Mala señal
Esta mañana, cuando ha sonado el despertador, hacía un día muy raro. Hoy no he ido a trabajar porque me he pasado toda la mañana de médico para arriba a médico para abajo (ya os contaré, nada grave), así que nada más despertarme, en vez de tomarme mi ducha habitual, me he ido al piso de abajo a desayunar algo.
Mientras bajaba la escalera me he encontrado a mi perra Bicho, así que la he cogido en brazos porque estaba en el alféizar que hay en la pared y le he dado unos cuantos mimitos mientras bajaba. Me dirigía al salón a saludar a mi madre cuando, extrañamente, la he visto en la terraza, mirando hacia la piscina. He salido con ella.
Me he puesto a su lado mientras notaba que el Bicho temblaba entre mis brazos: al ser tan pequeñita nunca le han gustado demasiado las alturas. Es comprensible, yo también tengo poco tamaño y las alturas no me hacen ninguna gracia. Me he puesto a la altura de mi madre, protegiendo mis ojos (todavía adormilados) de la luz mortecina y le he preguntado a mi madre qué hacía fuera, con la tos que tiene, a lo que me ha dicho:
- Cielo, la Cusca ha vuelto a salir… siempre que sale es una mala señal.
Entonces me he dado cuenta de un detalle muy curioso. He mirado hacia adelante y he visto por qué el día está tan raro: medio cielo (la parte izquerda) estaba despejado, brillaba un sol radiante… pero justo en medio, en un corte vertical, empezaba la noche, con un cielo más oscuro que el fondo de un abismo. Entonces he mirado hacia abajo, hacia la piscina, y he visto a mi perra Cusca, que había salido de su tumba en el jardín. En fin, yo pensaba que había sido incinerada, igual que la Bruna… pero no, ambas estaban ahí, campantes… les faltaba un poco de piel a ambas, más a la Cusca que a la Bruna, y además estaban sucias de tierra… Por lo demás ahí estaban, jadeantes y un poco nerviosas, pero nada que llamara demasiado la atención.
En cambio mi madre estaba un poco más nerviosa, aunque sabía que era algo que pasaba a menudo. Entonces me ha preguntado algo del Bicho, aunque, como estaba más atenta a los círculos de oscuridad que empezaban a comerse el sol, no lo he entedido muy bien, pero sí que me ha hecho pensar en voz alta:
- hum, claro, si el Bicho está muerto… ¿Qué hace en mis brazos?
Ahí ya me he empezado a preocupar, porque sentía una angustia inquietante que me encogía el estómago. Mi madre cada vez estaba más pálida, se le estaba cambiando la cara… Le mutaba a una mueca de terror mientras emitía un gañido insoportable… Entonces lo he entendido todo.
Ha sonado el despertador.
