Como últimamente estamos muy tensos y muy tristones, he decidido hacer un post para que nos distraigamos un poco y, de paso, os podáis reír de mí.
Todo ha surgido porque hace un par de días recibí, como cada año, las invitaciones para ir al Salón Internacional de la Belleza que se celebra en Barcelona en Febrero. Y os preguntaréis: ¿Eres peluquera, maquilladora, etc? A lo que yo os contestaré: No, pero he sido modelo para este Salón.
Sí, sí, dicho así ya me podéis imaginar siendo una tía buena que mide 1′80 y pesa 30 kg. Nada más lejos de la realidad, aunque para mí mejor.
Todo empezó porque el mejor amigo de uno de mis hermanos me llamó un día al trabajo:
- Mira Brontë, este año en el salón vamos a poner un Stand grande y vamos a traer a los mejores peluqueros de España para que corten el pelo con nuestros productos… Y necesitamos chicas monas para que se dejen cortar el pelo.
Yo en aquella época era casi una post-púber, tendría poco más de 21 años, poca vergüenza y un pelo muy bonito pero aburrido. Debo aclarar que por esas fechas me hacía de todo en el pelo porque, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que sabía que llamaba la atención -para bien- y lo quería potenciar. Así que o me ponía mechas lilas, o me lo cortaba como un chico, o aparecía con un mechón rojo en medio del pelo… La verdad es que visto así parece fatal, pero he de reconocer que estaba muy guapa. Así que me dije: Bah, por qué no? ¡Me cortará el pelo uno de los mejores peluqueros del país y gratis! Además de ser un subidón para mi Ego! ¡Yeah!
Abro un paréntesis –> (La palabra Ego va en mayúsculas porque me veía en una situación en la que tenía un peso muy importante en mí: Tenía que poner todo mi esfuerzo para que no se fuera a tomar por culo. Por aquella época salía con un chico que era un poco tonto -él también lo decía, no lo estoy insultando gratuitamente- y era un poco hijoputa conmigo -esto tampoco es gratuito-, puesto que siempre me dejaba claro que estaba demasiado gorda para él… Por un lado me lo llegué a creer hasta tal punto que empecé a hacer alguna que otra tontería alimenticia, pero un día abrí los ojos y me dije: un momento, ¿si vas a cualquier sitio y eres capaz de ligar con quien quieras, eso significa que tú estás gorda? No, significa que él es gilipollas -este, no solo no es gratuito sino que es totalmente descriptivo-. Así que volví a disfrutar de la comida y de la vida -porque la vida se basa en comer, dormir y follar bien-, entre otras cosas).
Convencí a otra chica más para que se presentara conmigo y dos que irían al día siguiente. Ahí, con un buen par bien puestos, no sabíamos exactamente con qué nos íbamos a encontrar… Porque no nos dijeron que íbamos a subirnos a un escenario, delante de unas 70-80 personas, y que el acto iba a durar cosa de una hora. Ahí me di cuenta que ofrecerme voluntaria no había sido tan buena idea.
Ya me veis allí, que iba “monísima” porque después me iba a un concierto en Razzmatazz – no recuerdo si era de HIM (cuando aun no eran conocidos por las niñas de 14 años) o de Ben Harper. Menos mal que nos presentaron a ambas y nos pusieron unas capas largas que cubrían el modelito. Antes de subir al escenario el peluquero nos preguntó qué queríamos. Yo solo le dije lo que NO quería: que me cortara el pelo como un chico.
Me senté. Miré hacia adelante y vi un público concentrado en mi cara, mis manos, mi pelo… Así que tomé una decisión: yo no soy importante, importante es quien me corta el pelo, igual que las modelos de pasarela, que importante es la creación que llevan encima… Así que pon cara de modelo de pasarela (la tenía bien estudiada, me compraba 3 o 4 revistas de moda cada mes).
Otra de las cosas de las que me di cuenta nada más sentarme es que no tenía ningún espejo, así que no podía ver qué coño estaba haciendo el peluquero ahí atrás. Tomé otra decisión: fíjate en la cara de tus acompañantes (mi novio de la época -el gilipollas- y dos de mis cuñadas) para ver si el asunto estaba yendo por el buen camino.
Así que ya os podéis imaginar la escena: yo en un escenario, con 70 personas mirándome -mirando mi pelo, pero a efectos prácticos es lo mismo-, quieta como una esfinge, con cara de “modelo cabreada y estreñida” y echando miradas de reojo a uno de los lados, donde solo podía ver a mi novio de la época -el gilipollas-, con una cara de preocupación que no le había visto nunca. Empecé a sufrir porque pensé: Si tiene esa cara es porque me están haciendo un estropicio, así que intentaba, sin moverte ni un ápice, mirar hacia atrás cual lagarto para intentar ver qué coño me estaba haciendo el peluquero. Más tarde vi el vídeo. Cuando intentaba mirar al peluquero parecía una tonta intentando mirarse la nuca.
Debo decir que me dejaron preciosa, y cuando bajé del escenario mis cuñadas me felicitaron encarecidamente. Me acerqué a mi ex y le pregunté qué coño le pasaba mientras estaba ahí arriba, y me dijo que él lo estaba pasando fatal porque me veía muy seria. Ahí pensé que eso es lo que pasa por ser una persona que solo cuando se concentra -ocurre pocas veces- pone cara de palo. Pensé que tendría que cambiarlo, pero a día de hoy me pasa lo mismo… Siempre tengo una media sonrisilla, que en según cómo me dé la luz parece una sonrisa de “ei, soy una persona segura de mi misma” o bien de “eeehhh… me gustan los peces de colores… jijiji”.
De esa experiencia saqué las siguientes conclusiones:
1. No te presentes voluntaria a ningún tipo de acto si no sabes bien de qué va.
2. Si al final eres tonta y te presentas, sonríe un poco más, que parecía que se te hubiera muerto la abuela.
3. No te fíes de los que te acompañan, y menos si son medio tontos.
4. Cuando te pones bajo las manos de un profesional, tu pelo (y por extensión, tú) estará increíble. Cuando ese mismo pelo y corte se pongan bajo tus propias manos, estarás horrorosa.
Poco después tuve que volver a la peluquería, a que me arreglaran lo que me habían hecho…
Pero ahora aquí, entre nosotros… A día de hoy me volvería a presentar!