Archivo paraMayo 9, 2007

El fin de semana

Por lo general no suelo hablar de lo que he hecho o haré. La verdad es que no sé por qué suelo preferir hablar de las cosas que pienso o que me pasan (mejor dicho, lo que la gente hace que me pase). Pero por esta vez me apetece contar lo que he vivido.

El viernes pasado cogí un tren en dirección a Córdoba, la ciudad de mi familia política. No sé si habréis estado alguna vez, pero Córdoba en primavera es increíble. Desde hace algún tiempo han puesto “guapa” a la ciudad, creando muchas avenidas y zonas de ocio como parques y zonas verdes. Y en mayo, el mes de Córdoba, todo se llena de flores. A cualquier parte de la ciudad que vayas vas a compañado por su perfume, además del color tan bonito que le da a la ciudad. Y lo más increíble es que… ¡No se ve a ninguna abeja! Les tengo pánico! jeje

Así que nada, este fin de semana prometía ser bonito y caluroso. Como llegaba en tren y a mi pareja no le hace ni pizca de gracia que lo coja (de hecho, es la primera vez y a la vuelta acabé  de camino a Barcelona subida en un avión), pensó que me “recompensaría” por la incomodidad de las butacas, así que reservó dos plazas para después de comer en los Baños Árabes, que están situados en el barrio donde más disfruto de la ciudad, la Judería (donde está la mezquita).

Barrio de la Juderá, Córdoba

Baños Árabes: Sala de agua templada

Los baños árabes tienen tres salas, como los romanos, que se distribuyen según la temperatura del agua: La templada (en la imagen, con las tumbonas para el masaje al fondo), la caliente (tres baños separados por una fuente de agua fría, para refrescarse) y la helada (porque decir que es agua fría no sería suficiente). Durante una hora y media vas pasando de una piscina a otra según tus apetencias, aunque te recomiendan que el recorrido sea siempre de la templada a la caliente y de ahí a la fría. Yo en la fría metía las manos y me salpicaba, porque meter el cuerpo ahí es una tortura. No solo el agua y el ambiente te relaja (luz tenue, lleno de velas, musica árabe…) sino que puedes optar a que te hagan un masaje relajante, eligiendo el olor que más te guste. ÉL eligió Azahar y yo limón, porque me activa más. Cuando acabamos, íbamos tan relajados que nos pusimos a pasear por la ciudad y nos parábamos cada vez que el calor atenazaba nuestras gargantas y nos dejaba medio secos. Compramos unas cuantas cosas (somos unos fashion víctims, no sabemos vivir sin ir de compras… Sobretodo yo) y nos volvimos para casa, a ducharnos y descansar para la hora de cenar.

El otro evento que planeamos fue ir al nuevo Zoo después de comer al día siguiente. Es un gustazo poder ir con ÉL porque de pequeño se empapó de historias de animales, y por muy raros que sean se los sabe todos, además de las curiosidades (qué comen, dónde viven, casi hasta la gestación de cada bicho!). Claro, así da gusto visitar cualquier cosa, incluso un zoo. Aunque pobres, hacía tantísimo calor que los animales más grandes estaban agazapados a la sombra. No sé cuánto rato nos pasamos ahí, entre jaula y jaula, viendo a los animales que estaban dentro y a las bestias que los miraban desde fuera. Pero bueno, ese es otro tema que ya tocaré en profundidad.

Como decía, el fin de semana fue tranquilito y caluroso, con muchas copas, muchas terracitas al aire libre (porque ya ha empezado la época) y muchas coca-colas con mucho mucho hielo. Desde luego, Córdoba es pequeña y quizá no tiene tanto ocio como una ciudad grande como Barcelona, pero quien se aburra en esta ciudad tiene delito.

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