Palomas

9 noviembre, 2011

Nada más llegar dejó las maletas en la habitación en la que dormirían. Era la primera vez en mucho tiempo que se cogía unos días de vacaciones y su suegra le había dejado el apartamento que tenía desde hacía años en uno de esos pueblos blancos de Andalucía.

Le habían explicado tantas anécdotas ocurridas en ese piso que no se sentía extraña en él. De estilo nórdico, todas las paredes eran blancas a juego con los muebles y las únicas notas de color las ponían algunos cojines y alfombras, mullidas pese a ser un apartamento que se disfrutaba más en verano que en invierno.

Cogió un libro y se sentó, descalza, sobre la alfombra del comedor. Iba a esperar a que llegara su marido para deshacer las maletas y acabar de instalarse en la casa. Mientras tanto, iba a disfrutar de la desconexión voluntaria a la que había decidido someterse el fin de semana.

Un fuerte estruendo la despertó del sopor en el que había caído. Alguien estaba aporreando la puerta: golpes sordos y rápidos que la alarmaron. A través de la mirilla vislumbró el pelo rubio de su marido, despeinado y moteado de algo que parecía manteca roja.

– Joder – exclamó en cuanto ella le abrió la puerta-. ¿Dónde tienes el móvil?

– ¿Qué pasa? Está apagado, ya te dije que…

– Bueno, da igual, ahora ya he tenido que venir hasta aquí. Coge las llaves del coche que nos vamos.

– Pero, ¿qué pasa?

– Te lo cuento luego.

Salieron a la calle, ella extrañada y él tranquilo, pero rápido y en silencio.  El apartamento se encontraba en el casco antiguo del pueblo, por lo que había tenido que dejar el coche en un parking a unos 10 minutos andando.  Mientras caminaban por entre las callejuelas encaladas, ella se fijó en que las personas salían de sus casas con las maletas y todos iban más o menos en esa dirección. Y vio algo más que le sorprendió.

– Cariño – le dijo, parando en seco.

– ¿Qué? Venga, tira.

– Cielo, ese niño se está comiendo una paloma.

– Déjalo, no le hagas caso. Además, por mucho que lo intentes no dejará de hacerlo.

– Joder, qué asco.  ¿Me cuentas ya lo que pasa?

– ¿Ves a toda esta gente que se está yendo? Ha empezado la evacuación. Cuando lleguemos al coche entenderás por qué.

Dejó de preguntar. Sabía que cuando estaba concentrado en algo era inútil hablar con él, puesto que solo hacía caso a lo que tenía en la cabeza. Por suerte no hizo falta seguir esperando porque, cuando la explanada del parking se abrió ante ella, comprendió lo que pasaba: la zona estaba acordonada, rodeada por agentes que portaban trajes blancos y máscaras, que mantenían fuera de la zona de evacuación a otras personas… Que no eran personas. Gente sin piernas, brazos, medio cuerpo podrido; algunos sin ojos o directamente calaveras con algún que otro pegote de carne podrida luchando por no desprenderse del hueso. Cuando alguno de los agentes empujaba a alguno de esos seres, éstos se deshacían sin ningún esfuerzo. Parecía que para esos bichos mantenerse erguidos era más bien por su fuerza de voluntad.

Pero lo que más le sorprendió es que todo el mundo estaba tranquilo, sosegado. Parecía que les preocupaba más coger un buen sitio en el autobús que les llevaría fuera del pueblo que la marea pseudo-viviente que les acosaba por todos lados

– Pablo, ¿tú sabías esto?

– Sí, claro. Es algo que pasa a menudo aquí. Tiene que ver por la fábrica del polígono. Ha contaminado las aguas freáticas y éstas se filtran al cementerio. De vez en cuando los muertos se levantan. No hacen mucho más que comerse las palomas y los animales abandonados, pero al poco tiempo el calor los acaba deshaciendo y huele bastante mal- hizo un gesto abarcando a los hombres de blanco-. Cuando empiezan a salir, la fábrica, que forma parte de un holding internacional, saca a la calle a sus agentes para evacuar el pueblo y limpiar los restos de los muertos. Eso sí, hay que salir pronto porque ya has visto cómo son los accesos a este pueblo y podemos tardar horas sino en llegar a casa del tráfico que se monta.

– ¿La gente no se queja?

– Cómo se van a quejar, si en esa fábrica trabaja todo el pueblo…

 

Y entonces me he despertado. Esto me pasa por hablar de The Walking Dead poco antes de irme a dormir.

2 Responses to “Palomas”

  1. misswerty Says:

    jajajajaja menudo sueo! aprece un peliculón! ya lo digo yo que a veces irse a dormir es como irse al cine!

    un besote!!


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