01.26.09
Gente
Publicado en Barcelona, Brontë, Personal tagged Drogas, Gente a 8:49 pm por Brontë
No hace mucho estábamos hablando con ÉL y con sus amigos sobre el tipo de gente que sale de fiesta por Barcelona. Todos (bueno, ÉL no porque ya lo sabía) fliparon cuando empecé a hablar sobre gente de la que estuve rodeada durante unos cuantos años de mi vida.
Cuando cumplí los 18 me reencontré con una amiga del colegio que más tarde me presentaría a mi primer noviete “serio”. Este chico me presentó a todo su grupo, en el que había, a su vez, dos grupos diferenciados: Los que me llevaban entre 2 y 5 años (los amigos más directos de mi novio de entonces), y los que me llevaban más de 8. Enseguida hice migas con el segundo grupo puesto que en el primero me dio la sensación de que eran demasiado… Cómo llamarlos… Demasiado frívolos y superficiales. Entre los superficiales estaba la antigua ex de mi pareja de aquella época, que más tarde se descubrió que me odiaba.
Yo, que siempre he disfrutado con la música “alternativa”, de pronto me encontré saliendo con un chico al que le encantaba el techno y los afters. A las dos semanas de estar saliendo con él me llevó a uno que me dejó medio fascinada y medio horrorizada: nunca había salido de fiesta hasta las 12 de la mañana en un día normal, y nunca había visto el tipo de gente que había en este tipo de antros. Flipé con las caras desencajadas, con el pajareo de aquellos a los que les había sentado mal la droga que se había tomado… Y yo, en la inopia, pensando que mi pareja de la época solo se había metido droga una vez en la vida. Más adelante me enteré de que llevaba un año con un ritmo casi inaguantable, fundiéndose casi todo lo que ganaba en la noche y llegando a casa el domingo por la tarde después de tres días de fiesta interminable.
En ese momento me encontré que podía tomar dos caminos:
Uno, conocer todo ese mundo, dejarme llevar por la vida nocturna, confundirme con los colegas “superficiales” y ser uno más de ellos.
Dos, seguir con la convicción de que eso no es lo mío e intentar que, quien estuviera conmigo, pensara como yo.
Cuando empecé a salir con este chico me quedaba poco más de dos meses para cumplir los 19 y realmente era una cría. También era influenciable, puesto que para otras cosas lo fui (ya sabéis, las tonterías que llegué a hacer porque el capullo decía que estaba gorda), y aunque conocí muy a fondo el mundo de la noche nunca probé nada, incluso teniéndolo en la mano. Vi lo que significaba ese mundo, vi las caras, los monos, cuando algo sentaba mal y tenía que venir la ambulancia… y no me gustó. No solo no me gustó sino que hice que mi pareja del momento lo dejara. Me costó más de un año de muchos disgustos, varios amagos de cortar y muchas feas historias, pero al final lo conseguí y, cuando lo dejé, el chaval no era el piltrafilla con la que me había encontrado cuando empecé con él.
Y aunque suene muy mal decirlo, me siento muy orgullosa de mi misma por seguir firme en mis convicciones y no caer en la tentación, cosa que hubiera sido mucho más fácil. Muchas veces quien te ofrece la tentación piensa que lo hace por tu bien, para que te lo pases bien, para que disfrutes, sin pensar en las posibles consecuencias, puesto que quien consume no piensa que pueda ser algo malo.
Es muy fácil decir sí, pero enorgullece muchísimo más decir que no. Porque hay que decir un no bien rotundo… para en el futuro sentirse muy orgulloso.
carmncitta escribió,
26 Enero, 2009 a 10:02 pm
La verdad es que uno se siente muy bien cuando hace lo que tiene que hacer
Sand escribió,
26 Enero, 2009 a 11:32 pm
Ole ole y ole… Si es que no hay nada como hacer lo que uno debe
Saluditos
Samuel escribió,
27 Enero, 2009 a 7:28 am
Soy nuevo en tu blog! Te he de decir que hiciste muy bien. Un muy buen amigo mío no tuvo la misma fuerza que tú e incluso llegó a vender su anillo de bodas para comprar más coca.
Eso sí, os he de corregir a tí y a Él. Decís que eso pasa a la gente que sale de fiesta por Barcelona. Desgraciadamente no es cierto, pasa en Barcelona, Madrid, Ibiza, Mallorca, Sevilla,… e incluso en ciudades más pequeñas, como la preciosa Córdoba que tanto te gusta.
Hay mucha gente que vive de la droga (algunos muy bien) y ya se encargan ellos de que llegue a cualquier rincón del planeta.
Brontë escribió,
27 Enero, 2009 a 9:52 am
Citta, Sand, la verdad es que sí que te sientes con el pecho henchido de satisfacción
Samuel, qué lástima lo de tu amigo. Ojalá haya podido salir ya. Y por cierto, no me refería a que eso pasaba solo en Barcelona, solo que salió a raíz de hablar de discotecas y el ambiente nocturno de la noche Barcelonesa que me acordé de todo esto…
GRacias por leerme y por comentar, me hace mucha ilusión
Lucía escribió,
27 Enero, 2009 a 10:15 am
Es que es para sentirse orgulloso!! Tendemos a pensar que el que puede salir de algo así es el más valeroso, pero el que tiene realmente valor es el que decide no entrar nunca.
Jorge escribió,
27 Enero, 2009 a 5:40 pm
Lo irónico es que a éste chico le hiciste más bien de lo que el seguramente reconoce. Y no hay nada más importante que hacer las cosas correctas cuando la situación te da a escoger. Bien hecho!
Juan Ángel escribió,
27 Enero, 2009 a 6:20 pm
Salvando las distancias, y sin compararme contigo, es un poco lo que me pasa a mí: me mantengo al margen en cuanto a lo de beber. Lo siento, pero para mí pillarse una borrachera de tres pares de narices no es un sábado perfecto. En fin, supongo que será cuestión de gustos…
Bueno, fía, espero verte más por aquestos lares, y, por si no lo sabías, he estrenado blog
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