Archivo paraDiciembre, 2007

Mala señal

Esta mañana, cuando ha sonado el despertador, hacía un día muy raro. Hoy no he ido a trabajar porque me he pasado toda la mañana de médico para arriba a médico para abajo (ya os contaré, nada grave), así que nada más despertarme, en vez de tomarme mi ducha habitual, me he ido al piso de abajo a desayunar algo.

Mientras bajaba la escalera me he encontrado a  mi perra Bicho, así que la he cogido en brazos porque estaba en el alféizar que hay en la pared y le he dado unos cuantos mimitos mientras bajaba. Me dirigía al salón a saludar a mi madre cuando, extrañamente, la he visto en la terraza, mirando hacia la piscina. He salido con ella.

Me he puesto a su lado mientras notaba que el Bicho temblaba entre mis brazos: al ser tan pequeñita nunca le han gustado demasiado las alturas. Es comprensible, yo también tengo poco tamaño y las alturas no me hacen ninguna gracia. Me he puesto a la altura de mi madre, protegiendo mis ojos (todavía adormilados) de la luz mortecina y le he preguntado a mi madre qué hacía fuera, con la tos que tiene, a lo que me ha dicho:

- Cielo, la Cusca ha vuelto a salir… siempre que sale es una mala señal.

Entonces me he dado cuenta de un detalle muy curioso. He mirado hacia adelante y he visto por qué el día está tan raro: medio cielo (la parte izquerda) estaba despejado, brillaba un sol radiante… pero justo en medio, en un corte vertical, empezaba la noche, con un cielo más oscuro que el fondo de un abismo. Entonces he mirado hacia abajo, hacia la piscina, y he visto a mi perra Cusca, que había salido de su tumba en el jardín. En fin, yo pensaba que había sido incinerada, igual que la Bruna… pero no, ambas estaban ahí, campantes… les faltaba un poco de piel a ambas, más a la Cusca que a la Bruna, y además estaban sucias de tierra… Por lo demás ahí estaban, jadeantes y un poco nerviosas, pero nada que llamara demasiado la atención.

En cambio mi madre estaba un poco más nerviosa, aunque sabía que era algo que pasaba a menudo. Entonces me ha preguntado algo del Bicho, aunque, como estaba más atenta a los círculos de oscuridad que empezaban a comerse el sol, no lo he entedido muy bien, pero sí que me ha hecho pensar en voz alta:

- hum, claro, si el Bicho está muerto… ¿Qué hace en mis brazos? 

Ahí ya me he empezado a preocupar, porque sentía una angustia inquietante que me encogía el estómago. Mi madre cada vez estaba más pálida, se le estaba cambiando la cara… Le mutaba a una mueca de terror mientras emitía un gañido insoportable… Entonces lo he entendido todo.

Ha sonado el despertador.

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He vuelto a cantar en la ducha

Sí, así es. El viernes, supongo que ante la felicidad de saber que al día siguiente cogía un avión para irme a Córdoba, canté bajo los chorros de agua como hacía tiempo que no lo hacía. Qué momentos, qué momentos….

En la ducha se pueden hacer muchas cosas (cada uno que las piense), pero creo que, a parte de lavarse, la segunda cosa que nos sale a todos de forma natural es cantar. ¿Por qué? Muchos dicen que es porque el agua es revitalizante y energizante, así que nos ponemos a cantar. Pero yo creo que en realidad cantamos porque el agua y la cutre-mampara (o mampara a secas, en el mejor de los casos) amortigua el sonido de tal manera que te sientes en una de esas peceras de grabación con un técnico aplicándole filtros a la voz, y como todos, en algún momento de nuestra vida (sobretodo en la edad del pavo) hemos querido ser estrellas del pop (rock o lo que sea) no podemos controlarnos y nos salen nuestros gorgoritos.

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Pero que quede bonito, ¿eh?

(Derecho a pataleta 1)

Esta frase me revienta. Me revienta por todos lados. Sobretodo porque la suele decir mi madre.

Mi madre tiene una mala costumbre: no hacer nada. Y cuando digo nada, es nada: se jubiló hace un tiempo después de haber trabajado mucho, tanto en la empresa de mi padre como en casa (somos cuatro hijos), y por lo tanto ha decidido que ahora es su tiempo de descansar.

Así que bueno, me he acostumbrado (porque no me queda otra y porque mi padre ya tiene bastante con lo que tiene) a ser su recadera oficial. Para todo. Mi abuela tiene que ir al médico; la llevo yo. Tiene que hacerle un regalo a mi padre; lo pienso y lo compro yo. Hay que decorar la casa de Navidad; lo pongo yo mientras ella mira la tele. Y no me quejo. Bueno, al menos no suelo quejarme, porque hay veces que me saca de quicio. Sobretodo cuando me dice que yo a ella no le hago ningún favor. Ha llegado un punto en que el hecho de que yo le haga cosas, con todo el gusto del mundo, ha supuesto una obligación, y a menos que se trate de cosas como cortarme las venas o algo que me suponga un verdadero esfuerzo, como dejar de respirar, nada es un favor. Por lo tanto, como no lo valora como tal, las pocas veces que yo le pido algo le supone un mundo, y encima me pone ese tono de voz tan característico de ella que es una mezcla entre “me sacas de quicio” y “menudo coñazo” y “sabes que lo hago por obligación” que son únicos.

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Terry Pratchett tiene Alzheimer

Anoche me llevé un disgusto muy grande. Vi publicado en menéame un comunicado de Terry Pratchett, en el que informa a los medios y a sus fans (millones de personas) que se le ha detectado un tipo muy raro y muy precoz de alzheimer. Está en la primera fase de la enfermedad.

Cuando leí su primer libro empezó mi fascinación hacia el hombre del sombrero. Se llamaba Ritos Iguales. Reconozco que no es de los mejores, pero era la primera vez que caía en mis manos un libro de Fantasía tan original sin ser infantil. Si no recuerdo mal, tendría unos 12 o 13 años. A los 14, mi nick oficial, ya fuera para Internet como para cualquier otra cosa, era Eska (de Eskarina) uno de los personajes protagonistas del libro. Cogí ese nombre porque el personaje compartía conmigo una característica física que en aquella época me acomplejaba mucho: las paletas (los dientes delanteros) rotos. En fin, yo era un poco pava. Pero ese nick me ha estado acompañando hasta hace bastante poco… De hecho, hasta hace poco más de siete meses.

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