De viaje por la Costa Este: New York (Chapter One)
El sábado por la mañana dejamos Washington para dirigirnos por fin a Manhattan. Nos hospedábamos en el Buckingham Hotel, que estaba en la 56 con la Sexta, es decir, una calle por debajo de Central Park. La situación no podía ser mejor y además el hotel estaba en muy buenas condiciones.
Fuimos a un Mall de Manhattan donde uno de mis hermanos comentó que se podían encontrar bastantes tiendas, y ya que casi todos habíamos ido con lo justo de ropa, pensamos que lo mejor sería hacer ahí la primera parada. Compramos algo ahí (no demasiado) y ya bastante abanzada la tarde llegamos a Manhattan, a través del túnel Lincoln (todo está dedicado a este hombre en este país). La primera imagen desde luego es escalofriante, aunque reconozco que sin las torres el perfil de Nueva York se queda un poco cojo. Encontramos el hotel a la primera y, mientras unos deshacíamos las maletas otros devolvían el coche que habíamos alquilado para hacer el trayecto de Washington a NYC.
Después de descansar un pelín (a mí las tiendas me cansan muuucho, mucho) decidimos ir a Times Square andando y cenar en el TGI’s Friday donde la carne en teoría era buena. Después de un par de fotos y de andar por las larguísimas manzanas de NY ya teníamos algo de apetito y nos pusimos las botas. El problema es que estaba tan cansada que lo disfruté poco, aunque claro… Aun me quedaban seis días por delante para disfrutarlo de verdad…
El domingo ya fue otro día. Teníamos previsto ir a ver una ceremonia Gospel y por lo que habíamos visto sabíamos que debíamos ir bien vestidos. Total, que yo me puse mi vestido monísimo (el mismo que me había puesto para la casa blanca, de palabra de honor, con un cinturón justo debajo del pecho y un vuelo increíble desde la cintura hasta abajo) para asistir a la misa, aunque antes pasamos por un bar que estaba muy cerca del hotel para desayunar. ¡Y qué delicia! Yo me pedí las típicas tortitas americanas con chocolate y ÉL el desayuno especial de la casa: tostadas francesas, huevos y salchichas. Nos pusimos las botas y al salir del bar… En fin, ¿os acordáis de esa famosa escena en la que Marilyn se pone justo encima de una salida de aire del metro y se le sube la falda hasta los hombros? Pues bien, eso mismo, mismito, me pasó a mí, con la mala pata que me di cuenta cuando ya tenía la falda que me tapaba toda la cabeza. Cuentan mis primas que no me ayudaron a bajarme el maldito vestido porque me quedó un movimiento muy sexy cuando intentaba hacerlo yo sola, y que estaban tan descojonadas de la risa que no podían ni moverse. Serán zorras… ¡Menos mal que llevaba ropa interior de la cara!
↑ Ambos con nuestros súer desayunos… Y mi vestido cinematográfico. Ah, y mi anillo de compromiso. Se ve grandote, eh? Es que ES grandote! jijiji
Después del momento vergonzoso del día (alguno, estando yo, tiene que haber) cogimos un taxi para ir a la misa, en una iglesia situada en el límite del Bronx. Pensábamos que empezaba a las 11, y cuando llegamos nos dimos cuenta que ya hacía media hora que había empezado. Aun así, nos metimos y empezamos a disfrutar del espectáculo.
¿Sabéis? Es la única vez que he ido a una misa y no he sentido que me estuvieran tomando el pelo. Era una iglesia bastante pequeña, prácticamente sin ningún ornamento: Entrabas y justo te encontrabas con una sala que hacía a su vez de recibidor y que, justo delante, tenía unas puertas de cristal desde la que veías toda la iglesia. Nada del otro mundo: una tarima enfrente donde había un pequeño altar y unas cuantas sillas detrás para el coro de feligreses, un órgano a mano derecha justo al acabar la tarima y enfrente los bancos. Más o menos a dos metros de la puerta de cristal había un arco que hacía un poco de separación, y a mano derecha del arco una mesa de sonido que manejaba un hombre. Nada más entrar una señora nos indicó dónde debíamos sentarnos, es decir, en los bancos anteriores al arco para no entorpecer el ritmo de la misa. El cura iba mezclando el monólogo con el canto y estaba acompañado por el organista, un tío enooooorme que parecía sacado de una peli. La función del órgano era, a parte de acompañar al coro cuando se ponía a cantar, la de crear la atmósfera perfecta para que las palabras del cura hicieran más efecto.
Y reconozco que el sermón, aunque evidentemte no lo entendí todo, me encantó. Empezó a comparar las épocas que pasamos todos con las estaciones: cada persona pasa en algún momento por una época mala, igual que el invierno donde todo es tan frío, áspero y sin vida que parece el final de todo, pero se ha de tener fe ya que esa época se acabará, igual que acaba llegando la primeravera con su halo de vida incluso cuando parece que todo está acabado. En fin, dicho así, sin ninguna gracia, no parece nada del otro mundo. Pero os aseguro que dicho por un tío con una voz súper profunda, poniéndole el énfasis adecuado a las palabras y acompañado de vez en cuando por el coro emociona. En fin, yo me emocioné, y reconozco que más de una vez. Me pareció tan bonito…
Pero ahora viene lo que nos alucinó a todos. El sermón no solo me había emocionado a mí sino también a muchas de las feligresas. Presumiblemente, estaban en una de esas épocas (Theeeee Seaaassooooon, como decía el cura) malas. Así que una señora (que no sé de dónde salió) las fue cogiendo una a una (a unas cuatro o cinco) y las puso en círculo, al que acudió el cura con la intención de animarlas. Así, en círculo, con el coro cantando de fondo, el cura empezó a darles ánimos a todas, cantando y hablando, algo que fue de piel de gallina. Las fue bendiciendo una a una y cuando llegó a la última, ésta se puso a gritar mientras lloraba de una manera desgarradora y nadie la podía controlar. No sabíamos si era porque lo estaba pasando mal o porque estaría en estado de shock o vete tú a saber qué… pero la verdad es que fue para flipar. Poco después de esto, cuando ya consiguieron calmarla, pusieron un cepillo frente al altar y los feligreses se levantaron… Así como mi padre, que ante grititos desesperados y avergonzados de mi madre, caminó con decisión y con una sonrisa de oreja a oreja en su cara de buda feliz a echar algo al cepillo. Después de eso, todos los turistas que estaban alrededor también se levantaron a hacer sus donaciones. En fin, no hay nada que le pueda dar vergüenza a mi padre.
↑ Mi padre, con sus diferentes ropajes.
Cuando acabó la misa, el cura estaba esperándonos en la puerta de cristal para estrecharnos la mano a todos y decirnos algo. Lo hicimos (darle la mano) y nos fuimos de nuevo al hotel, porque yo no quería arriesgarme a que el vestido se me pusiera por sombrero otra vez.
Decidimos ir a la zona del puerto en metro para coger las entradas del ferry de la estatua de la libertad: lo más complicado que he visto en esa ciudad es entender el metro a la primera. Luego no es tan difícil pero… Bueno, como no nos dejaron ni a ÉL ni a mí mirar por dónde teníamos que ir, acabamos perdidos fuera de Manhattan. Después de una media hora o así conseguimos por fin hacernos con el mapa y localizarnos. Salimos del metro y, también después de un par de equivocaciones (”Es ese edificio, no?” “hummm, pues diría que es aquel otro” “Sí, pero ahí pone Ferry” “Pero, ¿estaba en un edificio la venta de entradas?” “Pues será nuevo. Niña[niña=Brontë], pregunta”) conseguimos llegar a la plaza donde está el pseudo ruedo con las taquillas para coger el ferry que te lleva a la isla de la Estatua. Nuestra intención era ir el mismo día que compramos las entradas, pero nos encontramos con que la cola que había para subir al barco era monstruosa y que nos iban a dar las uvas, así que, con las entradas ya en mano, nos comimos un perrito y decidimos dejar el barco para otro día.
Aunque no ese barco. Acabamos cogiendo el otro barco, que sí que vendía las entradas en un edificio, que te da un tour gratuito por la costa de Manhattan, y ves tan de cerca la Estatua de la Libertad que ya te haces una idea de lo engañado que te tienen en las películas norteamericanas. ¿Cómo puede parecer tan monstruosa y enorme en la tele, y tan pequeña y ordinaria en la vida real? En fin, el mismo sentimiento de frustración que cuando vi la Mona Lisa o cuando intenté ver Titanic. Demasiada expectación para lo que es en realidad. Y eso que ya había visto la Estatua antes, pero seguía sin recordarla tan pequeña en comparación con el resto de edificios de Manhattan.
↑ Vista desde el Barco. Si os fijais hay un pequeño edificio incustrado entre los rascacielos desafiando a todas las inmobiliarias que deben de haber puesto su ojo en él. A ver si conseguís encontrarlo… está bastante centrado!
↑ La Estátua de la Libertad vista desde el Barco. Bastante cerca, verdad?
↑ Otra vista del centro financiero de Manhattan
Después de eso nos separamos. Mis padres quería comprar algo para tener en el hotel comida para aquellos días en que nos diera pereza salir por la noche, así que ÉL y yo les acompañamos mientras los demás se iban por ahí a seguir dando vueltas. Nos comimos un helado a la salida del metro, a los pies del grandioso Hotel Trump, y fuimos a comprar a uno de esos súpers que menos alcohol tienen de todo, incluso comida preparada para consumirla ahí mismo. Lo dejamos todo en el hotel y nos fuimos a dar una vuelta y al Armani Exchange de la Quinta Avenida, tienda en la que vacié media cartera y llené medio armario, y donde nos esperaban mi hermano y mi cuñada. Compramos (mucho, mucho! Quiero más, más, MÁS!!!) y ya nos fuimos a al hotel, donde cenamos en una de las habitaciones (tenían cocina, por cierto) y nos fuimos a dormir… El dia siguiente prometía ser agotador.







Brontë escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 1:09 pm
Uy, madre mía… perdón por el tocho.
acoolgirl escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 1:25 pm
Aysss!!! Cómo mola como te ha quedado!!! Qué orgullooooo!!!
Gracias, gracias, gracias!!!
Luego te leo y te comento, vale??? Que estoy en el curro y no puedo ahora.
Hasta luego!
Muaaa
carmncitta escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 1:32 pm
madre mía, como tú dices me imaginaba la estatua mucho más grande y en la foto no se ve tanto…que cosas, eh??
Estoy ansiosa por leer el siguiente post
muaaaaaks
Jorge escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 2:35 pm
un poco diferente que Europa no? jeje … esos hot cakes se ven hmmm ricos!! y si, el anillo grande tambien
me encantan las crónicas largas y detalladas como esta, esperaré la siguiente con ansia! un beso!
Brontë escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 2:55 pm
Y yo que pensaba que sería demasiado largo… A ver quién se raja y no lo lee! jeje Lo entendería, eh?
Pronto habrá más!
acoolgirl escribio,
14 Septiembre, 2007 @ 8:11 pm
QUe pasadaaaaa!!! Me muero de envidia, que lo sepas!!! Jajajaa!!!
Pero en un tiempo voy a estar alli, lo se!!!
Un besazooo
PD: Me encanta tu vestido y tu anillo, por supuesto!!
El Hidalgo Informático escribio,
17 Septiembre, 2007 @ 10:17 am
De tocho nada, que se hace muy fácil de leer. Más que nada porque es uno de los viajes que tengo pendiente y que espero cumplir en un tiempo razonable de tiempo.
Jajaja lo del vestido muy bueno, por lo menos ahora ya queda en una anécdota graciosa y curiosa.
Un beso.
Brontë escribio,
17 Septiembre, 2007 @ 11:44 am
CoolGirl, pues en breve tendré que volver porque ÉL me prometió un tour Sex and the City… Y lo tendrá que cumplir! jeje Y para entonces espero poderle haber comprado la reflex…
Ay Hidalgo, si solo fuera una anécdota lo que a mí me pasa… pero es que me pasa de todo! jejejeje
Me alegra que no se os haga pesado, porque hay tantos días que…
FiFi escribio,
20 Septiembre, 2007 @ 10:49 am
De verdad que parece increible que hayas estado allí, te volvería a decir la envidia que me das pero no sería suficiente para expresar lo que siento. YO QUiERO TAMBiEN!!! Pero desde luego que lo 1º que yo haría si estuviera allí sería pasearme por la calle de Carrie jauajaujau y visitar todos los sitios donde ellas han estado, y Central Park y la 5ª Avenidaaaa, ainsssssssss, que me emociono yo sola soñando. Aunque ya he leido por ahí que tu futuro marido te prometió una ruta Sex & The City.
Lo del barco también es una cosa que habría hecho nada más llegar.
Y por favorrrrr, queremos ver esas carassss!! Fuera smiles amarillossss!!
ajaujajauaa. Un besazo!!
Brontë escribio,
20 Septiembre, 2007 @ 11:24 am
Uy, Fifi, es que soy muy fea y los smileys no se quitan ni de coña!! jojojojo