10.30.08

Salón del Manga

Publicado en Actualidad, Curiosidades, Personal tagged , , a 10:24 am por Brontë

Hoy empieza el Salón del Manga en la Farga del Hospitalet, una ciudad pegadísima a Barcelona. Este fin de semana estamos requete-liados, pero vamos a intentar ir… A ver si nos llevamos la cámara y podemos inmortalizar el momento, además de fotografiar aquellos cosplays más logrados…

Tengo unas ganas!

10.28.08

Perdiendo libertades

Publicado en Actualidad, Viajes tagged , , , , , , a 11:16 am por Brontë

Sé que tengo el meme de iJuan pendiente, pero como quiero tomármelo con calma, antes voy a comentar algo que he visto y que me ha puesto los pelos como escarpias.

Como todos sabéis por mis temas personales, tanto ÉL como yo hemos viajado muchísimo, yo sobretodo en avión. Como todos los viajeros frecuentes, he aguantado que me miren, que me registren las cosas, que me cacheen sin sentido alguno (solo porque toca), descalzarme, medio desnudarme (en invierno, claro)… Vamos, mil y una perrerías que hemos pasado todos, que una vez, pues hace gracia, pero cuando es mínimo una vez al mes te toca un pelín los pinreles pasar, cada vez que coges un avión, por esa experiencia.

Hasta ahora poco me he quejado. ¿cómo me iba a quejar? Eso sí, ahora ya sabemos que por ley, no tienes por qué descalzarte ni quitarte el cinturón, puesto que la Unión Europea por fin ha entrado ligeramente en razón. Eso sí, la ley entera, esa que sabemos todos que tenemos que cumplir, pero que no sabemos exactamente qué hay que cumplir porque es secreto, todavía no la han derogado. Supongo que como se les cae la cara de vergüenza por haber promovido una ley totalmente ilegal (no te pueden hacer cumplir una ley sin decirte cual es… Es de cajón, no?), ahora se hacen los longuis, en plan: Ehhh? Cómooo? Que no se pueden meter líquidos de fuera en un aeropuerto?? Eso yo no lo he dicho!.

Total, que ahora que sabemos que no tenemos que descalzarnos por el simple capricho de los guardias de seguridad contratados a toda prisa por la inteligentísima ley europea, nos enteramos de que hay un escáner que nos desnuda. ¿A dónde vamos a parar?

Si a lo primero tiene una “solución” fácil (si un guarda de seguridad te toca los pinreles, no hay nada más sencillo que llamar al 062 para que te manden un policía), lo segundo ya veremos. Todos sabemos la arbitrariedad que hay en todos los arcos de lo aeropuertos. Es lógico. Imagínate que tienes que hacer cumplir una ley que ni aquellos que la deben cumplir, ni tú, que eres quien tiene que asegurarse de que se cumple, no sabéis cual es. Si simplemente tienes unas ligeras directrices, es cuando entra la arbitrareidad: Una directriz por aquí, otra por allá, y como este caso no está sujeto a ninguna de esas dos… Hago y digo lo que me da la gana. Y así vamos. Al rubio lo hacen descalzar, a la vieja que no se aguanta de pie también, a ese señor que pasa por ahí lleva zapatos con cordones y retrasaría la cola, así que no… Y así estamos. Pues entonces, imaginaos con los arcos que “desnudan” a las personas. Primero será de carácter voluntario. Unos cuantos pasarían por ahí. Me apuesto a que la gran mayoría serán hombres, puesto que las mujeres somos mucho más pudorosas. En cuanto nos acostumbremos a los arcos, si sigue este desamparo legal con respecto a los usuarios, los guardas empezarán a tomar el control, puesto que antes que guardas, como todos, son humanos, y estas cosas se suben a la cabeza. Verán a una persona que les dará mala espina y dirán: Tú al arco “desnudador”. Primero con quien tiene mala pinta. Luego con quien le apetezca. Que esa tía está buena: Pues ale, vamos a ver si realmente está así por debajo de la ropa. Porque todos somos profesionales, hasta que se nos sube a la cabeza… Y desgraciadamente, como en todos los sectores profesionales, en el de los guardas de seguridad (al menos en lo que compete a los aeropuertos) se han documentado casos de abusos de poder, y como pasa siempre: El mal de unos pocos hacen daño a todos.

Otra cosa: ¿Qué harán con las imágenes que se extraerán del arco? ¿ Cómo puedo yo estar segura de que, si paso por ese arco, mi imagen no va a dar vueltas por ahí? Soy una persona pudorosa, y solo dejo que me vean desnuda en tres situaciones: En una playa nudista, en el vestuario de un gimnasio o en mi casa. Muchos os preguntaréis por qué no me da corte en una playa pero sí en un arco: pues porque en el primer supuesto, todos partimos en igualdad de condiciones. O es que, cuando salga del arco, ¿voy a ver yo también desnudas a las personas que habrán visionado mi imagen? ¿a que no? Pues eso, no hay igualdad de condiciones.

Además, las imágenes son peligrosas. Por amigos que han estudiado medicina y trabajan en hospitales, sé que las radiografías más curiosas (¿cómo? ¿Un tubo de pasta de dientes metido por el culo?) se pasan de médico a interno y de interno a residente. Y eso que en teoría son profesionales, que no se deben dejar llevar por algo así. Pues imagínate.

Saliendo de ahí, ya me pregunto: ¿Dónde queda mi intimidad? Ya estoy harta de que me hayan visto el color de los calcetines durante tanto tiempo. ¿Y ahora? ¿Qué pasa conmigo? ¿Con nuestros derechos? ¿Y con nuestros niños y mayores?

La máquina ya está funcionandio en algunos aeropuertos, como los de Holanda. De momento es voluntario… Pero visto lo visto, y sabiendo que a los gobiernos se les da muy bien acojonarnos y mediante el miedo, quitarnos los derechos, uno tras uno… Ya nos imagino, de aquí a unos años, pasando todos por el arco como ovejas al matadero.

10.23.08

Mal día

Publicado en Personal a 1:48 pm por Brontë

Me he dormido, en la calle hace frío, mi compañera se ha pasado una hora sin parar de hablar, tengo sueño, ahora me tengo que ir a comer a Barcelona, después cruzar media Barcelona porque así le apetece a una petarda que si no queda en su portería no sale de casa… Y a mí lo único que me apetece es tumbarme en mi blanco sofá con una manta y un choclate caliente entre las manos mientras leo uno de mis libros.

Estoy de mal humor.

10.22.08

El cementerio indio

Publicado en Brontë tagged , , , , , , a 8:30 am por Brontë

Alguna vez os comenté que mi cuarto era un Cementerio Tecnológico con todas las de la ley. Que resulta que todas esas nuevas tecnologías que caían en mis manos (móviles, mp3..) acababan rompiéndose, y aunque me había acostumbrado ligeramente, era algo que me ponía un pelín nerviosa.

Pero nunca antes había tenido electrodomésticos. Grandes. Y caros.

Cuando nos mudamos al piso, todos los electrodomésticos eran nuevos menos la nevera y el lavavajillas, que me los habían dejado mis padres. El lavavajillas era viejito, y la nevera apenas tenía tres años. La verdad es que estábamos contentos porque ahorrarte a comprar eso es una pasta que te puede servir para ponerte una cama.

Al acabar la cocina les pedí que colocaran la nevera. Primera sorpresa: El congelador funciona, la nevera no. Estupendo. Llamamos al servicio técnico. Tardan dos semanas (sí, dos semanas) en venir. Viene, no me dice qué le pasa, ni precio ni hostias. Tardan una semana más en venir después de mil llamadas y de mi padre poniendo a la marca de la nevera a parir en todas partes. Curiosamente, cuando íbamos de buenas no nos hicieron caso, al primer momento de ir de malas tenía al técnico en mi casa. Nos costaba 500€ arreglar la nevera, lo que había costado comprarla en su vida. ¿Entonces? Ahora tenemos una Lieberr más bonita que un san Luís, y 600€ menos, per la nevera es nueva.

Al poco, un día comemos, ponemos el lavavajillas y la dejamos en marcha. Nos vamos. Cuando volvemos, ÉL va a sacarlo y se da cuenta de que la pastilla no se ha deshecho bien. Qué raro. Miramos todos los platos, cubiertos… Todos sucios. ¿Qué ha pasado? El lavavajillas se ha roto poco después de ponerlo en funcionamiento. Se encienden todas las luces, pero cuando le das al botón de poner en marcha, no fuciona. Así que ahora lavamos a mano.

El viernes, con mi suegra en casa, queremos agasajarle con una cena, a ella y a mis padres. Todo perfecto. Fuera, el diluvio universal. Mientras yo cocino un poco ÉL ha acompañado a mi padre y a su madre a comprar un par de cosas (entre ellas, nuestra nueva tabla de planchar). Viene mi hermano con mi sobrino a verme mientras los demás están fuera, y el niño toca de manera insistente (algo que hace siempre porque le gustan los interruptores) el timbre, que no tiene marco aun porque no hay manera de que nos lo manden. Están conmigo unos diez minutitos, más o menos. Se van, me quedo sola en el piso. Oigo un ruido como el de bombilla petada y se apagan todas las luces. Además huele a quemado. Llamo a Pablo (que en ese momento estaba en casa de mis padres) empezamos a mirarlo todo y nos quedamos como preguntándonos si había habido un apagón por la cantidad de elementos conectados, pero eso no me cuadraba por la “explosión” ni con el olor a quemado. ¡Sorpresa! Cuando, más tarde, bajan mis padres a cenar, nos encontramos con lo que yo temía: el timbre no funciona. Eso era lo que olía a quemado. Habíamos frito el timbre. Ahora la gente llama con los nudillos.

Esa misma noche utilizamos el horno para hacer unas patatas con queso muy sencillas y que están muy ricas para acompañar con la carne que hicimos de segundo, además de un intento de pizza de nutella que me salió con el culo, pero más adelante ya lo lograré y me quedará perfecta. Como yo había cocinado, Pablo quiso recoger, así que mi suegra y yo nos sentamos como dos horas a hablar mientras el chico recogía la cocina, limpiaba, etc. Decidimos probar la pirólisis del horno, comprado en Ikea en Julio, usado en total tres veces, contando las dos de la cena del viernes. Al día siguiente nos levantamos y nos sorprendió ver que la luz del horno (tiene un pequeño display con la hora, siempre encendida) está apagada. Extraño. Nos acercamos: el horno no se puede abrir. ¡Alucina! El horno bloquea la puerta cuando está en pirólisis o con temperaturas demasiado altas. Eso nos indica que el horno se quedó misteriósamente sin electricidad mientras estaba con la pirólisis, o por alguna razón se ha bloqueado… No hemos podido abrir la puerta desde el sábado. Tema eléctrico no es, porque sino se hubieran bajado los plomos… Y cuando llamo al servicio técnico está siempre ocupado. Así que nada, si hay que calentar algo pues al micro, que por algo nos dejamos en él también una pasta.

Y es que ya he llegado a pensar que en casa hay un cementerio indio. O su análogo aquí en la península ibérica. ¿Es normal que se rompan tantas cosas en tan poco tiempo? Supongo que sí, pero no me podéis negar que cuatro cosas en tres semanas es síntoma de muy, muy mala suerte. Por eso digo: en vez de meternos por succión en los armarios y acabar saliendo por la tele, se están cargando directamente mis electrodomésticos. Y es que, a la larga, joder más.

Sé que me dejo más cosas, o peor aun, que se romperán más cosas de aquí a que acabe el mes. Así que ya sabéis: ¿Un euro para el fondo para arreglar mis electrodomésticos?

Siguiente página