y que piensa que eso de emocionarse no es de hombres, pero que tendrá un nudo en la garganta y por una vez ¡se quedará callado!

Aunque de lo que más ganas tengo es de llegar a la Mezquita y ver la cara que pone él al verme. Anda que, como no le guste mi vestido… xD

Y ahora, después de este repaso de las cosas que voy a hacer y vivir… voy a respirar un rato dentro de una bolsa de papel.

De básculas malditas

17 marzo, 2011

Mira que normalmente ya estoy medio idiota con el tema del peso y la ropa todo el año, y ahora me encuentro con que me caso, y como me caso quiero adelgazar, porque parece que viene dentro del pack de boda: alianzas, vestido y cinco kilos menos.

No es la primera ni será la última dieta que hago. Cuando tenía 16 años empezaba a estar preocupada por la imagen, así que recuerdo que yo, que no era muy lista por aquella época, le dije a  mi padre: “Me apuesto lo que quieras a que, si te acompaño a tu dietista, me va a decir que necesito régimen”. Mi padre, que sí que es listo, se apostó a que no salía de discotecas (de tarde, por supuesto) en un mes si la doctora me decía que estaba bien.

Adivinad quién estuvo un mes sin salir los viernes.

Pero yo seguía pesada con el tema, en parte porque la doctora me dijo que no me hacía falta una dieta, pero que tenía una circulación de señora de cuarenta. Ahora que voy para los 30, puedo decir que mi celulitis no ha seguido una progresión geométrica, gracias a Dios la genética lo que sea, por lo que no tengo circulación de mujer de 60. Pero de 42 o 43 sí.

Después de aquello, he hecho unas cuantas dietas más. Algunas “impuestas”, con el resultado de que en los momentos que estaba “controlada” como mucho comía una hoja de lechuga, pero después me sentaba delante del cajón de las chucherías y me metía entre pecho y espalda lo que un colegio entero a las cinco de la tarde. Y lo que disfrutaba… pero no, no es sano. Lo bueno de las dietas que estás segura de querer seguir es que te lo tomas con más calma, eres tú misma más consciente de lo bueno que es no pasarse y, sobretodo, te dan ganas de darte un abrazo y mil palmaditas en la espalda cuando ves que la báscula te dice que los esfuerzos han servido para algo.

Eso sí, hay que tener cuidado. Las dietas, si pueden ser controladas por un especialista, mejor. Con análisis de sangre si es posible, porque así ves si hay algún alimento del que has de comer más para no quedarte cojo de algo. Y todo este tipo de cosas que aconsejan hasta en la Super Pop, pero que todos nos creemos tan guays que pensamos: “Bah, pa qué ir al médico, si yo controlo”. Y claro, luego están las listas que se caen redondas al suelo porque solo han comido una fruta en toda la mañana.

Pero bien, en mi caso actual, puedo decir que estoy contenta. Naturalmente ahora me comería un buen risotto, unas patatas fritas y un pastel de chocolate, pero no lo hago -todavía- porque el esfuerzo actual me está valiendo la pena.

Eso sí, ya tengo una lista de todo lo que voy a comer cuando esto acabe… muahahaha

De nervios y sorpresas

9 marzo, 2011

Pues al final me voy a creer eso que dice la gente de que se te cierra el estómago cuando te pones tensa. La verdad es que solo me había ocurrido una vez en mi vida, justo antes de recibir las notas de la Selectividad. Recuerdo que fui a comer al lado de mi colegio con mis padres, me pedí algo de verdura (siempre a dieta, qué triste) y me dejé todo el plato. No podía comer nada.

A día de hoy esos nervios que te dejan sin comer solo los tengo en ocasiones contadas, básicamente cuando la gente, con ánimo de ¿compartir algo de mi vida? me recuerda cosas como que ya no me queda nada, que seguro que me quedan pocas cosas (sí, cabrones, me quedan aun cosas por organizar… argg!) y demás.

Y este fin de semana ÉL y yo hemos recibido un regalo de boda muy especial. En principio era una despedida, pero al final ha ido tomando forma en un fin de semana con amigos en Tierra Indómita, un parque natural donde hemos hecho Paintball, Karts, Canoa y tiro al arco, además de comer y beber como animales, reírnos como hienas y conocer a gente estupenda.

Tanto M (quien organizó el fin de semana) como yo estamos de acuerdo en que, una de las cosas que han hecho más especial este fin de semana, ha sido el trato excepcional que hemos recibido. Nos han hecho sentir como en casa, facilitándonos todo lo que pedíamos, desde hielo por la noche para poder tomar unas copas hasta buscarme desesperadamente un foulard que perdí -y que no encontré, a saber lo que haría con él.

Todos, desde el primero al último, fueron encantadores con nosotros. Y por eso, así, sin ningún tipo de vergüenza, voy a hacer una publicidad descarada. Primero, porque Ana y su pareja (cuyo nombre no recuerdo porque soy un desastre, eso lo sabe M) son encantadores, y os facilitarán cualquier cosa que necesitéis. Segundo, por Susana Girón, que no solo nos llevó a hacer un poquito de canoa y a enseñarnos a tirar flechas, sino que nos regaló un libro de fotografía precioso que voy a guardar para siempre, además de seguirle la pista, puesto que es una fotógrafa de documental que ha vivido cosas muy interesantes y que no tuvo ningún reparo en contárnoslas mientras nuestros chicos se disputaban a lo Guillermo Tell quién pagaba la próxima cena*.

Total, que nos lo hemos pasado estupendamente. Hemos descargado tensiones, nos hemos reído un montón y nos lo hemos pasado genial en Tierra Indómita. Para cualquiera que esté en las inmediaciones de Sevilla, que no lo dude. Se lo pasará estupendamente.

*Ganó ÉL al tiro al arco, así que M y N nos deben una cena donde ellos elijan, que no somos malos y no escogeremos Can Roca :p

De problemas y sotanas

17 febrero, 2011

Se me tendría que caer la cara de vergüenza por el tiempo que llevo sin poner ni un post, pero cuando os empiece a explicar no me entenderéis, pero sí que me compadeceréis. Al menos un poquito.

Como ya sabéis, o quizá no, me caso el 16 de Abril. Eso significa que faltan dos meses para la boda. Durante todo este tiempo que ha pasado me he dedicado a mirar el vestido, acabar de cerrar los menús, elegir el coche que me va a llevar hasta la Mezquita y, sobretodo, a pelearme con la iglesia.

El que, en su día, el cura me hubiera dado fecha para un día que no me podía casar, ya era una señal de todo lo que me iba a pasar después. Y yo, ilusa de mí, pensando que todo iba a salir a la primera. ¡JA!

Empecemos desde el principio. Para casarte por la iglesia, necesitas tu partida de bautismo y el libro de familia. A finales de Octubre, fui rauda y veloz a la parroquia de donde me bautizaron a buscar mi partida de bautismo. No la tenían. Parecía que me habían bautizado en una iglesia que antes formaba parte de otra parroquia, así que pregunté en esa parroquia anterior, y tampoco. Y en la iglesia donde me bautizaron no tenían constancia. Preguntas como “¿Cómo se llamaba el cura que te bautizó?” eran las únicas que podían dar alguna respuesta de por qué mi partida de bautismo había desaparecido.

Después de un mes de dar vueltas y preguntar en otras iglesias, me remitieron al Arzobispado de Barcelona, donde quizá podían tener mi partida de bautismo en el archivo. Después de tres llamadas durante dos o tres semanas, me comunican que no, que no figuro… que parece que en la iglesia no figuraba como que estuviera bautizada. Ya me pongo nerviosa, pensando que me tendría que bautizar otra vez (¡!) cuando me dicen que yendo al arzobispado de Barcelona con alguien que haya estado en mi bautizo se puede solucionar, haciendo una declaración jurada que me procuraría un papel para que en la parroquia en la cual ahora pertenece la iglesia donde me bautizaron me inscribieran en sus tomos como bautizada.

Mi padre se ofrece a ser mi “declarante jurado” y consigo el papel. El siguiente paso es ir a la parroquia de mi iglesia. Cuando llegó ahí, la señora que está ahí para ayudar al rector y atender a la gente, me dice que no, que ellos no me lo pueden hacer porque cuando me bautizaron la iglesia donde lo hicieron no era de su parroquia.

Ahí ya me cabreo, y se nota que me cambia la voz y la cara cuando les digo que si en el arzobispado han enviado una carta directamente a su rector, entendía que lo que dijera el arzobispado iba por encima de lo que ella pensara. Al contestarle así, se levantó y me dijo que iba a hablarlo con el rector. Al cabo de un rato volvió diciéndome: “No te lo tendríamos que hacer, pero como la carta va dirigida a nuestro rector te lo haremos”. Pues claro que lo tenéis que hacer, coño. Total, un par de días más y tenía por fin en mi mano el papelucho.

Una vez hecho esto, me dirijo de nuevo con todos los papeles listos a mi parroquia: los míos tal cual y los de ÉL legalizados, puesto que, como el expediente se hace en BCN, necesitan asegurarse que los papeles de él son legales. Cuando llego, le explico al cura que necesito que me haga ya el expediente porque lo tengo que llevar a legalizar y de ahí, llevarlo a Córdoba. En ese momento, me dice que es demasiado pronto para hacer el expediente y me dice, en contra de lo que me había dicho hacia dos meses (la primera vez que fui para saber qué era lo que necesitaba), que yo también tengo que legalizar mi partida de bautismo. Le intento explicar que no es necesario, puesto que el expediente me lo hace él, pero no me escucha y me echa diciéndome eso, que lo vaya a legalizar que sino no me lo hace. ¿Eso qué significa? Eso significa volver a perder una mañana porque me tengo que ir otra vez a Barcelona a hacer una cosa que realmente no es necesaria que haga, solo porque al señor le ha apetecido que lo haga así.

Como ya os podéis imaginar, aquí ya estaba cabreadísima. ¿Cómo podía ser que me estuvieran poniendo pegas para todo? Desde que había empezado a buscar mi partida de bautismo hasta ese momento habían pasado ya dos meses, y no hay que olvidar que todos los papeles se tienen que ir a Córdoba al menos un mes y medio antes de la boda, esto es, de aquí a dos semanas como máximo. Y cada vez que me movía para solucionar algo me mandaban a dar mil vueltas a todos lados. Así que sí, estaba cabreada por perder más horas de trabajo, porque no me facilitaban nada y sobretodo porque, lo primero que había oído de boca de todas las personas que, hasta la fecha, podían ayudarme a solucionar este tema, había sido “No”.

Pero me relajé, dejé pasar unos días (inevitablemente, porque era fin de semana) y volví a la carga. Me fui a perder el tiempo al arzobispado y me legalizaron mi partida. Fui con mis padres a  mi parroquia para que, si yo no podía, que ellos metieran presión por mí… pero esta vez no hizo falta. Me rellenaron los papeles, es decir, el expediente, con una facilidad pasmosa… Básicamente porque no estaba el cura que no me escuchaba y no quería trabajar, sino otro. Pero fue tan fácil, tan a la primera, que no me lo podía creer.

El siguiente paso ha sido ir a hablar con Manel, el Rector de Maria Magdalena de Viladecans, un hombre magnifico, periodista además de cura, que ha tenido una vida interesantísima y lo único que ha hecho ha sido facilitarme las cosas (aquí podéis ver su blog),  donde hemos hecho el curso pre-matrimonial y ha sido muy interesante. Pero él vio que el expediente que me habían preparado en mi parroquia estaba incompleto.  Claro, así de fácil, así tan a la primera… que si el del curso pre-matrimonial no se hubiera dado cuenta, hubiera llevado estos papeles a legalizar y me hubiera tenido que dar media vuelta por incompletos. vaya, hubiera sido otro viaje más en balde.

El lunes me acerqué por fin a que me rellenaran bien el expediente, y hoy tengo que ir de nuevo al arzobispado, pero esta vez al de Sant Feliu de Llobregat, para que me legalicen todo el expediente y pueda llevarlo a Córdoba para poder casarme. Como veis, empecé los trámites el 29 de Octubre, y estamos a 17 de Febrero. He necesitado dos meses y medio para hacer algo que mi suegra hizo en Córdoba en una semana.

Si os digo la verdad, ahora, en el arzobispado, no las tengo todas conmigo. Pero bueno, voy a ir con muchas ganas de que no me pongan ninguna pega, a ver si se contagian de mis ganas de que todo salga bien y no me pongan ninguna pega.

Que alguien ponga una velita por mí…

 

Actualización: Pues ya está. No sé quién ha puesto velas (y pulpo) pero todo ha ido bien a la primera. ya tengo mis papeles y ahora solo falta dárselos al cura de Córdoba. No sabéis qué alivio, después de tanto tiempo… Ains!