05.25.07
Tutankamón: el Faraón Niño
Todo el mundo, en algún momento de su vida, ha oído hablar de Tutankamon. Curiosamente, Tutankamon no es un Faraón famoso por su labor en el el Antiguo Egipto (o Kemet*), sino que se ha hecho famoso una vez ya muerto.
No se sabe a ciencia cierta quién era Tutankamon. Aunque mucha de la historia de Egipto está documentada y se puede seguir la pista de la gran mayoría de faraones, en este caso no podemos saber de quién fue hijo. Se sospecha, por la época, que podía ser hijo de Amenofis IV (o sea, de Akhenaton) y de una segunda esposa, Kiya (que algunos dirán: cómo podía ser que Akhenaton tuviera como esposa a una tal Kiya teniendo como mujer a Nefertiti, “la bella ha llegado”? Al menos yo me lo pregunto). Lo que sí sabemos seguro es que se casó con una de las hijas de Akhenaton y Nefertiti**.
Tutankamon reinó apenas diez años, desde los nueve. Algunos podrían pensar que fue un faraón “de paja”, o sea, manipulado aquí y allá por todo el mundo. Muy al contrario, han descubierto indicios de que Tutankamon fue un faraón emprendedor y sobretodo constructor, siempre fiel al lado de su (también) jovencísima mujer Ankesenpatón (Veis, al final del nombre, el sufijo Atón? Claaaaaaro, digna hija de su padre!). Lastimosamente, la muerte (como los impuestos) siempre llega y a éste muchacho le llegó muy pronto. Aun, después de muchos estudios que se han hecho sobre su momia, no se ha podido descubrir a ciencia cierta qué fue lo que le mató. ¿Lo asesinaron? ¿Estaba enfermo? ¿Fue un accidente? Hay muchas teorías sobre todo ello y más, pero hasta que el propio Faraón no se levante de su tumba para contárnoslo, no sabemos si vamos a llegar a descubrirlo.
Una de las razones por las cuales es tan difícil saber la causa de su muerte es el mal estado de la momia. Como muchos sabréis, fue Howard Carter quien en 1922 descubrió esta tumba intacta en el Valle de los Reyes. Cuando el Sr. Carter encontró la tumba, lo toqueteó todo (no tiene nada que ver la arqueología de nuestra época con la arqueología del principio del S. XX) y, cuando vio la famosa máscara de oro que cubría su cabeza, la arrancó sin miramientos. Éste, y muchos otros comportamientos apresurados hicieron que la momia sufriera muchísimo una vez fue abierto su ataúd.
Para que os hagáis una idea, esto es lo que se encontró Howard Carter cuando entró en la tumba. Veis cuantas cosas en tan poco espacio? Se cree que se debe a que la muerte sorprendió tanto a Tutankamon como a los que preparaban su morada de eternidad (su tumba) y tuvieron que echar mano de una tumba de nobles, más pequeña. En medio, podemos ver los sarcófagos: como si de muñecas rusas se tratara, primero encontramos cuatro cajas de madera adornadas, de mayor a menor tamaño, y más adelante sarcófagos propiamente dichos (con la forma humana y todo eso).
En las otras salas podemos ver los demás utensilios que el Faraón se llevaba a la otra vida. Desde la caja donde se contienen los vasos kanopes, donde se guardaban las vísceras (la caja que hay en la sala inferior derecha, la más grande) hasta camas, sillas, etc, desmontadas por toda la sala.
Imaginaos la impresión que se tuvo que llevar Howard Carter al entrar y encontrar unas salas abarrotadas de oro y florituras varias. Increíble. Entiendo su frenesí por levantar la máscara de oro… Pero menos mal que los arqueólogos de hoy en día no se dejan impresionar tanto.
Otra de las razones por las que Tutankamon es famoso es por su maldición. Pero eso ya lo contaré más adelante…
* Kemet: así es como los Antiguos Egipcios llamaban a su tierra. Egipto, el nombre que nosotros usamos, viene del griego (no sé exactamente cómo se escribía en griego y, como no lo he podido encontrar, prefiero no ponerlo para no liar a nadie). He leído algunas hipótesis sobre el por qué de la palabra Kemet para llamar al país, pero según un curso que me impartieron (muchas de las cosas que aquí explico las sé por el curso), Kemet (o “Kmt”, recordemos que en jeroglíficos no hay vocales) significa tierra negra o limo negro, que es la tierra que se depositaba en los márgenes del nilo después de la crecida. Es por ello que para los Antiguos Egipcios el Negro era símbolo de vida, y no de muerte como para nosotros, porque gracias al limo negro no habría hambrunas.
** También como me explicaron en el curso, no era necesario que el Faraón tuviera sangre real. Es decir, si un Faraón moría sin descendencia, podían nombrar, por ejemplo, a un Visir (el abuelo de Ramses II fue visir antes que Faraón si no me equivoco), y se aseguraba la continuidad de la sangre gracias a la mujer. Es decir, si un visir subía al trono, la mujer, por fuerza, tenía que tener sangre real en las venas, para continuar con la tradición. Quizá por eso Tutankamon se casó con una hija de Akhenaton: porque quizá él no tendría sangre real y la manera de continuar con la tradición era casándose con una princesa. Ojalá el tiempo nos permita descubrir de quién fue hijo Tutankamon. Y de qué murió, por supuesto.

05.23.07
El Faraón Hereje
Recupero un texto que ya escribí pero que me apetecía volver a publicar para que no se pierda. No sé si en él se puede ver la admiración que siento hacia este hombre, de otra época y de otro mundo.
Esta estela representa al faraón Akenaton y a su esposa Nefertiti con sus tres hijos. Akenton tenía una manera diferente de ver el mundo y, entre otras cosas, eso afectó a la religión y al arte. Durante su reinado, la religión pasó a ser monoteísta (solo se veneraba a Aton, el Dios del sol que representa al disco solar) y el arte era cada vez más expresivo y más simbólico, pero a la vez más humano y sentimental.
Esta es la única época en del Antiguo Egipto en la que las escenificaciones de los faraones no son perfectas; de hecho, aquí se puede observar que el faraón, además de poco agraciado, tiene tripita y la cabeza algo apepinada. En cambio, Nefertiti (la bella entre las bellas) se ve que es una mujer preciosa. Además se nota que la relación que tienen con sus tres hijas pequeñas (se ve que llevan la trenza característica de los menores de edad) es de un gran afecto, y no dudan en dejarlo grabado para la eternidad.
Esta es una de mis obras favoritas, claro que cualquier obra de la época amárnica me parece preciosa. Supongo que se debe a que son esculturas, etc, que me parecen más fieles a la realidad, y por lo tanto más cercanas al pueblo. Y naturalmente, debo decir que esta época me gusta porque la historia de su Faraón es una de las más interesantes para mí (junto a Ramses II y Hatshepsut) del Antiguo Egipto. Un hombre adelantado a su tiempo, con una mente privilegiada, que tuvo el valor de enfrentarse a una sociedad absolutamente jerarquizada en la que, en realidad, el Faraón no era más que un mero instrumento de los clérigos de Amón, el Dios más político de toda la historia de la humanidad*.
Fue una verdadera lástima que una vez muerto Akenaton (o Akhen-aton, “el amado de Aton”), se le considerara poco más que un hereje, se destruyera la ciudad que construyó como su capital y desaparecieran muchas de sus obras de arte. De eso se encargaron los clérigos de Amon, artífices de la caza de brujas contra Akenaton y su familia. De hecho, el célebre Tutankamon fue coronado Tutank-aton, porque fue el sucesor del Rey Hereje y estaba influenciado por él. Pero éste pronto cambió su nombre a tutankamon (es decir, es la misma raíz, lo único que cambia es de Aton a Amon) por la presión de los clérigos más importantes.
Aun así, el tiempo nunca podrá borrar todas las revoluciones que dejó como testamento en la historia de Egipto, y nadie olvidará que fue el precursor de las religiones monoteístas, signo de un cerebro y una cultura más desarrollada.
* Amón fue una figura en el panteón “inventada” por los clérigos para dar legitimidad de trono a personajes que les interesaban que fueran Faraones. No es un Dios que evolucione con el tiempo como pueden ser Horus o incluso Bastet, sino que es un Dios inventado desde cero mucho después de la quinta dinastia (La cuarta dinastía es la de las pirámides). Digamos que era una manera de hacer “campaña política”.

05.22.07
Qué malas son las malas críticas
Todos somos vanidosos y de vez en cuando nos dejamos llevar por el orgullo. Aunque parezca una tontería, siempre me había sentido orgullosa de mi blog porque atraía muchas visitas. Si a eso le sumamos que tengo una pareja que me adora y que siempre me dice lo bien que escribo y, además, la aparición de lectores asiduos que en algún u otro momento me han halagado, han hecho que mi autoestima como blogger/escritoria subiera y subiera como la espuma.
Debido a este subidón (subidón subidón!!) de vanidad me atreví a escribir un relato. Increíble por un lado, ya que desde bien pequeña lo había intentado y siempre los había deshechado, y por otro porque no es en absoluto mi estilo. No sabía si me iba a gustar, pero me senté delante del ordenador (¿será cosa de mi Vaio que tiene efecto de musa?) y lo escribí de una sola sentada. Cuando lo acabé, lo leí y me gustó. Después se lo mandé a ÉL y se entusiasmó: eso me subió muchísimo más la moral porque, Dios mío, si ÉL me dice que es buenísimo (y otros comentarios que me hizo que me halagaron muchísimo) me lo creo sobre todas las cosas y entonces me creo aun más que puedo llegar a escribir bien.
Total, que después de la resaca del relato, lo volví a leer y pensé: Humm, creo que no me acaba de gustar. Por su lado, ÉL le mandó el relato a una persona que ambos consideramos que escribe muy muy bien pidiéndole que diera su opinión sobre el escrito. Claro, imaginaos el estrés: ¿Qué dirá esa persona sobre eso? Entonces te vuelves más crítico y cuando lo vuelves a leer te parece un texto presuntuoso de alguien que realmente no tiene ni idea y que es más un ensayo en el que se deja claro ”Cómo quedar mal haciendo ver que se sabe escribir” que no un relato de verdad.
Cuando ha llegado la respuesta me he quedado un pelín chafada. Sí, lo primero que ha dicho ha sido que era bueno, pero que era de un estilo totalmente contrario al suyo y entonces ha descrito todo aquello que cambiaría: Prácticamente todo. Claro, ha sido bastante deprimente. A ver, evidentemente esta persona se ha tomado la molesta de analizar el texto y ver en qué fallaba y qué era lo que cambiaría, y se lo tengo que agradecer (y como tal se lo he agradecido a través de ÉL), pero claro, no deja de dañar un pelín el orgullo, aunque tú lo tengas delante y veas que no es más que un post más en la selva de post que es la blogosfera. En fin, todo el mundo tiene un relato donde aparece su sombra o su otro yo, y eso no hace que sea mejor o peor, simplemente uno más.
Esto me ha hecho pensar en por qué escribo. ¿Escribo porque me creo que soy buena? Evidentemente no, aunque en determinados momentos haya llegado a creer que no lo hago mal del todo. ¿Escribo porque quiera que me concedan un premio? Pues si a la primera pregunta es que no, está claro que a la segunda menos. ¿Escribo porque soy una egocéntrica que pienso que, lo que pase en mi vida y por mi cabeza le pueden interesar a otros? Un poco de egocentrismo sí que tengo. Pero sobretodo escribo porque me divierte y es una manera de desfogarme un poco.
Los halagos no son buenos, porque se te suben a la cabeza, y hace que uno mismo se suba a un pedestal. Cuando eso pasa, la caída, que nunca sabes cuándo va a llegar, es aun más grande. Esto me pasa por no saber escribir con metáforas.

05.16.07
De cómo perdí mi imagen en el espejo
Es de noche y todo el mundo se ha acostado ya. Por lo general suelo dormirme pronto, pero la oscuridad (que todo lo nubla) y mis demonios internos me obligan a levantarme de la cama para ir al cuarto de baño a mojarme la cara. A la vuelta, abro la puerta de mi cuarto y me encuentro, desafiante, mi espejo de cuerpo entero que me saluda con una sonrisa sardónica.
- Aquí me tienes – me dicen sus ojos negros-. ¿Qué es lo que ves?
- No me gusta lo que veo- Pienso. No hace falta que hable, el espejo lee mis pensamientos y sufre mis sentimientos.
Examino la imagen que me mira fijamente. Demasiado imperfecta, demasiados fallos en un cuerpo tan pequeño. ¿Cómo es posible? Demasiada concentración de errores en cada centímetro de mi piel, no solo por fuera, sino también por dentro.
- ¿Te gusta cómo eres?
- ¡Cómo me voy a gustar! – Me siento en el suelo, sin dejar de mirar al espejo- Mírame, mírate, nos doy asco. Soy fea por fuera porque soy fea por dentro. Dicen que la cara es el espejo del alma, pero eso es imposible. No hay ninguna cara que aguante el horror de mi alma, porque entonces sería más que un monstruo. Por suerte, mi alma es como una serpiente agazapada bajo una piedra: hasta que no levantas la piedra con mucho esfuerzo, la serpiente no salta y te muerde. Por eso quienes me rodean no se han dado cuenta del monstruo que tienen a su lado. Todo lo que toco lo arruino y destrozo a todo aquel que comparte mi vida.
- Pero todo el mundo cambia… – Me sugiere la imagen, conciliadora.
- No, la gente evoluciona, pero no cambia. Tu esencia, aquello que te define como persona, siempre es fija y está latente, guiándote en tu camino, ayudándote a elegir ante situaciones diferentes. Es ella la que te hace actuar como lo haces, y por mucho que intentes cambiar pequeños actos, por mucho que pongas capas sobre la mierda, ésta siempre huele. Si tu esencia está podrida puedes perfumarla y ponerte afeites; al principio engañará a tus congéneres, pero a la larga la esencia saldrá a la superficie.
Mi imagen se observa: por dentro, por fuera. Se está dando cuenta de lo que digo, empieza a ser consciente de nuestra desgracia. Piensa que merece estar sola, que merezco estar sola, que debo alejarme de cualquiera y que cualquiera debe alejarse de mí. ¿Quién soy yo para atormentar a los demás con mi presencia? Ella lo sabe, y me mira con desprecio. Se levanta y me mira con ojos acusadores.
- Tú eres la responsable de nuestras desgracias – dice, señalándome y con cara de odio -. Te mereces estar sola, que todo el mundo te abandone. Y yo también lo voy a hacer.
Veo, incrédula, cómo sale del espejo. Primero un pie, luego el otro: le está suponiendo un gran esfuerzo, más del que pensaba, pero es preferible eso a tener que quedarse, asqueada, toda la vida a mí lado. Cuando por fin termina veo que es mucho más bella ahora que ha conseguido desprenderse de mí: la cara iluminada con una sonrisa de satisfacción, los ojos brillantes de la emoción, el cuerpo pequeño pero esbelto. Pasa por mi lado, sin dejar de mirarme a los ojos
- Ahora de verdad vas a estar sola- escupe.
- No, por favor, no te vayas. Sé que no te merezco, pero te necesito – le ruego, con lágrimas en los ojos.
- Ya has perdido tu oportunidad. Eres un monstruo, y yo ya me he dado cuenta.
Hundo mi cara entre mis manos y lloro amargamente durante un buen rato. Cuando por fin consigo serenarme, levanto la cara y miro al espejo: no hay nada, solo el reflejo de mi habitación.


