Cementerio tecnológico
Mi cuarto es como un cementerio tecnológico. Todo viene porque tengo muy mala suerte para todo lo que se refiere a aparatos electrónicos y por mucho (o poco) cuidado que le ponga siempre acaba ocurriendo alguna desgracia. Tanta desgracia que se me acaba rompiendo todo.
Mi odisea tecnológica empezó en la era de los ordenadores. Érase una vez una niña a la que le pusieron internet en 1997. Coincidía con que le cambiaban de cuarto pronto ya que uno de sus hermanos se casaba y abandonaba el nido, así que pensaron en que ella se quedaría con el PC de éste, y comenzaría a utilizarlo no solo para los trabajos del colegio sino para ocio. En aquella época la niña no tenía ni la más menor idea de lo que eran los virus y los troyanos así que se bajaba todo lo que le parecía y lo que le apetecía: tampoco le informaron de que eso podía ser un problema. Así que su ordenador, ya un poco hecho polvo porque fue utilizado durante mucho tiempo por su hermano, un día dijo: “Que te den, guapa!” Y dejó de funcionar.
