Archivo paraMayo, 2007

Estaba claro que algo pasaba

No sé si recordaréis que escribí que una amiga, a la que llamaremos  Frida, me llamó diciéndome que sabía que estaba mal y que ella estaba ahí.  A mí me sorprendió muchísimo que ella pensara que yo podía estar pasando una época pésima, porque, aunque he estado un poco más out por muchos motivos (viajes, trabajo, tareas…), me siento mejor que nunca. Total, me quedé extrañada y me hizo pensar en nuestro pasado (cuando tomábamos el rol de salvadoras del mundo que quieren arreglar vidas ajenas que no lo han pedido), pero no le hice mucho caso.

Hasta que el viernes, una de las arpis a la que llamaremos Gaia (porque Gaia es la Diosa tierra y la arpi es igual de redonda que un planeta), decidió acompañarme a la estación de Sants a coger el tren que me llevaría a Córdoba, y gracias al café que tomamos entendí por qué Frida me llamó ofreciéndose como hombro sobre el que llorar.

Al parecer, Frida había ido el día anterior a casa de Gaia y le comentó que estaba muy mal con su pareja, que vive en otro país y que tiene un perfil de maltratador psicológico de manual. Vamos, el chico es un manipulador y ella es una chica que es buena en el mal sentido de la palabra. Vamos, algo tonta. Y se deja tomar el pelo, y sobretodo se deja manipular.

Total, que últimamente ha estado muy mal la cosa, y se han peleado mucho mucho. Tanto que, ahora que ha ido a verle a su país, no sabe si cuando vuelva a España seguirán juntos o no. Naturalmente, esto le está creando un estado de tensión descomunal y está bastante hecha polvo. Total, que la que está pasando una época horrorosa es ella, y es ella la que, desgraciadamente, necesita hablar, abrirse y tener un hombro sobre el que llorar.

No sé, imagino que le daba corte decirme directamente que estaba mal y que necesitaba hablar con quien fuera, pero sabe que a mí no me acaba de gustar su pareja pero sí que apoyo todas las decisiones que ella tome. Quizá por ello decidió proponerse como mi confidente para mis problemas, haciendo especial hincapié en abrirme si tengo alguna pelea con mi novio. En fin. Si es que estaba claro que algo pasaba.

Comentarios (9)

Ayer vi el Diario de Patricia

Sí, lo confieso. Soy una llorona. Pero no de esas que lloran una lágrima e inmediatamente cae una catarata, sino que a la mínima me pongo a llorar. Me emociono con una facilidad pasmosa y por cualquier cosa. De hecho, las lágrimas son mi manera de demostrar que algo me afecta, ya sea para bien o para mal.

Si siento rabia, lloro; si siento felicidad, lloro; si siento impotencia, lloro; si siento tristeza, lloro. Si me da el sol en los ojos, lloro. Jeje, no, en serio, que lloro por cualquier sentimiento. Eso muchas veces ha hecho que me ganara el apelativo de llorona, aunque muchas veces solo se me aneguen los ojos y nada más. Pero qué queréis… Es parte de mi personalidad, y sé que si dejara de llorar (o lloriquear, como lo llamo yo) sería porque me estaría enfriando, y que no viviría mis emociones tan intensamente como las vivo. Eso no quiere decir que sea una “Drama Queen” que a la mínima esté montando shows… O sea, que no vivo en una telenovela. Pero me gustan mis sentimientos, y no voy a esconderme de ellos ni esconderlos a los demás.

Pero ese no es el quid de la cuestión. La cosa es que, por mucho que me dé vergüenza, ayer me enganché al Diario de Patricia. Para los que no sepas qué es, es la versión española del Show de Oprah. En fin, es bastante patético. Pero mira tú por donde, ayer venía de la calle, toda calada por el agua que había caído en mi pueblo (que cuando caen dos gotas se llena de charcos de cinco centímetros de profundidad) y me apetecía tumbarme en la cama y no pensar ante la tele mientras recobraba el calor. Y mira, una chica le había traído a su hermana gemela a su novio que vive en Argentina y que nunca se han visto, y me enganché. Tanto, tanto, que me emocionó y todo, y se me escapó alguna lagrimilla. Por ver a la hermana, tan cuca ella, queriendo hacer feliz a su gemela y trayendo al novio (que por otro lado no le gustaba nada, pero como la gemela estaba enamorada… se lo respetaba). También por saber que la chica tenía un montón de complejos por el físico y que el argentino había sabido sacárselos desde lejos, y pensé: qué cuco este niño, con lo difícil que es quitar los complejos a una chica de 18 años.

En fin, que soy una llorona y me enorgullezco de ello. Pero por favor, lo que si os voy a pedir, una cosa muy importante es que… No le digáis a nadie que vi el Diario de Patricia!!!! Arggggh!

Comentarios (13)

Mi avatar: mi tatuaje

Algunos de vosotros ya lo conoceréis.

 Mi tattoo!

Al final me he decidido por mi tatuaje. En esta foto está recién hecho y he de reconocer que ahora se ve muchísimo mejor. En cuanto pueda pondré fotos actualizadas.

Parece mentira que ya vaya a hacer un año que me hice este y todavía me parece nuevo. Para empezar, la gran mayoría de las veces ni me acuerdo de que existe. Es toda una ventaja ya que dicen que si te ves mucho un tatuaje acabas cansado de él, y a los pocos años estás deseando quitártelo. Me imagino que en casos en que el tatuaje sea grande o pasado de moda es posible y factible que pase, pero como mi tatuaje significa mucho para mí es difícil que eso pase. Además, es muy pequeño, no más grande que la yema de mi dedo índice, de modo que no molesta.

Pero ahora ya estoy pensando en el próximo. Ya he visto que la aguja no duele demasiado, aunque sí que de impresión, sobretodo por el sonido de torno de dentista que hace el aparato. Aun así, creo que es bastante soportable, a menos que te lo hagas en zonas ya de por sí dolorosas, como en las zonas donde hay más hueso. Algo que me preocupaba muchísimo eran los cuidados. Había oído decir de todo, así que iba con un pelín de aprensión. Para empezar, me pasé prácticamente dos semanas con el tubo de crema hidratante que me recomendó el tatuador arriba y abajo después de quitarme la venda, que llevé apenas unas horas. Recomiendan que al tatuaje nunca le falte hidratación en los primeros días, así que siempre iba con un pegote de crema. Esos días mi brazo era como un niño: a la que me acercaba a alguien le manchaba con crema, porque al estar en el antebrazo, justo debajo de la muñeca, no lo controlaba.

El siguiente será bastante más grande, y lo llevaré a la derecha del pubis. Aunque no sé exactamente qué va a ser, sí que tengo una idea bastante aproximada, pero voy a tardar en hacérmelo porque quiero diseñármelo yo misma, y quiero tener tiempo para hacerlo. Por lo pronto, como quiero poner una inscripción, quiero buscar un alfabeto antiguo que me guste. Paso de letras chinas o japonesas porque lo encuentro una quillada (o cutrada o como queráis llamarlo), en cambio estoy pensando en alfabeto mozárabe o cualquier otro antiguo, pero reconozco que el árabe de momento va ganando. ¿Por qué? Porque tengo en mente una cenefa de estilo Nazarí (o sea, como las cenefas de la Alhambra).

nazari-1.jpg

Cuando tenga una idea más definida, cuando lo haya dibujado, os lo pondré aquí. A ver qué os parece.

Comentarios (16)

Qué difícil es ser mujer

“Hola, me llamo Brontë, tengo 24 años y soy… mujer”

Así tendría que presentarme si tuviera que ir a un grupo de ayuda. Mi principal problema es ser mujer, y mi principal problema es tener amigas. O sea, no personas amigables que compartan mi vida, sino personas del sexo femenino que se empeñan en intentar arreglarme la vida a cada paso que doy.

Cuando teníamos 18 años éramos un grupito bastante curioso: un par de gordas, una ultra delgada y tres normales, dentro de la media. La verdad es que no teníamos demasiados problemas: acabábamos de empezar la universidad y una nueva vida se presentaba ante nosotras. Empezamos a salir por cualquier motivo (hoy porque es viernes, mañana porque es fiesta universitaria y el otro porque me apetece emborracharme) y no teníamos restricciones. Nos considerábamos adultas cuando solo éramos unas niñas con un par de tallas más de sujetador. Y como pensábamos que éramos tan adultas y a la vez éramos tan niñas, siempre nos estábamos entrometiendo en todo. Que si una está comiendo poco hablábamos con su familia; que si otra se metía unos festivales (y no de fiesta, sino de polvo blanco) la sentábamos durante horas hablando de lo malo que era eso. Pero con el tiempo fuimos creciendo y nos dimos cuenta (algunas) de que la gente solo se deja ayudar cuando realmente quiere, no cuando queramos nosotras. Y lo más importante, que muchas veces veíamos problemas donde realmente no los había.

Algunas de nosotras hemos madurado, otras nos hemos quedado en el mismo punto. Yo considero que estoy en medio: para ciertas cosas muy madura y muy mujer, para otras no más que una niña. Pero al menos he aprendido que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano y aun así te sobran huesos, y que cuando se crece, la gente evoluciona. También que, cuando dos personas evolucionan, no tienen por qué acabar en el mismo punto donde empezaron, y un día pueden mirarse a los ojos y darse cuenta de que viven (y sienten) en planetas distintos.

Hoy he recibido una llamada. Una amiga de toda la vida, que durante años ha sido como el Guadiana, que ahora está mucho más integrada pero que en el fondo no sabe de la misa la mitad, y no ha vivido todo lo que he vivido yo… Afortunada ella. Por eso me decía, toda preocupada, que me veía alejada, y que quería ofrecerme su hombro para llorar. La verdad es que se lo he agradecido, pero he vuelto a pensar que no hemos evolucionado tanto si todavía me llama alguien para meterse en mi vida y en mis sentimientos, dando por supuesto que estoy en una mala época por el simple hecho de que ya no dejo que “abusen” de mi buena fe.

A las mujeres les gustan los dramas, al menos a las que me rodean. Les gusta ser salvadoras, y sacar problemas de donde no los hay. Les encanta pensar que si no cuentas un problema es porque estás mal y no quieres abrirte, en vez de pensar que eres básicamente feliz, y que tu mayor dolor de cabeza te lo dan ellas.

Pero en fin, así son mis mujeres. Cuanto más  las conozco, más las acepto, y menos me defraudo. Si es que de verdad, no entiendo por qué se empeñan en no entender que soy feliz.

Comentarios (11)

« Artículos anteriores · Próximas entradas