Saludos a todos aquellos que venís de los foros de policías que han enlazado esta entrada. Como es un blog libre y cada uno puede hacer lo que le dé la gana, dejad un comentario si os apetece. Eso sí, si queréis insultarme a mí estupendo, pero no se puede insultar a nadie más a menos que ese “nadie más” entre en el juego. Por otro lado, todos tenemos que admitir que mala hierba crece en todas partes, y desgraciadamente, y sobretodo por la mala imagen que os dan a los demás, también en el cuerpo de policía. Siento si la generalización os ha podido molestar, pero es igual que cuando decimos que todos los políticos son unos mentirosos y que todos los curas son unos pederastas. Es una exageración y una generalización, pero entended que desgraciadamente la naturaleza humana es muy puta, y nos quedamos más con los malos momentos que con los buenos.
Para los que me leen de fuera de España, los Mossos d’Esquadra es el cuerpo de policía de la comunidad catalana. Hasta el año pasado su presencia era escasa, pero de un día para otro suplantaron a la presencia policial en Barcelona. De ahí, se han ido extendiendo a las demás ciudades.
Ayer volvíamos de cenar de casa de unos amigos en Barcelona. Durante la cena me habían dado una mala noticia familiar que ahora no viene al caso, y tenía los nervios a flor de piel. Cuando por fin salimos de la autovía de Castelldefels para ir a mi casa nos encontramos con un control policial de los Mossos. Y aquí empieza la fiesta.
Veo a un hombre a la izquierda con el cono de luz en la mano, en un ángulo de treinta grados desde su hombro. Supongo que significa que me pare, así que me paro a un metro de distancia de él. Lo miro y veo que está mirando al infinito, imagino que es al coche que está detrás de mí. Como no me mira ni me hace el menor caso pienso que quizá al que quiere parar es al coche que viene detrás de mí, pero igualmente me quedo quieta. Por fin repara en nuestro coche y me mira, así que aprovecho el momento y levanto la palma de la mano, pensando que esa es la señal mundial que significa parar, como diciéndole: ¿Me paro?. Mueve el palo de luz con un gesto negativo, así que pongo primera y empiezo a acelerar, poquito a poco…
Y entonces me encuentro al Mosso d’Esquadra golpeando como un loco en el cristal de mi coche (creo que llegó a darme cuatro golpes) y gritándome que me parara. Me paro, bajo la ventana y le digo que me había dicho que continuara, a lo que me dice, con los ojos abiertos como platos y con una agresividad que me hizo sentir como la peor delincuente: ¡QUE LE HE DICHO NO SIGA PARA ADELANTE! ¡A VER SI PONES UN POCO DE ATENCIÓN!
Dicho esto, y con una cara desencajada y una mala leche brutal, me pone el palo en la cara para mirarme y luego ilumina a Turg y lo mira de arriba a abajo. Entonces, con bastante malos modos nos pregunta si somos de Castelldefels a lo que contestamos que sí. Ni siquiera nos mira el DNI para comprobarlo y me dice que abra la guantera. A todo esto, el “hombre”, seguía con una actitud agresiva para intimidarnos, con la cara de loco y mirándonos todo el rato arriba y abajo con el puto palo de la luz. Le contesto que mi coche no tiene guantera y que está todo abierto, así que enfoca la luz hacia ese punto y lo mira por encima. Me pregunta, de nuevo dejando la educación de lado y con una agresividad inusitada, si tengo el maletero abierto. Cuando lo abro, llega otro Mosso por detrás y revisa su contenido: dos bolsas de Miss Sixty, una de Mango, una chaqueta y una caja de tampones. Vamos, el maletero de una terrorista internacional.
En este momento ya tenía los nervios a flor de piel y se me llenaron los ojos de lágrimas, mezcla de los nervios que llevaba encima, el puto susto que me había pegado este simio con uniforme y la impotencia que sentía al no poder defenderme o ni siquiera hacer valer unos derechos que a día de hoy veo que prácticamente son inexistentes.
El policía, de nuevo, me mira y de nuevo con la misma agresividad me pregunta: ¿Le pasa algo? A lo que le digo que no, que es un asunto familiar y que no es de incumbencia. Ilumina de nuevo a Turg y mirándolo con cara de loco como si mi novio fuera un maltratador, vuelve a preguntar si pasa algo, a lo que Turg le contesta que me habían dado una mala noticia hacía poco y que estaba nerviosa. En ese momento el otro Mosso había acabado de mirar el maletero, así que me dice: “Si no está bien para conducir que conduzca el otro” y se nos queda mirando de nuevo como si fuera a pegarnos dos hostias. Por fin se giró y nos dejó continuar nuestra marcha.
Todo esto, evidentemente, sin decirnos por qué se nos paraba y por qué estaba revisando y toqueteando cosas de mi propiedad.
Lo que más me alucina es esta agresividad. ¿Se supone que esta gente me tiene que defender? Vamos, mi aspecto no puede ser más normal. De hecho me atrevería a decir que tengo la pinta de lo que se denominaría “una niña bien”, y coño, conduzco un buen coche, además de que cualquiera con solo verme puede darse cuenta de que una mosca puede tumbarme. ¿Qué tipo de peligros le puedo suponer a un hombre entrenado que además está acompañado por, por lo menos, media docena de Mossos?
No os podéis ni imaginar la impotencia que siento ahora mismo. ¿Cómo me puedo quedar tranquila sabiendo que mi seguridad está en manos de personas tan agresivas? Realmente es algo que me preocupa. Después de todo lo que ha salido a la luz, como los vídeos en los que se demostraba que los Mossos de una comisaría de Barcelona pegaban por sistema a todos los retenidos, esto ha sido la gota que colma el vaso. Quizá soy una estúpida, pero reconozco que este suceso ha hecho que me den miedo. De verdad que no se puede expresar con palabras la sensación que tenía de que, si daba un paso en falso, me bajaban del coche y me metían una paliza. ¿Es eso lo que tiene que sentir un ciudadano corriente cuando se encuentra con una policía que se supone que está ahí para defenderle?
Otra cosa que siento fue no pillarle el nombre y el número de placa. Sé que no hubiera servido de gran cosa, pero al menos en la queja que voy a poner ante el defensor del puebl y ante la generalitat al menos hubiera constado.
Desde luego, este suceso me ha servido para dos cosas:
1. Si algún día me encuentro en una situación igual, prepararé inmediatamente el número de la policía local, y más aun si voy sola en el coche.
2. Si tengo que recurrir a la policía, nunca, nunca, llamaré a los Mossos. No vaya a ser que me peguen una paliza solo por haberles interrumpido en la hora del café.
Pd: Estoy llamando con la policía de Castelldefels para hacer una queja. De momento el que me ha cogido el teléfono lo primero que ha hecho ha sido defenderme al Mosso, bajo el pretexto: no estoy defendiendo a mi compañero pero…
Pd2: Este Mosso me ha pasado al “cap”, que supongo que es como el cabecilla del tema. Le he contado lo sucedido e irremediablemente me he puesto a llorar porque reconozco que aun llevo el puto susto metido en el culo. El hombre se ha mostrado súper comprensivo, cuando le he pedido perdón por ponerme a llorar me ha dicho que no me preocupara, que no me tenía que excusar y que lo entendía. Le he hablado de mi aspecto, para darle a entender que no soy un peligro real para nadie, y me ha dicho que eso da igual, algo así como:” Como si mides dos metros, te llamas jaime y pesas 200 kg, te tienen que tratar bien. Yo siempre digo que tienes que tratar como te gustaría que trataran a tu padre”. Que ante todo somos personas, y no delincuentes, y como tal se nos tenía que tratar. Que había dos caminos: dejarlo en sus manos o poner una denuncia. Me he decantado por lo primero porque sé que poniendo una denuncia tendría que ir a juicio, y nos encontraríamos con que el mosso loco tendría mis datos, como mi domicilio, y reconozco que me da miedo. Por otro lado, él es un policía y yo una civil, así que mi palabra sirve de más bien poco.
Por otro lado el cap, aunque seguramente lo haya hecho para que no monte el pollo, me ha dado buena espina. Me ha dicho que se enterará de qué patrulla ha sido y que hablará con su sargento, además de con el “hombre” para saber su versión. También ha dicho que le contará al sargento mi estado anímico en el momento de la llamada y que intentaría solucionarlo, porque él como Mosso y profesor de Mossos siente vergüenza de este tipo de cosas que dan mal nombre al cuerpo. ¿Pasará algo? Pues bueno, seguramente al bruto que me tocó le darán una reprimenda, y a mí el miedo a los Mossos me va a quedar de por vida. Y me digo: los mossos están para defendernos de los maleantes, pero ¿quién me defiende a mí de los mossos?
Pd3: Estaban buscando a unos albano-kosovares que protagonizaron un tiroteo en un puticlub y apuñalaron además al portero. Parece que tengo cara de hombre albano-kosovar.