Cerrando una etapa

16 noviembre, 2011

Como dice el título, cierro una etapa de mi vida en Internet, porque cierro este blog. Pero tranquilos, que me voy a otro! :p

Podréis encontrarme en http://www.elanillodenun.blogspot.com

Nos vemos ahí 😉

Palomas

9 noviembre, 2011

Nada más llegar dejó las maletas en la habitación en la que dormirían. Era la primera vez en mucho tiempo que se cogía unos días de vacaciones y su suegra le había dejado el apartamento que tenía desde hacía años en uno de esos pueblos blancos de Andalucía.

Le habían explicado tantas anécdotas ocurridas en ese piso que no se sentía extraña en él. De estilo nórdico, todas las paredes eran blancas a juego con los muebles y las únicas notas de color las ponían algunos cojines y alfombras, mullidas pese a ser un apartamento que se disfrutaba más en verano que en invierno.

Cogió un libro y se sentó, descalza, sobre la alfombra del comedor. Iba a esperar a que llegara su marido para deshacer las maletas y acabar de instalarse en la casa. Mientras tanto, iba a disfrutar de la desconexión voluntaria a la que había decidido someterse el fin de semana.

Un fuerte estruendo la despertó del sopor en el que había caído. Alguien estaba aporreando la puerta: golpes sordos y rápidos que la alarmaron. A través de la mirilla vislumbró el pelo rubio de su marido, despeinado y moteado de algo que parecía manteca roja.

– Joder – exclamó en cuanto ella le abrió la puerta-. ¿Dónde tienes el móvil?

– ¿Qué pasa? Está apagado, ya te dije que…

– Bueno, da igual, ahora ya he tenido que venir hasta aquí. Coge las llaves del coche que nos vamos.

– Pero, ¿qué pasa?

– Te lo cuento luego.

Salieron a la calle, ella extrañada y él tranquilo, pero rápido y en silencio.  El apartamento se encontraba en el casco antiguo del pueblo, por lo que había tenido que dejar el coche en un parking a unos 10 minutos andando.  Mientras caminaban por entre las callejuelas encaladas, ella se fijó en que las personas salían de sus casas con las maletas y todos iban más o menos en esa dirección. Y vio algo más que le sorprendió.

– Cariño – le dijo, parando en seco.

– ¿Qué? Venga, tira.

– Cielo, ese niño se está comiendo una paloma.

– Déjalo, no le hagas caso. Además, por mucho que lo intentes no dejará de hacerlo.

– Joder, qué asco.  ¿Me cuentas ya lo que pasa?

– ¿Ves a toda esta gente que se está yendo? Ha empezado la evacuación. Cuando lleguemos al coche entenderás por qué.

Dejó de preguntar. Sabía que cuando estaba concentrado en algo era inútil hablar con él, puesto que solo hacía caso a lo que tenía en la cabeza. Por suerte no hizo falta seguir esperando porque, cuando la explanada del parking se abrió ante ella, comprendió lo que pasaba: la zona estaba acordonada, rodeada por agentes que portaban trajes blancos y máscaras, que mantenían fuera de la zona de evacuación a otras personas… Que no eran personas. Gente sin piernas, brazos, medio cuerpo podrido; algunos sin ojos o directamente calaveras con algún que otro pegote de carne podrida luchando por no desprenderse del hueso. Cuando alguno de los agentes empujaba a alguno de esos seres, éstos se deshacían sin ningún esfuerzo. Parecía que para esos bichos mantenerse erguidos era más bien por su fuerza de voluntad.

Pero lo que más le sorprendió es que todo el mundo estaba tranquilo, sosegado. Parecía que les preocupaba más coger un buen sitio en el autobús que les llevaría fuera del pueblo que la marea pseudo-viviente que les acosaba por todos lados

– Pablo, ¿tú sabías esto?

– Sí, claro. Es algo que pasa a menudo aquí. Tiene que ver por la fábrica del polígono. Ha contaminado las aguas freáticas y éstas se filtran al cementerio. De vez en cuando los muertos se levantan. No hacen mucho más que comerse las palomas y los animales abandonados, pero al poco tiempo el calor los acaba deshaciendo y huele bastante mal- hizo un gesto abarcando a los hombres de blanco-. Cuando empiezan a salir, la fábrica, que forma parte de un holding internacional, saca a la calle a sus agentes para evacuar el pueblo y limpiar los restos de los muertos. Eso sí, hay que salir pronto porque ya has visto cómo son los accesos a este pueblo y podemos tardar horas sino en llegar a casa del tráfico que se monta.

– ¿La gente no se queja?

– Cómo se van a quejar, si en esa fábrica trabaja todo el pueblo…

 

Y entonces me he despertado. Esto me pasa por hablar de The Walking Dead poco antes de irme a dormir.

La novia y su admirable uso del Paint

Y todos tenían razón. Pasó todo demasiado rápido. Tanto, tanto, que al día siguiente, después de apenas tres horas de sueño, me senté en la cama y me deprimí al darme cuenta de que todo el “trabajo” del último año se había consumado ya, y aunque lo había disfrutado todo lo posible, sería algo que no se volvería a repetir.

Debo decir que sí, que me enteré de todo, y perfectamente. Al menos, de todo lo que me incumbía a mí. Más adelante me han ido contando cosas que, naturalmente, yo no viví en primera persona, y todavía me queda mucho por saber.

Todo salió bien, aunque algunas cosas casi por pura suerte. Pero bueno, empecemos con la cronología, que así es más rápido.

09.00 Abro los ojos. ¿Es que ni el día de mi boda puedo dejar de ser tempranera? Tengo unas bolsas en los ojos que ni el Carrefour, pero los nervios no me dejan dormir. Me pongo a leer.

11.00 Bajo a desayunar. Dicen que el día de la boda no comes mucho, pues yo me pongo hasta las trancas en el desayuno buffet del Hotel, el NH Amistad de Córdoba.

11.30 – 13.30 Deambulo por el hotel, sola porque ÉL ya se ha ido hace rato (sí, dormimos juntos esa noche porque él en su casa no iba a poder dormir estando su sobrino mediano), sin saber muy bien qué hacer. Baño de burbujas, coca-cola en el patio… Y llegan los peluqueros!

14.20 Alfonso, mi maquillador, me amenaza de muerte: si sigo tocándome la cara, me tira por la ventana

16.20 Llaman de recepción, ha llegado el del vídeo y yo en ropa interior. Mi madre acabándose de maquillar.

16.40 ¿Dónde coño están las malditas medias?

16.50 Las medias están en su sitio. Llega el fotógrafo

17.10 Llegan mis hermanos, cuñadas y sobrinos. Más vídeos, más fotos, a las 17.55 tenemos que salir, la boda es a las 18.00

17.45 Mi sobrino mayor (5 años) avisa: se acaba de tragar una moneda. Mi hermano y mi cuñada se lo llevan corriendo al hospital porque creen que se ha tragado una moneda de euro. Respiro hondo.

17.50 mi madre me llama histérica: No encuentra las arras, que estaban encima de la mesa. Respiro hondo. ¿tenemos 13 monedas? ¿Sí? Pues ya serán antiguas cuando se casen mis nietos.

18.05 aproximadamente

Estoy sudando, estamos a más de 30ºC en Córdoba, el coche que me ha venido a buscar es muy bonito, pero mi sobrefalda es tan grande que casi no quepo. Mi padre y mi madre van conmigo en el coche.  Llegamos a la mezquita, llena de turistas. Solo hago que oir “guapa” y “viva la novia”, cosa que me empieza a poner nerviosa. Mi padre, que me conoce, me da un Kleenex, que no soltaré en toda la ceremonia, por si acaso.

Cuando entro en la mezquita y me dirijo al sagrario, donde me espera ÉL, viene corriendo mi ahijado con los anillos para andar delante de mí. Tenerlo ahí delante nos hace a mi padre y a mí estar más tranquilos, porque vamos hablando con el niño y sobre la cantidad de turistas que nos están haciendo fotos, llamándonos guapos y sonriéndonos. Cuando por fin entro en el sagrario lo único que veo son caras vueltas hacia mí, todo el mundo de pie… Y hasta que no llego al altar no reparo en la presencia de ÉL… Al hacerlo me emociono que no veas… Y empieza la ceremonia.

El resto ya os podéis imaginar. Hablando con mucha gente, intentando comer, intentando beber… tener que desabrocharme el vestido 3 veces porque sino no me cabía ni un canapé. Después abrir el vals (bailando muy mal por mi parte, por cierto),y mi padre sin aparecer, hasta que suena un pasodoble (la única concesión a la gente más mayor) y por fin puedo bailarlo con él.

Cuando acaba, suena “Don’t Stop me now”, canción elegida por mí, como símbolo de que, a partir de ese momento, voy a empezar a pasármelo realmente bien…

Y el resto ya es historia. Y fiesta, mucha fiesta.

Pd. mi sobrino sí, se tragó una moneda… pero en medio de la ceremonia me pareció oir su vocecilla y al girarme ahí lo vi, correteando por el pasillo del sagrario… la moneda llegó sin problemas al estómago, y hay una radiografía que lo demuestra. Eso sí, después de una semana no la ha sacado. Qué de historias te dan los niños.

De siete días

8 abril, 2011

Y la gente me pregunta si tengo ganas de que llegue el día. Sí,  tengo ganas de ver cómo los esfuerzos económicos (ouch!) dan frutos, de ponerme mi increíble y bonito vestido de Jordi Dalmau que me queda tan bien y, en definitiva, de celebrar que quiero pasar toda mi vida con ÉL con toda la gente que quiero y que se supone me quiere, también.

Por otro lado, tantos esfuerzos económicos, tantas pruebas de vestido, tantas idas y venidas para que al final todo pase tan rápido y que sean ciertas esas palabras que, no sé si para animarme o hundirme, me dicen todas las mujeres casadas: “Pero tú tranquila nena, ¡que no te vas a enterar de nada!”

Pero, ¡yo sí que me quiero enterar! Bueno, enterarme de todo no. Por ejemplo, ese paseíllo que llena mis pesadillas que van desde la entrada de la mezquita hasta ponerme al lado de ÉL, con todas las miradas clavadas en mí, expectantes, algunas llorosas, otras criticonas… Sí, definitivamente de eso prefiero no enterarme, porque yo no nací para ser el centro de atención. Es más, si no llevara unos tacones de vértigo (que ahora he caído que, con los tacones, posiblemente supere a mi padre en altura) me tomaría un chupito entonador, pero temo acabar haciendo la entrada coja, de rodillas o directamente a cuatro patas.

El siguiente mal trago está cuando entremos al restaurante y esas cosas. Eso todavía lo tenemos que hablar, porque me parece muy hortera que esté todo el mundo sentado y que te vean llegar a ti, pasando por entre una ristra de camareros a ambos lados para que quede más… Bueno, no sé cómo queda, solo sé que queda hortera. Porque, quiero decir, si fuera una boda temática y los camareros fueran de Jedi con sables láser, pues bueno. Te ríes. Pero de otra manera lo encuentro hortera y viejuno.

Off-topic: No sé yo si es buena idea seguir escribiendo aquí, porque me doy cuenta de las cosas que me quedan por hablar/hacer…

Después está el momento de entregar el ramo o novios o lo que sea. De verdad que cuando la novia es graciosa, extrovertida, “echá p’alante” queda mono… Yo no cumplo ninguna de esas tres condiciones. ¿Contrato una doble?

En fin, si bien es cierto que estas cosas me cortan pero algunas de ellas sí que las tendré que hacer y, por lo tanto, intentar no enterarme de que las hago, hay muchas otras que quiero vivir y que no quiero olvidar mientras viva. La cara de mi abuela, que lleva toda la vida temiendo (y diciéndome que) no llegar a “eventos importantes” míos, por ser su única nieta, pero la más pequeña. Contar la cantidad de kleenex que tendrán que sacar mis amigas de toda la vida, porque estoy segura de que, les guste o no mi vestido, se pondrán a llorar como quinceañeras delante de Justin Bieber. O mejor, mi padre que es un “macho man” y que piensa que eso de emocionarse no es de hombres, pero que tendrá un nudo en la garganta y por una vez ¡se quedará callado!

Aunque de lo que más ganas tengo es de llegar a la Mezquita y ver la cara que pone él al verme. Anda que, como no le guste mi vestido… xD

Y ahora, después de este repaso de las cosas que voy a hacer y vivir… voy a respirar un rato dentro de una bolsa de papel.

De básculas malditas

17 marzo, 2011

Mira que normalmente ya estoy medio idiota con el tema del peso y la ropa todo el año, y ahora me encuentro con que me caso, y como me caso quiero adelgazar, porque parece que viene dentro del pack de boda: alianzas, vestido y cinco kilos menos.

No es la primera ni será la última dieta que hago. Cuando tenía 16 años empezaba a estar preocupada por la imagen, así que recuerdo que yo, que no era muy lista por aquella época, le dije a  mi padre: “Me apuesto lo que quieras a que, si te acompaño a tu dietista, me va a decir que necesito régimen”. Mi padre, que sí que es listo, se apostó a que no salía de discotecas (de tarde, por supuesto) en un mes si la doctora me decía que estaba bien.

Adivinad quién estuvo un mes sin salir los viernes.

Pero yo seguía pesada con el tema, en parte porque la doctora me dijo que no me hacía falta una dieta, pero que tenía una circulación de señora de cuarenta. Ahora que voy para los 30, puedo decir que mi celulitis no ha seguido una progresión geométrica, gracias a Dios la genética lo que sea, por lo que no tengo circulación de mujer de 60. Pero de 42 o 43 sí.

Después de aquello, he hecho unas cuantas dietas más. Algunas “impuestas”, con el resultado de que en los momentos que estaba “controlada” como mucho comía una hoja de lechuga, pero después me sentaba delante del cajón de las chucherías y me metía entre pecho y espalda lo que un colegio entero a las cinco de la tarde. Y lo que disfrutaba… pero no, no es sano. Lo bueno de las dietas que estás segura de querer seguir es que te lo tomas con más calma, eres tú misma más consciente de lo bueno que es no pasarse y, sobretodo, te dan ganas de darte un abrazo y mil palmaditas en la espalda cuando ves que la báscula te dice que los esfuerzos han servido para algo.

Eso sí, hay que tener cuidado. Las dietas, si pueden ser controladas por un especialista, mejor. Con análisis de sangre si es posible, porque así ves si hay algún alimento del que has de comer más para no quedarte cojo de algo. Y todo este tipo de cosas que aconsejan hasta en la Super Pop, pero que todos nos creemos tan guays que pensamos: “Bah, pa qué ir al médico, si yo controlo”. Y claro, luego están las listas que se caen redondas al suelo porque solo han comido una fruta en toda la mañana.

Pero bien, en mi caso actual, puedo decir que estoy contenta. Naturalmente ahora me comería un buen risotto, unas patatas fritas y un pastel de chocolate, pero no lo hago -todavía- porque el esfuerzo actual me está valiendo la pena.

Eso sí, ya tengo una lista de todo lo que voy a comer cuando esto acabe… muahahaha

De problemas y sotanas

17 febrero, 2011

Se me tendría que caer la cara de vergüenza por el tiempo que llevo sin poner ni un post, pero cuando os empiece a explicar no me entenderéis, pero sí que me compadeceréis. Al menos un poquito.

Como ya sabéis, o quizá no, me caso el 16 de Abril. Eso significa que faltan dos meses para la boda. Durante todo este tiempo que ha pasado me he dedicado a mirar el vestido, acabar de cerrar los menús, elegir el coche que me va a llevar hasta la Mezquita y, sobretodo, a pelearme con la iglesia.

El que, en su día, el cura me hubiera dado fecha para un día que no me podía casar, ya era una señal de todo lo que me iba a pasar después. Y yo, ilusa de mí, pensando que todo iba a salir a la primera. ¡JA!

Empecemos desde el principio. Para casarte por la iglesia, necesitas tu partida de bautismo y el libro de familia. A finales de Octubre, fui rauda y veloz a la parroquia de donde me bautizaron a buscar mi partida de bautismo. No la tenían. Parecía que me habían bautizado en una iglesia que antes formaba parte de otra parroquia, así que pregunté en esa parroquia anterior, y tampoco. Y en la iglesia donde me bautizaron no tenían constancia. Preguntas como “¿Cómo se llamaba el cura que te bautizó?” eran las únicas que podían dar alguna respuesta de por qué mi partida de bautismo había desaparecido.

Después de un mes de dar vueltas y preguntar en otras iglesias, me remitieron al Arzobispado de Barcelona, donde quizá podían tener mi partida de bautismo en el archivo. Después de tres llamadas durante dos o tres semanas, me comunican que no, que no figuro… que parece que en la iglesia no figuraba como que estuviera bautizada. Ya me pongo nerviosa, pensando que me tendría que bautizar otra vez (¡!) cuando me dicen que yendo al arzobispado de Barcelona con alguien que haya estado en mi bautizo se puede solucionar, haciendo una declaración jurada que me procuraría un papel para que en la parroquia en la cual ahora pertenece la iglesia donde me bautizaron me inscribieran en sus tomos como bautizada.

Mi padre se ofrece a ser mi “declarante jurado” y consigo el papel. El siguiente paso es ir a la parroquia de mi iglesia. Cuando llegó ahí, la señora que está ahí para ayudar al rector y atender a la gente, me dice que no, que ellos no me lo pueden hacer porque cuando me bautizaron la iglesia donde lo hicieron no era de su parroquia.

Ahí ya me cabreo, y se nota que me cambia la voz y la cara cuando les digo que si en el arzobispado han enviado una carta directamente a su rector, entendía que lo que dijera el arzobispado iba por encima de lo que ella pensara. Al contestarle así, se levantó y me dijo que iba a hablarlo con el rector. Al cabo de un rato volvió diciéndome: “No te lo tendríamos que hacer, pero como la carta va dirigida a nuestro rector te lo haremos”. Pues claro que lo tenéis que hacer, coño. Total, un par de días más y tenía por fin en mi mano el papelucho.

Una vez hecho esto, me dirijo de nuevo con todos los papeles listos a mi parroquia: los míos tal cual y los de ÉL legalizados, puesto que, como el expediente se hace en BCN, necesitan asegurarse que los papeles de él son legales. Cuando llego, le explico al cura que necesito que me haga ya el expediente porque lo tengo que llevar a legalizar y de ahí, llevarlo a Córdoba. En ese momento, me dice que es demasiado pronto para hacer el expediente y me dice, en contra de lo que me había dicho hacia dos meses (la primera vez que fui para saber qué era lo que necesitaba), que yo también tengo que legalizar mi partida de bautismo. Le intento explicar que no es necesario, puesto que el expediente me lo hace él, pero no me escucha y me echa diciéndome eso, que lo vaya a legalizar que sino no me lo hace. ¿Eso qué significa? Eso significa volver a perder una mañana porque me tengo que ir otra vez a Barcelona a hacer una cosa que realmente no es necesaria que haga, solo porque al señor le ha apetecido que lo haga así.

Como ya os podéis imaginar, aquí ya estaba cabreadísima. ¿Cómo podía ser que me estuvieran poniendo pegas para todo? Desde que había empezado a buscar mi partida de bautismo hasta ese momento habían pasado ya dos meses, y no hay que olvidar que todos los papeles se tienen que ir a Córdoba al menos un mes y medio antes de la boda, esto es, de aquí a dos semanas como máximo. Y cada vez que me movía para solucionar algo me mandaban a dar mil vueltas a todos lados. Así que sí, estaba cabreada por perder más horas de trabajo, porque no me facilitaban nada y sobretodo porque, lo primero que había oído de boca de todas las personas que, hasta la fecha, podían ayudarme a solucionar este tema, había sido “No”.

Pero me relajé, dejé pasar unos días (inevitablemente, porque era fin de semana) y volví a la carga. Me fui a perder el tiempo al arzobispado y me legalizaron mi partida. Fui con mis padres a  mi parroquia para que, si yo no podía, que ellos metieran presión por mí… pero esta vez no hizo falta. Me rellenaron los papeles, es decir, el expediente, con una facilidad pasmosa… Básicamente porque no estaba el cura que no me escuchaba y no quería trabajar, sino otro. Pero fue tan fácil, tan a la primera, que no me lo podía creer.

El siguiente paso ha sido ir a hablar con Manel, el Rector de Maria Magdalena de Viladecans, un hombre magnifico, periodista además de cura, que ha tenido una vida interesantísima y lo único que ha hecho ha sido facilitarme las cosas (aquí podéis ver su blog),  donde hemos hecho el curso pre-matrimonial y ha sido muy interesante. Pero él vio que el expediente que me habían preparado en mi parroquia estaba incompleto.  Claro, así de fácil, así tan a la primera… que si el del curso pre-matrimonial no se hubiera dado cuenta, hubiera llevado estos papeles a legalizar y me hubiera tenido que dar media vuelta por incompletos. vaya, hubiera sido otro viaje más en balde.

El lunes me acerqué por fin a que me rellenaran bien el expediente, y hoy tengo que ir de nuevo al arzobispado, pero esta vez al de Sant Feliu de Llobregat, para que me legalicen todo el expediente y pueda llevarlo a Córdoba para poder casarme. Como veis, empecé los trámites el 29 de Octubre, y estamos a 17 de Febrero. He necesitado dos meses y medio para hacer algo que mi suegra hizo en Córdoba en una semana.

Si os digo la verdad, ahora, en el arzobispado, no las tengo todas conmigo. Pero bueno, voy a ir con muchas ganas de que no me pongan ninguna pega, a ver si se contagian de mis ganas de que todo salga bien y no me pongan ninguna pega.

Que alguien ponga una velita por mí…

 

Actualización: Pues ya está. No sé quién ha puesto velas (y pulpo) pero todo ha ido bien a la primera. ya tengo mis papeles y ahora solo falta dárselos al cura de Córdoba. No sabéis qué alivio, después de tanto tiempo… Ains!

Como muchos sabéis (y si no lo sabéis, pues ahora lo haréis) me gusta mucho estar al día de noticias de diferente índole, desde cosas que entiendo hasta las que estoy tratando de entender, y siempre echo un ojo a los comentarios de los usuarios de a pie que, como todo hijo de vecino, tienen una opinión y le apetece darla a conocer.

Ya sea en periódicos que permiten comentarios como agregadores de noticias, es interesante ver qué es lo que comenta la gente porque es una buena manera de tomarle (de manera aficionada, con más impresión que criterio) el pulso a la sociedad. Naturalmente todo dependerá del color del periódico o portal al que entremos, pero te puedes hacer una ligera idea de lo que ronda por las cabezas de los grupos de derecha, izquierda, de arriba o de abajo.

Y como pasa en todos los grupos de diferentes colores e ideologías, hay de todo, desde las personas que realmente buscan dar su opinión y dialogar hasta aquellas que simplemente quieren sentar cátedra y que los demás les aplaudan, pasando por los que se limitan a insultar y punto. Por lo general, estos últimos (los llamados trolls) se identificaban rápido y estaban muy definidos dentro de su papel. Era el punto discordante dentro de la buena (o mala) comunicación dentro de una discusión.

Pero últimamente parece que nos estamos pasando un poco al lado oscuro. Los usuarios normales (ya sean los usuarios conciliadores como los usuarios de la verdad absoluta) siempre hemos intentado discutir con nuestro contertulio de manera educada, aunque quizá puede llegar un momento en que hablar contra una pared nos acabe sacando de nuestras casillas (porque si ya es difícil convencer a cualquier hijo de vecino, cómo vamos a conseguir convencer a alguien por Internet!). A veces, de tan educados que queríamos ser, hemos llegado a pecar por demasiado políticamente correctos, llegando a ser incluso ridículos por intentar no ofender a nadie. No es que me gustara… pero me gusta más que lo de ahora.

Ahora lo políticamente correcto no está de moda. Y lo entiendo. Como decía antes, es básicamente ridículo ir de puntillas para no ofender a nadie, cuando muchas veces la ofensa está solo en la mente del ofendido. Pero cada vez se valora y se jalea más a las personas que son agresivas en sus argumentos (y no por ello más ciertos) y que han pasado del policorreccionismo a ser auténticos maleducados. Que sí, que es muy divertido ver por la tele a un médico brillante y súper inteligente, que da lecciones siendo un borde. ¿Os imagináis realmente que todo el mundo fuera así, a lo House? ¿El panadero, la abogada o el mecánico? Pues pensaríamos que son capullos y/o gilipollas (dependiendo del ánimo con el que nos hubiéramos levantado ese día) e intentaríamos no relacionarnos más con ellos.

Entonces, ¿qué pasa que cuando vemos esos comportamientos a través de la pantalla los aplaudimos? Parece que en vez de valorar a quien intenta discutir o exponer una idea educadamente, sin perder el respeto a los demás se está perdiendo a favor de rendir pleitesía a aquel que llama tanto sibilina como abiertamente al otro gilipollas. Y si nos comportamos así y recibimos un aplauso, ¿estamos seguros de que queremos que nos aplaudan por ese comportamiento? ¿por qué? ¿Acaso nos hace sentir más listos el que alguien nos premie el comportarse sin ningún tipo de educación?

No es raro ver, en el día a día, a gente que se siente mejor intentando quedar por encima de los demás, no por méritos propios, sino usando la dialéctica (y lo que no es la dialéctica) para hundir al otro. Cuando alguien sobresale porque ha ido poniendo zancadillas y el dedo en el ojo a los demás, para mí no se lo merece. Y me alucina que haya quien aprecie ese tipo de comportamientos y, lo que es peor, quiera hacerlos suyos.

Espero que volvamos a los tiempos en que se ganaba una discusión educadamente y con buenos argumentos en vez de ver quién tiene el pito (o los ovarios, poned aquí el símbolo “de poder” de vuestra elección) más grande.