Qué difícil es ser mujer
“Hola, me llamo Brontë, tengo 24 años y soy… mujer”
Así tendría que presentarme si tuviera que ir a un grupo de ayuda. Mi principal problema es ser mujer, y mi principal problema es tener amigas. O sea, no personas amigables que compartan mi vida, sino personas del sexo femenino que se empeñan en intentar arreglarme la vida a cada paso que doy.

Cuando teníamos 18 años éramos un grupito bastante curioso: un par de gordas, una ultra delgada y tres normales, dentro de la media. La verdad es que no teníamos demasiados problemas: acabábamos de empezar la universidad y una nueva vida se presentaba ante nosotras. Empezamos a salir por cualquier motivo (hoy porque es viernes, mañana porque es fiesta universitaria y el otro porque me apetece emborracharme) y no teníamos restricciones. Nos considerábamos adultas cuando solo éramos unas niñas con un par de tallas más de sujetador. Y como pensábamos que éramos tan adultas y a la vez éramos tan niñas, siempre nos estábamos entrometiendo en todo. Que si una está comiendo poco hablábamos con su familia; que si otra se metía unos festivales (y no de fiesta, sino de polvo blanco) la sentábamos durante horas hablando de lo malo que era eso. Pero con el tiempo fuimos creciendo y nos dimos cuenta (algunas) de que la gente solo se deja ayudar cuando realmente quiere, no cuando queramos nosotras. Y lo más importante, que muchas veces veíamos problemas donde realmente no los había.
Algunas de nosotras hemos madurado, otras nos hemos quedado en el mismo punto. Yo considero que estoy en medio: para ciertas cosas muy madura y muy mujer, para otras no más que una niña. Pero al menos he aprendido que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano y aun así te sobran huesos, y que cuando se crece, la gente evoluciona. También que, cuando dos personas evolucionan, no tienen por qué acabar en el mismo punto donde empezaron, y un día pueden mirarse a los ojos y darse cuenta de que viven (y sienten) en planetas distintos.
Hoy he recibido una llamada. Una amiga de toda la vida, que durante años ha sido como el Guadiana, que ahora está mucho más integrada pero que en el fondo no sabe de la misa la mitad, y no ha vivido todo lo que he vivido yo… Afortunada ella. Por eso me decía, toda preocupada, que me veía alejada, y que quería ofrecerme su hombro para llorar. La verdad es que se lo he agradecido, pero he vuelto a pensar que no hemos evolucionado tanto si todavía me llama alguien para meterse en mi vida y en mis sentimientos, dando por supuesto que estoy en una mala época por el simple hecho de que ya no dejo que “abusen” de mi buena fe.
A las mujeres les gustan los dramas, al menos a las que me rodean. Les gusta ser salvadoras, y sacar problemas de donde no los hay. Les encanta pensar que si no cuentas un problema es porque estás mal y no quieres abrirte, en vez de pensar que eres básicamente feliz, y que tu mayor dolor de cabeza te lo dan ellas.
Pero en fin, así son mis mujeres. Cuanto más las conozco, más las acepto, y menos me defraudo. Si es que de verdad, no entiendo por qué se empeñan en no entender que soy feliz.

