Al teléfono
A finales de julio mi oficina está en cuadro. Y cuando digo en cuadro me refiero a que, ahora mismo, está el jefe supremo, mi jefe directo, mi compañera, el informático (a veces) y yo. No es que seamos una gran cantidad de trabajadores en época normal, pero cuando te falta más de la mitad de la plantilla se nota.
Y como se nota, a veces hay que hacer trabajos que a ti no te tocan. Las secretarias no están así que, para empezar, yo tengo que entrar una hora antes para atender al teléfono y a la gente que aparezca porque no hay nadie más y no queda muy bien que el jefe supremo conteste a su propio teléfono. Así que nada, es cuando me encuentro, cara a cara, con la fauna (también conocido como clientes y proveedores) que llaman cada día a la empresa.
