11.06.07

Mis perros

Publicado en Brontë tagged , , , , a 1:08 pm por Brontë

Este 1 de Noviembre hemos dicho adiós a mi última perrita. Y digo última porque seguramente no tenga más perros, al menos mientras viva en casa de mis padres… Y aunque me encantaría tener otro, ÉL y yo nos lo tendremos que pensar más adelante.

Toda la vida he tenido perras. Digo perras porque los machos nunca han sido del agrado de mi madre por la manía que tienen de montar cualquier cosa con una forma medio montable como piernas o cojines. Mi primera perra la tenían antes de que yo naciera y me tenía unos celos de espanto. Tiffy (contracción de Tiffany’s… cosas de mi madre) era una mala pécora que me odiaba y aprovechaba cualquier ocasión para hacerme daño o castigar a mis padres. La última vez, cuando yo tenía cuatro años, la muy perra (nunca mejor dicho) me mordió en el labio superior porque me acerqué a su cuenco de comida. Todos los demás se podían acercar, pero yo no. Eso fue la gota que colmó el vaso, y sumado a la molesta costumbre de mearse en la cama de mis padres cuando salían a  algún lado conmigo, decidieron regalársela a mi por entonces niñera (alguna vez os he comentado lo pijos que son mis padres?) a tiempo completo que iba a dejar de serlo porque estaba embarazada.

Más adelante, el día antes de cumplir los cinco me quedé en casa con mi abuela y todos se fueron a comprarme mi regalo. Era una chow-chow de color canela precioso, con una cara increíblemente guapa. Cusca (así se llamaba) era preciosa como un chow-chow pero también tenía el mal genio de un chow-chow. Solo tomó como dueños verdaderos a mi padre y a mi hermano mediano y a los demás solo nos dejaba acercarnos cuando estaba de buen humor. Aun así era más o menos buena conmigo y me dejaba que me tumbara sobre ella mientras le rascaba en el cuello, o me dejaba que la utilizaba como almohada. Es que de pequeña siempre estaba por el suelo…

Al cabo de seis años murió de un ataque al corazón. Al parecer el animal tenía pedigrí, y de pedigrí también le venía un problema de corazón, así que murió un día de septiembre mientras yo estaba en el cole. Qué fuerte, acabo de recordar que murió la semana de antes de que me viniera la regla por primera vez. En fin… Me dio muchísima pena y como fue el primer ser querido que se moría a mi alrededor ya vi que la pena de alguien que se muere no es por el que se muere, sino por el que se queda y lo echa de menos.

Aun así, para alegrarnos las penas, teníamos a Turqui, un Bichon Maltés Frisé que trajeron un añito después de traer a la Cusca a casa. Es uno de esos perros patada (o sea, un perro pequeño) blanco y que necesita miles de cuidados que yo no le iba a dar, porque al fin y al cabo el perro patada era de mi madre, que echaba de menos tener algo con lo que jugar después de haber tenido que dar a la Tiffy. Aun así, a los demás nos parecía insuficiente porque los cuatro hermanos queríamos un perro grande, y no sé cómo conseguimos convencer a mi padre para que comprara a la Bruna.

La Bruna era un San Bernardo preciosa que murió el año pasado. Ya estaba muy mayor y además había pasado una vida bastante peculiar. Primero tuvo una enfermedad rara (por un virus que pega un insecto, la verdad es que ahora no recuerdo muy bien) que no dejó que creciera todo lo que tenía que crecer. Su padre era el que hacía la publicidad de la comida Eukanuba, y si lo vierais… en fin, era un San Bernardo más grande que el de la peli. Total, que se quedó pequeña, y la cosa no mejoró cuando un perro que se escapó de casa de un vecino se metió en la mía y la montó. Fue un polvete de nada, pero el animal tenía un tiro tan certero que la dejó embarazada.

Su embarazo fue fenomenal. Hicimos obras en casa aprovechando lo ocurrido, obras que incluían una habitación más donde le pusimos su cajón de madera para que tuviera a las crías. El embarazo fue normal pero el día que tenía que parir no parió, así que al día siguiente la llevamos a que le hicieran una cesaria. Llevaba unos cuantos cachorros, pero como estaba tan débil (fue poco después de la enfermedad que la dejó tocadilla) muchos no habían salido bien, y solo podría amamantar a unos cuantos. Afortunadamente los cuantos que podía amamantar fueron cuatro, los cuatro que sabíamos que sobrevirían a la primera noche. Qué cosas más bonitas, por dios… Eran tres machos y una hembra, y yo me enamoré de uno, Negrito, que era el más dulce de todos y que me seguía a todas partes. Tanto me seguía que cuando ya se acercaba el verano y él podía salir de casa, al ver que me metía en la piscina el perro vino detrás para estar conmigo, y al encontrarse de pronto en el agua se llevó un susto de muerte. Desgraciadamente mis padres no quisieron quedárselo (aunque casi lo consigo) y regalaron todos los perros. De nuevo nos quedamos solo con la Turqui y la Bruna. Qué lástima, me acuerdo de ese perrito y me da una pena…

La Turqui también se hizo mayor y empezó con los tumores en las mamas. Pobre animal, lo pasó muy mal, pero la mimábamos muchísimo. Siempre dándole caricias y mimos, menos las veces que tuvimos que llevarla al hospital para que la operaran por su enfermedad. La pobre perra aguantó como una campeona, pero finalmente murió en el 2001, y entonces mi madre se empeñó en que compráramos otro perro: el Bicho.

El Bicho, aunque su nombre no lo deje claro, era una hembra de la misma raza que la Turqui pero de pelo liso. Aquí tengo que explicar algo. Los nombres de Bruna y Bicho no salieron nunca de nosotros. Para estos dos perros no nos podíamos poner de acuerdo en qué nombre elegir. Para la Bruna mi madre quería llamarle Tara, otro de mis hermano Utah (es que tenía un sentimiento americano demasiado pronunciado…), yo ya ni me acuerdo… Total, que no nos poníamos de acuerdo, y como el animal tenía que quedarse con un nombre se quedó con el que le pusieron en el criadero de Sant Pedor. Para el nombre del Bicho pasó más o menos lo mismo. Cuando nos la llevamos a casa era tan pequeña que cabía en mi mano, y que conste que tengo una mano muy pequeña. Era como un bichito pequeñito, muy dulce y muy mona. Tampoco nos poníamos de acuerdo con el nombre, pero todos empezamos a llamarle bicho para regañarla cuando hacía alguna travesura. Así que cuando la llevamos por fin a ponerse el chip, a mi hermano pequeño solo se le ocurrió registrarla como bicho. Y Bicho se quedó.

El Bichito ha vivido muy bien, siempre mimada. Era muy faldera… Pero mi abuela le destrozó el hígado. No sé si alguna vez os he hablado de mi abuela materna. Ella vive en mi casa, y tiene un carácter peculiar. Vamos, un carácter de vieja muy vieja. La tía, que los tiene cuadrados, sabía perfectamente que no se le debe dar absolutamente nada de comer al perro porque le sienta mal. Aun así, sabiéndolo, y para castigar a mi madre (no se llevan demasiado bien porque, de los 60 años que tiene mi madre, han convivido 55) le daba de comer todo lo que le caía en sus manos. Desde ternera hasta café con leche pasando por galletas, verduras o lo que queráis. En un perro grande no pasa gran cosa, pero en un perro pequeño (exactamente, un Bichon Maltés enano)  es lo peor que puedes hacer porque lo matas, literamente. El pobre animal tenía de todo, hasta ataques epilépticos que le paralizaban entera, incluido el sistema respiratorio. Y el otro día le dio el último. Mi abuela todavía tenía la jeta de preguntarme por qué se había muerto la perra. En fin, como si no lo supiera ya…

Y mi padre dice que se acabó. Lo entiendo porque un perro ata mucho, pero me da tanta pena no tener un perrito en casa… !Se me hace tan sumamente raro entrar en casa y no ver a la bolita blanca enredada entre mis piernas! Supongo que si tengo perros será ya cuando esté felizmente casa con ÉL y tenga tiempo para cuidar a un animal, pero mira… Este año, para mi cumpleaños, hará 20 años que me regalaron a mi primer perro… ¿Y si cayera otro?

9 comentarios »

  1. Pal escribió,

    yo a la que le decía el bicho a partir de ahora… era a tu abuela… y veeeen!!! en España tampoco se pierden los perros, porque tienen chip!!! y acá además tatuaje en la oreja y castrados también están … no si Sonia tiene razón, el rapto express de perros daría para vivir bien en esta Europa tan “guay”.

    A mi también me encantan los perros… y acá en este maldito mundo donde te cobran + o – 300 € al año por tenerlo, y si se te enferma y no tienes seguro anda pidiendo un credito al banco… y que se yo que más a parte, que mucha alcurnia, pero nada de patio y solo departamento… no me dan los nervios!!!! qué perro traigo a sufrir a un depto!!! (100mt² son para un bicho de esos la nada… y ya lo veo resbalando escalera pa’bajo…)

    Nada: resignación hija mia, resignación.

  2. Brontë escribió,

    Dios mío Pal, tan caro es mantener a un perro? me sorprende, en serio… Supngo que porque aquí tener un perro es lo más normal del mundo y porque el veterinario es caro de pelotas, pero no tantísimo. Además, hay clínicas especializadas que te ayudan si hace falta a pagarlo, o te dejan pagarlo a plazos… No sé, es que es una mascota, pero se quiere como a un miembro de la familia, no??
    Y lo de los 300€ por qué es? Es por impuestos?

  3. Lucía escribió,

    Yo siempre había tenido perros (bueno,2 tampoco tantos) y Leela es la primera perrita y aunque a veces hecho de menos la libertad que tienes cuando no hay un perro en casa (y los mosqueos que te ahorras porque nadie te muerde las paredes …), en esos momentos la miras y te pone esa carita que a ella le sale natural y te derrites.

    A Leela la compramos entre el Mr. y yo apenas un mes después de estar viviendo juntos y no nos arrepentimos de ello. Claro que a los dos nos encantan los perros.

  4. carmncitta escribió,

    AYyyyy que penita da cuando se marchan………mi madre no quiere perros por eso mismo, después de que se muriera la perrita de mi tía a la que queríamos todos mucho nos dio cosilla pensar en tener uno. Pero bueno eso es lo que piensa ella, yo algún día quiero tener uno jeje porque dan mucho cariño.

    muaaaaks

  5. Brontë escribió,

    Lucía, nosotros habíamos pensado en tener un perro pero dentro de unos años. Es decir, cuando nos vayamos a vivir juntos de buenas a primeras no porque vamos a viajar bastante y… Qué hacemos con el perro? Mi padre me mata si se lo dejo!! Ahora, tu Leela es una preciosidad…

    Citta, sí que da mucha pena pero creo que también enseñan mucho, sobretodo a los niños pequeños. Así que supongo que cuando tenga hijos y ya esté “atada” seguramente tendré un perro. Da mucha pena cuando mueren, pero mientras viven dan una alegría enorme, y además enseñan responsabilidad a los niños!

  6. acoolgirl escribió,

    Jooo!!! La verdad es que yo no sé si querría más en tu caso… Es que me pongo tan mal cuando se me muere un animal que no podría soportarlo otra vez!!!

    Yo tengo un perrillo y la verdad es que está muy viejo ya. Lleva más de 14 años (de persona) con nosotros… y no quiero ni pensar el día que muera…

    Un besazooo

  7. La verdad es que a mi me encantan los animales, pero como está claro luego conlleva que su vida al no ser muy larga, pues cada vez que un ser querido nos abandona pues nos afecta.

    Una lástima, pero tranquila que ya tendrás tiempo para tener de nuevo un perrito en casa.

    Un beso.

  8. Jorge escribió,

    Yo tengo varios años ya de no tener una mascota y tienes razón, se siente uno raro… recuerdo a todos mis perros con mucho cariño y me encantó leer tus historias, todas llenas de cosas lindas que te dejaron esas perritas no?

    un beso

  9. noelia escribió,

    Pues tengo una perrita que se llama ruby,esta en la azotea,pero ella esta muy triste ahí,mi madre no la kiere en la casa,por favor dejadme comentarios para k le puedo decir a mi madre para k la perra esté en mi casa.


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