¿Ciudadanos de segunda? No: El catalán en Catalunya (Primera parte)
Hace no mucho emitieron en TeleMadrid un reportaje que se llamaba “Ciudadanos de segunda”. En él, explicaban los problemas con los que se encontraban los inmigrantes que venían a Catalunya y que no conocían la lengua catalana. Si lo queréis ver, porque no tiene desperdicio, podéis encontrarlo aquí (aviso: dura 46.02 minutos).
Un poquito de historia
Primero de todo quiero poner en antecedentes. Como muchos saben, en España hubo una dictadura militar que duró casi 40 años, desde 1939 a 1975. En esa época, y bajo la consigna “España, una grande y libre”, se cometieron muchísimas atrocidades. Una de ellas, que puede parecer menor (sobretodo si lo comparamos con la cantidad de ejecuciones que se llevaron a cabo), fue prohibir el uso de otras lenguas que no fuera el español. Parecería algo un poco tonto si no fuera porque España está formada por muchos territorios que tienen su propia lengua: el vasco, el bable, el gallego y el catalán, y dentro de éste podríamos diferenciar entre catalán, valenciano, balear y aranés (Si me dejo alguna perdonadme por mi incultura).
La lengua catalana dejó de poder utilizarse, no solo en sitios oficiales y públicos (no podías dirigirte a poner una denuncia, por ejemplo, en catalán) sino también en las calles. No se enseñaban en los colegios, los medios de comunicación, a parte de censurados, tampoco podían expresarse en dicha lengua (ni en ninguna de las anteriores, hablo del catalán porque es lo más cercano a mí). En definitiva, la lengua estaba censurada y perseguida, y con ello, toda la cultura: literatura, escritos, etc. ¿No es una pena?
Cuando por fin Franco murió y se acabó la dictadura, se creó una constitución y en ella se declararon lenguas estatales las mencionadas anteriormente. Además, se aprobó la distribución de las comunidades como comunidades autónomas, cosa que atribuía una financiación y un poco de autogestión al gobierno de cada comunidad. En Catalunya, entre otras muchas cosas, se decició impulsar la lengua y la cultura catalanas después de tantos años de represión. Se decidió que en los colegios, la base de la cultura, se estudiara catalán y que además se impulsaran aquellas iniciativas que ayudaran a que el catalán no muriera.
Mi caso particular
Yo soy catalana de primera generación. Es decir, mis padres son inmigrantes. La familia de mi padre venía de Andalucía, y la de mi madre de Castilla-León. Cuando llegaron aquí, ninguno de los dos hablaba catalán, y era difícil que lo pudieran aprender. Dejando de lado el dominio de lenguas que ambos podían tener, aunque en el colegio donde asistían (cada uno por su lado) tuvieran amiguitos de padres catalanes que en sus casas hablaban catalán, entre ellos siempre se hablaba en castellano. Aun así, y teniendo esa dificultad añadida (es decir, que no podían escuchar libremente la lengua en sus entornos respectivos) llegaron a entenderla en poco tiempo. No solo ellos (los niños tienen muchísima más facilidad), sino que sus padres, o sea, mis abuelos, también la entendían, pero como eran militares y afines al régimen fascista, no les parecía bien que la gente hiciera uso de la lengua “prohibida”.
De hecho, en esas generaciones (sobretodo la de mis padres y la siguiente) no sabían hablar bien el catalán, ciertas palabras (como pasaría en castellano, si no se enseña) evidentemente no las entendían y cuando se trataba de escribirlo… En fin, imposible. No solo eso, sino que además dejaron de editarse libros en catalán. ¿Os imagináis la cantidad de escritores que perdieron su oportunidad? En fin, ese es otro tema.
En mi caso y en el de mis hermanos la cosa ya había cambiado un poco. Expondré mi caso en particular. Mis padres nos llevaron a todos al mismo colegio, uno fundado por una francesa (por algo tiene nombre de escritor francés) y que más adelante se convirtió en uno de los mejores colegios de Barcelona en cuanto a resultados académicos se refiere. En mi época habían cuatro clases por cada curso: tres que iban los niños cuya lengua materna (lo que se hablaba en casa) era el catalán, y una para los que la lengua materna era el castellano. Yo iba a esta última. Dábamos las clases en castellano y algunas, muy pocas, en catalán. El tiempo iba pasando y nosotros éramos “despectivamente” llamados “los castellanos” por los demás alumnos. No es que hubiera un odio generalizado, pero el que nosotros hablaramos castellano siempre (y al ser minoría), marcaba una diferencia: los castellanos lo sabíamos y los catalanes también. La lengua nos separaba, aunque todos nos entendiéramos habláramos castellano o catalán.
La política del colegio era mezclarnos a todos a los once años. En ese momento todo cambió. Las diferencias y las mini rencillas que pudiera haber entre niños se acabó, ya no éramos catalanes Vs. castellanos, sino que todos éramos iguales. A partir de ahí, de la unión, de juntarme con niños que hablaran catalán en sus casas, aprendí su lengua, y ellos aprendieron la mía. Todos, absolutamente todos, salimos del colegio con un dominio perfecto del catalán y del castellano. ¿Supuso para mí algún trauma pasarme a estudiar todas las asignaturas en catalán? En absoluto. Mis notas siempre estuvieron por encima de la media. ¿Supuso para algún compañero de mi clase de los castellanos un trauma o un desajuste? En absoluto. Todos nos adaptamos perfectamente. No solo eso, sino que sé perfectamente que, si no me hubieran juntado con los niños catalanes y no me hubieran dado esas clases en catalán, ahora no tendría el dominio que tengo de la lengua, ni hablada ni escrita.

Pd: Recomiendo el visionado del vídeo de “Ciudadanos de segunda” para la segunda parte del Post!
