Archivo paraMayo 22, 2007

Qué malas son las malas críticas

Todos somos vanidosos y de vez en cuando nos dejamos llevar por el orgullo. Aunque parezca una tontería, siempre me había sentido orgullosa de mi blog porque atraía muchas visitas. Si a eso le sumamos que tengo una pareja que me adora y que siempre me dice lo bien que escribo y, además, la aparición de lectores asiduos que en algún u otro momento me han halagado, han hecho que mi autoestima como blogger/escritoria subiera y subiera como la espuma.

Debido a este subidón (subidón subidón!!) de vanidad me atreví a escribir un relato. Increíble por un lado, ya que desde bien pequeña lo había intentado y siempre los había deshechado, y por otro porque no es en absoluto mi estilo. No sabía si me iba a gustar, pero me senté delante del ordenador (¿será cosa de mi Vaio que tiene efecto de musa?) y lo escribí de una sola sentada. Cuando lo acabé, lo leí y me gustó. Después se lo mandé a ÉL y se entusiasmó: eso me subió muchísimo más la moral porque, Dios mío, si ÉL me dice que es buenísimo (y otros comentarios que me hizo que me halagaron muchísimo) me lo creo sobre todas las cosas y entonces me creo aun más que puedo llegar a escribir bien.

Total, que después de la resaca del relato, lo volví a leer y pensé: Humm, creo que no me acaba de gustar. Por su lado, ÉL le mandó el relato a una persona que ambos consideramos que escribe muy muy bien pidiéndole que diera su opinión sobre el escrito. Claro, imaginaos el estrés: ¿Qué dirá esa persona sobre eso? Entonces te vuelves más crítico y cuando lo vuelves a leer te parece un texto presuntuoso de alguien que realmente no tiene ni idea y que es más un ensayo en el que se deja claro ”Cómo quedar mal haciendo ver que se sabe escribir” que no un relato de verdad.

Cuando ha llegado la respuesta me he quedado un pelín chafada. Sí, lo primero que ha dicho ha sido que era bueno, pero que era de un estilo totalmente contrario al suyo y entonces ha descrito todo aquello que cambiaría: Prácticamente todo. Claro, ha sido bastante deprimente. A ver, evidentemente esta persona se ha tomado la molesta de analizar el texto y ver en qué fallaba y qué era lo que cambiaría, y se lo tengo que agradecer (y como tal se lo he agradecido a través de ÉL), pero claro, no deja de dañar un pelín el orgullo, aunque tú lo tengas delante y veas que no es más que un post más en la selva de post que es la blogosfera. En fin, todo el mundo tiene un relato donde aparece su sombra o su otro yo, y eso no hace que sea mejor o peor, simplemente uno más.

Esto me ha hecho pensar en por qué escribo. ¿Escribo porque me creo que soy buena? Evidentemente no, aunque en determinados momentos haya llegado a creer que no lo hago mal del todo. ¿Escribo porque quiera que me concedan un premio? Pues si a la primera pregunta es que no, está claro que a la segunda menos. ¿Escribo porque soy una egocéntrica que pienso que, lo que pase en mi vida y por mi cabeza le pueden interesar a otros? Un poco de egocentrismo sí que tengo. Pero sobretodo escribo porque me divierte y es una manera de desfogarme un poco.

Los halagos no son buenos, porque se te suben a la cabeza, y hace que uno mismo se suba a un pedestal. Cuando eso pasa, la caída, que nunca sabes cuándo va a llegar, es aun más grande. Esto me pasa por no saber escribir con metáforas.  

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